Todos quienes postulan a una orden católica, secular o monástica, hombres o mujeres,  obviamente tienen virtudes, pero también flaquezas e inclinaciones fácilmente detectables por psicólogos especializados.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

14/08/2019. Las congregaciones católicas, progresistas o conservadoras en el ejercicio de su magisterio eclesial, entregan al “mundo profano” sacerdotes con una formación culturalmente sólida, pero con un discernimiento teológico distorsionado y aislado de la contemporaneidad. La imposible abstinencia sexual ha llevado a la mayoría de sus núbiles consagrados a cometer delitos sicalípticos y abusos de poder que tienen a la iglesia católica, organización humana al fin y al cabo, al borde de la escatología moral. La estructura cultural y formativa jesuítica del catolicismo no ha servido entonces absolutamente para nada, pues sencillamente los “doctores de la iglesia” no han comprendido que el ser humano es un ser sexual, sana y buenamente sexual,  necesitando per se esta actividad natural para mantener su equilibrio psicológico. El progreso en los estudios y en las virtudes son factores preponderantes en la formación religiosa. Todos quienes postulan a una orden católica, secular o monástica, hombres o mujeres,  obviamente tienen virtudes, pero también flaquezas e inclinaciones fácilmente detectables por psicólogos especializados. Ergo, en referencia a Poblete, éste no supo canalizar adecuadamente sus naturales impulsos sexuales y optó por descargar su sexualidad de manera inequívocamente perversa y psicopática. Su trastorno de identidad disociativa, patología que tiene ciertas características singulares, entre otras, la necesidad de afianzar un ríspido poder espiritual, le transformó en un depredador insaciable, en un dominador sin límites. Terrible para las víctimas, pavoroso para aquellos ingenuos creyentes que aún pretenden eternizarse en una vida con un dios inventado por el hombre. Poblete, miembro de una de las congregaciones más progresistas de la iglesia católica, la “Compañía de Jesús”, fue un mendaz patológico, un sacerdote que se engañó a sí mismo, un consagrado que engañó a todo un país y en especial al pueblo pobre y condenado que sufre de miseria y explotación. Poblete, como todo sacerdote sexualmente reprimido, destruyó la vida de muchas mujeres, mayores y menores de edad, con sus concupiscentes y aberrantes actos delictuales. Conocida su amoralidad sólo merece el desafecto, el olvido y la condena nacional por la falsía de su labor sacerdotal. La iglesia católica es muy poderosa en el abstruso mundo financiero y político de la derecha fáctica, medieval y corruptible. Hay poder. Hay dinero. Demasiado poder. Demasiado dinero. Aún hay oscuros y encubiertos hechos que demostrarán lo absurdo y la inaplicabilidad de la abstinencia sexual, aún cuando sea una de las normas que impone la iglesia católica para llevar una vida consagrada “a la mayor gloria de dios” ( lema mayestático de la orden jesuita ). Sin duda, hay un entramado de complicidades en toda esta problemática sexual. El ser humano  sólo necesita la razón para llevar una vida moral y equilibrada, una vida más humana.