Hablo por supuesto de don Juan Guzmán Tapia. Quien, claro está, no es el único magistrado que ha aplicado las normas del Derecho nacional y del Derecho Internacional para juzgar los crímenes de lesa humanidad.

Eduardo Contreras

Abogado

16/08/2019. El estudio del Derecho guarda estrecha relación con la historia y la cultura de los pueblos; al fin de cuentas se trata de las normas y principios que rigen la vida de la sociedad, de los individuos y de su organización como Estado y de las mutuas relaciones. Cursos como Derecho Romano o Historia del Derecho son evidentes; pero una impronta semejante guardan también Civil, Penal, Laboral, etc.

Cosa distinta en cambio es el ejercicio de la profesión de abogado y la especialización que se adopte y, por supuesto, en definitiva como sucede con todas las profesiones y empleos lo esencial en cuanto al desarrollo cultural es en último término la dedicación personal y qué es realmente lo que más te interesa de la vida.

Lo dicho es a propósito del estrecho vínculo con las creaciones artísticas y la trayectoria cultural de los pueblos de un juez chileno, que es el mismo que con sus decisiones marcó la historia del país. No es el único magistrado que podamos calificar de este modo, pero de lo que no hay dudas es que ha dejado su impronta en nuestra historia reciente. Y fue a propósito del horroroso período de la dictadura de Pinochet impuesta por  los EEUU junto a la derecha chilena, el gran empresariado, y las fuerzas armadas y los medios de comunicación a su servicio.

Hablo por supuesto de don Juan Guzmán Tapia. Quien, claro está, no es el único magistrado que ha aplicado las normas del Derecho nacional y del Derecho Internacional para juzgar los crímenes de lesa humanidad. Es más, hay varios que incluso podríamos calificar hasta de más rigurosos. Pero lo concreto es que, en condiciones adversas, abrió las puertas a la Justicia. Se atrevió. Fue el primero.

Era el año 1998, tiempos de los gobiernos concertacionistas  que sucedieron a Pinochet. Es decir de aquellos que pactaron con la dictadura esta transición inacabada a la democracia que incluía desde luego la impunidad de los criminales. Nadie tiene derecho a olvidar que esas organizaciones políticas, supuestamente democráticas, no sólo mantuvieron en su cargo al dictador sino que lo hicieron ¡¡senador vitalicio!!

Es más, negociaron con el gobierno británico su libertad cuando estaba preso en Londres y hasta le acompañaron en el viaje de regreso.

Fue el 12 de enero de ese año 98 cuando, siendo el juez Guzmán un hombre que no era de izquierda y habiendo sido designado por la Corte de Apelaciones para atender la querella que un pequeño grupo de abogados comunistas presentamos junto a Gladys Marín, que su honestidad y su apego a la ley cambió la historia de este país. Es lo que explica que hasta la fecha existan más de Mil trescientos procesos penales en curso y que llevan adelante diversos jueces del país, con  más de un centenar de condenados y muchos más procesados. Son los casos en que se hace verdad y justicia respecto de miles y miles de detenidos desaparecidos, ejecutados, secuestrados y torturados por la dictadura derechista.

Juan Guzmán es hijo del ilustre poeta Juan Guzmán Cruchaga (aquel que todos recordamos por su “ Alma, no me digas nada que para tu voz dormida está mi puerta cerrada….” ) y de Raquel Tapia Caballero, hermana del gran pianista Armando Tapia Caballero y vinculada estrechamente al arte y a la intelectualidad de su tiempo. Lo que explica en buena parte la  estrecha vinculación del juez con las manifestaciones culturales. Recordemos de paso que siendo un joven estudiante había participado como extra en la película Estado de Sitio de Costa Gavras

Debo consignar que, cuando el juez Guzmán terminó sus funciones en el poder judicial y pudo realizar con plena independencia su vida personal, pudimos hablar directamente y ya no sólo del Derecho Penal y compartir mi esposa y yo con él y con su esposa, doña Inés Watine y sus hijas. Además pudimos visitarle en su hogar, lo que nos permitió admirar su valiosa colección de libros y de objetos de arte precolombino. Fueron horas muy gratas escuchando a un personaje que, además de culto, tiene un especial sentido del humor.

Hoy este hombre valiente y digno, premiado en diversos países, menos en Chile, está delicado de salud. El 25 de julio pasado no pudo asistir a la ceremonia en la que el Museo del Carmen de Maipú recibió la donación que don Juan y su esposa hicieron de su valiosa colección de cerámicas precolombinas. Allí hablaron su hija, Julia Guzmán, y don Germán Domínguez, director del Museo.

Julia citó además párrafos redactados por don Juan en los que habla de su pasión, ya desde niño, por la historia y la geografía, por las antiguas culturas, por los objetos de arte y los utensilios normales de la vida de otras épocas, en fin lo que él llama su pasión por el pasado.

El director agradeció la generosa donación de 100 piezas que, dijo, “incrementan el patrimonio del museo en un área tan relevante como son los testimonios de diversas culturas de los pueblos ancestrales que constituyen los orígenes de  las civilizaciones que se han desarrollado a través de los siglos

Un hecho que muestra una faceta del magistrado Juan Guzmán y de su entorno familiar que constituye una expresión concreta de la calidad humana y de la formación cultural del primer juez que en Chile fue capaz de iniciar el juzgamiento del fascismo criollo.

Un hecho además que no registrarán los medios de comunicación hegemónicos del sistema político actual en nuestro país.