Un triunfo de la fórmula Fernández-Fernández significaría un viraje de trascendencia política positivo para la región.

Hugo Fazio. Economista.28/08/2019. En la encuesta a toda la población, en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, denominadas PASO, el macrismo experimentó una abrumadora derrota, no prevista por las encuestas efectuadas. La votación obtenida por su lista quedó a quince puntos porcentuales de distancia de la conformada por Alberto Fernández y Cristina Fernández, que obtuvo el 47,67%.  En sufragios la diferencia fue de 3,8 millones. Macri alcanzó un 32,08%, porcentajes que de repetirse en las elecciones del 27 de octubre significaría la victoria en la primera vuelta de la lista del Frente de Todos. La participación en la votación fue muy elevada, lo que hace más difícil se produzca una variación significativa. Fue tan abrumador el resultado que Macri reconoció su derrota antes de que se empezaran a entregar los resultados oficiales.

La derrota fue más abrumadora en la muy importante provincia de Buenos Aires, en donde la gobernadora María Eugenia Vidal, cuyo nombre se dio como una alternativa de candidata presidencial en reemplazo de Macri, solo obtuvo de 32,66% de los votos, mientras el exsecretario de Políticas Económicas y Planificación del Desarrollo en el Ministerio de Economía y Finanzas en la pasada administración de Cristina Fernández Axel Kicillof, obtuvo el 49,3%. Fue un resultado de gran significación tanto electoral como políticamente, la provincia representa el 37% del electorado y el macrismo se jugó a fondo para trata de cerrar camino a Kicillof.  Su candidato a vicepresidente, Miguel Pichetti, levantó el fantasma del anticomunismo, presentando al dirigente peronista y definido personalmente como “keynesiano en lo económico” de candidato “comunista” y “marxista”.  Su elevada votación fue la respuesta.

El resultado electoral tuvo impacto en Cambiemos, la alianza electoral oficialista.  El presidente de la Unión Cívica Radical, uno de los partidos que la fundó, Alfredo Cornejo, se desmarcó del Gobierno.  “Yo no soy –dijo- miembro de gobierno.  No tengo ninguna influencia en el gobierno.   (…) no emito los decretos, no me hagan cargo a mí.  (…) los decretos los ha firmado Macri en soledad.  El poder político –concluyó- lo tiene el gobierno, pero el poder simbólico lo tiene el que ganó las PASO el domingo” (16/08/19).

Entre sectores que votaron por Macri o se identificaban con su postulación se hizo común la afirmación de que la explicación de la derrota residía en que se habría producido como consecuencia de haberse seguido una política económica “gradualista”. Nada más falso ya que se llevó adelante desde mediados de 2018 la política concordada con el Fondo Monetario Internacional luego de obtener su gigantesco financiamiento de US$57.100 millones con la idea que ello permitiría superar la situación creada. Macri lo explicó como el “único camino posible para salir del estancamiento, buscando evitar una gran crisis económica que nos haría retroceder y dañaría a todos”  (09/05/18).  Con anterioridad habían procedido a elevar fuertemente tarifas de servicios básicos.  Estas orientaciones deterioran agudamente las condiciones de vida de las grandes mayorías, afectadas durante su gestión permanentemente por una elevada inflación que en junio alcanzó a 54,8%, más del doble de la existente al inicio de 2018, antes de desatarse la recesión.

El efecto de esta política fue inverso al buscado, el “estancamiento” se transformó en una profunda y prolongada recesión[1]. Constantemente se hicieron anuncios sin fundamentos tanto por el gobierno como por el FMI de que la caída habría tocado fondo. Por ejemplo, el primero de marzo al inaugurar el año legislativo Macri sostuvo: “hemos salido del pantano donde estábamos” (02/03/19). Afirmación que a los pocos días fue desmentido por el propio Banco Central al dar a conocer los antecedentes proporcionados por el Relevamiento de Expectativas del Mercado mostrando un escenario de un deterioro económico acentuado.

En mayo estuvo en Buenos Aires una delegación del Fondo con la misión, en función del grado de cumplimiento de las obligaciones establecidas, autorizar un nuevo giro  del crédito concedido por US$5.400 millones.  Constatando que se estaban cumpliendo los compromisos de reducir a cero el déficit fiscal primario, efectuar una política monetaria de emisión cero y aplicar altas tasas de interés.  Afirmando en su informe que “los esfuerzos realizados están empezando a dar sus frutos, a recuperarse gradualmente de la recesión”.  Añadiendo, interviniendo abiertamente en la política interna, que “lo más desafiante es la incertidumbre en el período electoral que se avecina.  Si el binomio Fernández-Fernández hace una buena elección y pone en riesgo el triunfo de Macri (…) podría generar cambios en los portafolios de las inversiones (…)” (16/07/19).  Lo sucedido fue que se puso en riesgo la continuidad de Macri y experimentó una dura derrota.

Fue una orientación aplicada a fondo con medidas extraordinariamente drásticas tanto en el plano monetario como fiscal. En lo monetario se estableció una profunda disminución de la masa monetaria, planteando incluso el aberrante objetivo de estabilizarle en términos nominales, lo cual con una inflación anual superior al 50% significa una violenta contracción real.  En lo fiscal el objetivo fue disminuir el déficit, por tanto contrayendo el gasto público. Políticas abiertamente contractivas, dentro de esquemas reiteradamente impuestos por el FMI.

Desde luego, la derrota de Macri expresa la mayoritaria oposición a esta política. Por tanto, necesariamente un nuevo gobierno debe ponerle fin. Alberto Fernández a fines de julio planteó que esta orientación “nos condena al peor escenario”. Entre las medidas diseñadas estuvo disminuir drásticamente las tasas de interés de los Leliq, título de deuda del Banco Central destinada a recoger dinero de los bancos comerciales en operaciones a treinta días, por las cuales se pagaron incluso tasas de interés superiores a 70%. El día posterior a la votación, el Banco Central efectuó tres subastas por US$105 millones y aumentó la tasa de interés de sus títulos a 74%, cuando el día anterior al PASO estaba en 63,38%.

Ya en 2015, manifestó Fernández, “vimos que aparecieron inversiones especulativas (…) y tomamos un antecedente de Chile” (30/07/18), refiriéndose al mecanismo de encaje a los capitales especulativos de corto plazo aplicado por el Banco Central, durante los años de la administración de Patricio Aylwin.  Esta idea del encaje fue planteada al preverse corridas cambiarias en un documento con medidas económicas preparadas el año pasado por el Grupo Callao, creado en febrero de 2018 por Alberto Fernández. En dicho texto se plantean también reintroducir retenciones a empresas mineras, líneas de crédito para las pequeñas y medianas empresas y beneficios impositivos al sector productivo.

Fernández ha insistido en revisar el acuerdo con el FMI, manifestando que el país requiere modificar el modelo económico en aplicación y buscar potenciar al sector  agropecuario para generar más dólares. Ello resulta imprescindible, dado que la deuda pública se acerca a los US$342.000 millones y los vencimientos de ella ya comienzan a darse.  US$10.000 millones deben cancelarse antes de las elecciones de octubre y otros US$12.000 millones hacia fines de 2019.  La clasificadora de riesgos Fitch redujo bruscamente la puntuación de la deuda trasandina de B a CCC.  Ello “refleja –constató en su informe- la alta incertidumbre política tras las primarias y un grave endurecimiento de las condiciones de crédito” (17/08/19).  Otras clasificadoras también las redujeron en forma menos acentuada.  S&P Global Ratings lo hizo de B a B- y Moody’s la modificó de “estable” a “negativa”.

Los capitales especulativos, en vísperas de las PASO, apostaron en la esperanza del triunfo de Macri, produciendo una transitoria estabilidad en los mercados. Producida la abrumadora derrota, como era previsible reaccionaron al revés, el peso se depreció fuertemente pasando de 46,55 unidades el día previo a la elección, a cerca de $55 por dólar, para luego continuar depreciándose.  El día 14 llegó a $63, para descender posteriormente ligeramente bajo los $60 y cerrando la semana en $58. El riesgo país se fue inmediatamente por encima de los 1.700 puntos, su mayor nivel en diez años, después también siguió subiendo.  El 14 de agosto se elevó a 2.968,58, casi el triple de su nivel antes de la elección cuando anotaba 1.017 puntos. La devaluación hizo prever inmediatamente un rebrote de la inflación que ya estaba según la cifra oficial de julio en 54,4% en doce meses. “Algunos fabricantes de alimentos como Unilever –informó El País- empezaron a aplicar subidas provisionales cercanas al 10% en los precios de sus productos. Hubo comercios –agregó- que dejaron de vender (…) a la espera que se fijaron nuevos precios” (14/08/19). Medidas similares crecieron en los días siguientes.

Para tratar de frenar la caída del peso el banco central procedió a vender dólares  en los días inmediatamente posteriores de las elecciones, aprovechando la autorización que le otorgó el FMI de poder hacerlo utilizando recursos del crédito concedido, lo cual durante un largo período no se le permitió. Igualmente licitó dólares a nombre del Tesoro. El cambio de posición del FMI se produjo el 29 de abril.  Cuando se otorgó el financiamiento  entre las condiciones impuestas el organismo internacional estableció que el Banco Central no podía vender dólares para impedir la fuga de capitales.  Pero, constataron en ese momento escribió Ernesto Tenenbaum, “si no le permitía usar el dinero, el gobierno perderá las elecciones.  Por eso (…) anunció que permitirá el uso de las reservas” (18/07/19).  Ello detuvo transitoriamente el proceso devaluatorio del peso, lo cual fue como demostró la elección absolutamente insuficiente. Todo ello en un clima financiero mundial enrarecido. Wall Street vivía un “miércoles negro”.  El gran temor era que el país profundiza su crisis antes del 27 de octubre, con un gobierno extraordinariamente debilitado.

En ese escenario, Macri anunció medidas económicas de emergencia tratando de apaciguar el malestar de la población, aumentando el salario mínimo, congelando el precio de las gasolinas por tres meses,  hasta las elecciones, rebajar impuestos y proporcionar dinero a través de bonos a trabajadores privados y estatales de $2.000 y $5.000, respectivamente. Además, las pymes tendrán diez años para cancelar sus deudas impositivas.  Por otra parte, corrigiendo su actitud de los días anteriores, decidió establecer un diálogo con Alberto Fernández, quien estimo que no tenía sentido reunirse dado las concepciones políticas opuestas de uno y el otro, ofreciendo su colaboración hasta el cambio de gobierno transcurra normalmente.  Con relación a las medidas de emergencia Fernández manifestó: “Mi impresión es que trata de mover el consumo y eso no está mal, pero moverlo de este modo es riesgoso.  Siempre dijo que eso había que hacerlo en el marco de un acuerdo de 180 días en el que intervinieron los sindicatos, los empresarios y el Estado” (15/08/19).

Poco después  Macri anunció que se eliminará hasta fin de año el IVA del 21% en los productos básicos. “Tomé –expresó- una decisión excepcional que nunca antes se había tomado en la historia del país” (17/08/19). El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, puntualizó que el Gobierno no espera una bajada en el precio de los supermercados, pero que sirva al menos para absorber los efectos inflacionarios de la devaluación del peso. “No parece razonable –criticó Alberto Fernández- reducir el IVA indiscriminadamente como se ha hecho.  Seguramente  -añadió- se convertirá en una ganancia adicional para las empresas.  Hubiera sido mejor devolver el IVA a  los sectores más postergados” (17/08/19).  Con estas decisiones, el Gobierno en la práctica se alejó del compromiso de reducir el déficit fiscal concordado con el FMI.

Al finalizar la semana presentó su renuncia el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.  En el texto enviado a Macri valoró como logro de su gestión “la reducción del déficit (fiscal) y del gasto público”, que precisamente fue uno de los factores de la magnitud de la recesión, cumpliendo con el acuerdo impuesto por el FMI, y en el deterioro de las condiciones de vida de la población.  Lo reemplaza Hernán Lacunza, que fuese ministro de Economía provincial de Buenos Aires.  Asume en el particularmente difícil escenario económico producido después de la elección primaria del PASO y con la tarea de explicar al Fondo Monetario las medidas de emergencia decididas por Macri, totalmente ajenas a la política de drástica austeridad que se les impuso.

La recesión argentina tiene impactos en la región. Ello se produce con particular relevancia en Brasil.  El deterioro en el fuerte intercambio comercial entre ambos países, por lo tanto, incide en el cuadro de recesión experimentando en la mayor economía latinoamericana.  En el primer trimestre el producto brasileño se contrajo en un 0,2%. En abril-junio el índice de actividad económica del banco central, que es un adelanto de la cuantificación del PIB, volvió a caer en 0,13%, configurándose de confirmarse esta cifra lo que se denomina recesión técnica. El país experimentó una fuerte contracción en 2015-2016, la más profunda en décadas, registrando una  caída del 7%.  En 2017 y 2018 superó en cada caso ligeramente el 1%. Por tanto, al iniciarse el nuevo escenario recesivo la economía todavía permanecía unos cinco puntos porcentuales por debajo de su nivel de 2014.

Jair Bolsonaro, que apoyó abiertamente la candidatura de Macri durante las primarias, conocido el aplastante resultado se sumó a la campaña de terror habitual en grandes intereses económicos cuando un proceso de cambios no es de agrado.  “Si esos izquierdos vuelven en Argentina –declaró- podremos tener, sí, en Rio Grande do Sul (estado brasileño limítrofe con Argentina), un nuevo estado de Roraima (donde llegaron miles de venezolanos), y no queremos eso, hermanos argentinos huyendo para acá”.  Agregando que de asumir la fórmula Fernández-Fernández se podría producir una “relación conflictiva” entre ambos países.  La respuesta de Alberto Fernández fue inmediata: “Respetaré la institucionalidad brasileña, pero yo no tengo nada que ver con Bolsonaro.  Celebro enormemente –añadió- que hable mal de mí un racista, un misógino y un violento, un tipo que celebra la tortura sobre Dilma Rousseff” (14/08/19).

El neoliberal ministro de Economía, Paulo Guedes, planteó la alternativa de retirar a Brasil del Mercosur, lo cual significaría su extinción, de ratificarse en octubre la victoria del Frente de Todos.  “Si Cristina Kirchner llega y cierra la economía –expresó en una actividad organizada por el Banco Santander en Sẩo Paulo- dejaremos el Mercosur.  El comercio exterior –agregó- es una señal de advertencia, pero nuestra principal preocupación es interna” (16/08/19).

También es un impacto negativo para la política intervencionista de Donald Trump en la región.  Su secretario de estado, Mike Pompeo, pocas semanas antes de las primarias trasandinas destacó “el liderazgo de Argentina (con la dirección de Mauricio Macri).  Esperamos –recalcó- que otros sigan su ejemplo”.  La caída en la votación a la reelección de Macri fue la respuesta dada por los electores.  Deben sacar conclusiones otros presidentes de la región que cuentan con el apoyo financiero de FMI, como el ecuatoriano Lenin Moreno.  “Para Duque, Piñera, Bolsonaro y los demás -escribió Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, con sede en Washington-, está es una advertencia clara” (19/08/19).

[1] Véase, “Macri se somete al FMI” y “La profunda y prolongada recesión argentina” en TRUMP: guerras comerciales e intervencionismo desatado. Ediciones  Cenda 2019, págs. 192-206.