El fracaso de Macri en Argentina muestra el agotamiento del modelo neoliberal como fórmula que resuelva las necesidades de las personas. 

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

18/08/2019. La reciente derrota del presidente Macri en las PASO en Argentina puede ser analizada en más de una arista, pero lo innegable es que entrega una cuota de optimismo a los sectores progresistas del sur de América, donde la derecha aparecía fortalecida y avasalladora luego de la elección de Bolsonaro en Brasil. El triunfo del “Frente de Todos”  con más de un 47% de las preferencias en estas elecciones primarias, no sólo hace prever un triunfo en octubre a la coalición encabezada por Alberto y Cristina Fernández en Argentina, sino también contagiará los climas electorales en Bolivia y Uruguay, países gobernados desde los años 2006 y 2004  respectivamente por coaliciones identificables como progresistas, populares y anti-imperialistas y los cuales se aprestan a renovar gobiernos.

El fracaso de Macri en Argentina muestra el agotamiento del modelo neoliberal como fórmula que resuelva las necesidades de las personas. El desastroso manejo económico de ese gobierno de derecha, en sentido contrario a lo que había prometido, generó mayores niveles de pobreza al insistir en recetas comprobadas como ineficientes: jibarización del Estado,dependencia del FMI, cargar sobre los sectores más modestos el peso de una reestructuración de la economía en beneficio de una minoría sin atacar los problemas de fondo derivados de un esquema exportador de materias primas sin valor agregado. Eso fue lo que condujo a una devaluación de la moneda nacional, a una inflación galopante, a la parálisis del sistema productivo. La derecha, también en Argentina, no tiene proyecto de futuro para las mayorías, sólo saciar la voracidad de una minoría embriagada con acumular riquezas.

El anterior gobierno de Cristina Fernández terminó con grietas profundas en esa coalición gobernante y bajo acusaciones varias de corrupción y desprolijidad. La recomposición de una alianza anti neoliberal obligó a renunciamientos personales, con vistas en un destino país.

Deseamos que nuestros amigos y compañeros del Frente de Todos, como saben que la tarea a acometer es hoy más compleja que ayer, puedan internalizar la crítica y hacer de la autocrítica un factor permanente que evite repetir errores. Desde Chile, quienes luchamos por transformaciones profundas en nuestra sociedad en beneficio de las mayorías, no podemos sino alegrarnos de qué, con visiones e historias diferentes, muchas naciones del cono sur de nuestra América, busquen ratificar su condición de naciones independientes, superando el neoliberalismo, lo cual no significa aislacionismo sino integración al proceso de globalización desde nuestras realidades e idealmente, habiéndonos integrado primero nosotros.

La derecha en Chile, que controla un gobierno ineficiente, castigado sistemáticamente en todas las encuestas con bajos niveles de aprobación, ha resentido la derrota de su aliado Macri, buscando por tanto marcar diferencias con él. Lo cierto es que las diferencias son formales, porque en esencia el proyecto de Piñera y Macri son similares y así alegremente lo proclamaban. Si incluso en lo político-táctico Macri llevó como compañero de lista a un peronista, buscando confundir a sus opositores. La derecha criolla seguramente también tiene un Pichetto  al cual recurrir y más de uno se esmera por hacer méritos para cumplir ese cometido. Sin embargo, y no por gracia divina sino por la constancia de un trabajo de unidad desde la base, que obliga hoy a marcar las diferencias con todos los otros sectores opositores pero perseverando en la búsqueda de unidad, el movimiento popular chileno emulará con el pueblo argentino en la misión de desplazar a la derecha del poder ejecutivo.