Un medio alternativo a la prensa dominante y alterativo en los contenidos.

Editorial. El Siglo. 30/08/2019. Quedan 12 meses para que El Siglo cumpla 80 años de existencia. Se consagra como uno de los periódicos más antiguos y de incidencia en el escenario de la prensa nacional. Surgido en los tiempos de la tinta y la tipografía, se desenvuelve ahora en la era digital y de multiformes plataformas comunicacionales.

Eso significa no solo haber pasado por distintas etapas del periodismo, sino también haber sobrevivido a distintos periodos sociales y políticos. El Siglo es parte activa de la historia de este país, en un ejercicio que abarca dos siglos.

Desde su fundación, este periódico evitó eufemismos y la hipocresía editorial. Se asumió como un diario de los trabajadores, de los sectores humildes y populares, y como una trinchera de defensa y promoción de transformaciones que apuntaran a la equidad económica, la justicia social y el respeto a los derechos humanos y ciudadanos.

Un periódico que fijó su compromiso, sin ambages, con las demandas e intereses del pueblo. Un medio que fuese parte de la prensa emancipadora y contrahegemónica. Un medio alternativo a la prensa dominante y alterativo en los contenidos.

Este periódico lo fundó un obrero tipógrafo, no un empresario multimillonario. Fue un medio vinculado al Partido Comunista, no a un grupo monopólico financiero. Allí está su raíz y lo que lo caracteriza hasta hoy.

Nada de eso se esconde. No como otros medios que se adornan falazmente con una máscara de neutralidad o asepsia, cuando en realidad representan al empresariado, a los patrones, a los conservadores, a los que se oponen a las trasformaciones sociales, culturales y económicas, lo que se constata cada día en sus contenidos y editoriales. Medios hegemónicos que abusan del presupuesto público y que esconden sus intenciones relevando su adaptabilidad a nuevas tecnologías y ofrecimiento de servicios.

El compromiso editorial y con los intereses transformadores y del pueblo, le ha costado caro a este periódico, en episodios que algunos quisieran olvidar o soslayar. El Siglo vivió periodos de clandestinidad porque fue prohibido por la derecha política y dictaduras terribles. Muchos de sus periodistas y trabajadores fueron asesinados, torturados, desaparecidos, encarcelados, relegados y exiliados. A ellos, en estos 79 años, se les rinde un homenaje imperecedero.

Un factor vital en la existencia de casi ocho décadas, es el esfuerzo de estar al día con las nuevas tecnologías de la comunicación que encuentra su punto alto en este era digital,y de actualizarse en el ejercicio del periodismo.Es así que perdura la tradicional e histórica edición impresa que llega a las manos de trabajadores, intelectuales, estudiantes, mujeres, dirigentes sociales y políticos y al mismo tiempo se hacen esfuerzos encomiables por estar en Twitter, Instagram, Facebook, Youtube, producción de videos y otras modalidades. Eso incluye también desechar una actitud perezosa respecto al uso del lenguaje y diversidad temática, dando cuenta de las nuevas características y nuevos temas emergentes de nuestra sociedad.

Ciertamente que, como cualquier medio de prensa, este periódico juega un papel ideológico, convocatorio, político, cultural, de ilustración y contribución a la información veraz y el análisis oportuno.

Podría contribuir más aun al debate abierto, sin miedo a las ideas ni las voces diversas, a la crítica y la fiscalización, y no sucumbir a prácticas o amenazas autoritarias, personalistas, autoreferentes, acomodaticias, sectarias, que dañan a la prensa popular y de izquierda.

Un objetivo desde su fundación, es hacer un periodismo militante y creador. Desarrollar un ejercicio intelectual e informativo riguroso para exponer la realidad, las controversias, la información, las ideas, y lo que hay debajo de la marea que mueve al país y a las fuerzas sociales, políticas y económicas.

 

Es cierto que se lee menos, pero esto para nosotros debe ser un desafío y no una derrota. Un pueblo ilustrado, formado, organizado y dispuesto a defender sus derechos, como lo reivindicó Luis Emilio Recabarren, no puede sucumbir a los 140 caracteres o al Instagram, por mucho que hago uso de aquello. Debe aspirar a contar con medios que permitan olfatear, asimilar, conocer, indagar, revelar, mostrar toda la verdad de los procesos que cruzan al país y a su pueblo.

Ser cultos para ser libres como sentenció José Martí.

En definitiva, y pese a los dramas de ausencia de recursos materiales, complementar las plataformas y los formatos, dar cuenta temática contemporánea, meterse de lleno y sin complejos a los procesos políticos, contar las historias de ciudadanos y sintonizar más que con percepciones, con sentimientos y aspiraciones del pueblo.

Al final del día, están plenamente vigentes los objetivos planteados por aquellos obreros tipógrafos, aquellos trabajadores del salitre, aquellas mujeres visionarias, aquellos intelectuales revolucionarios. La palabra popular y transformadora solo pasó del olor a tinta y los metales tipográficos, a computadores y herramientas digitales, con la misma intencionalidad de mantener vigente la soberanía informativa, la prensa alternativa y emancipadora, la voz de los sin voz, y el color de esta tierra, el rostro de este pueblo, y los contornos de una historia que el periodismo popular va construyendo cada día en cada edición.

Sin duda que El Siglo perdurará porque lleva el germen de un periodismo necesario, porque es una opción ante la prensa hegemónica y conservadora, y porque el pueblo y los militantes de las causas justas lo reclamarán en su existencia y su palabra como una herramienta para batallas emancipadoras presentes y futuras.