Todo indica que Sebastián Piñera no terminará su segundo mandato con un alto apoyo ciudadano por más que manipule las encuestas.

 Fernando Bahamonde

Profesor

05/08/2019. Faltan cerca de 18 meses para que Sebastián Piñera entregue la banda presidencial a su sucesor o sucesora. Año y medio donde la derecha en rigor tiene 6 meses para aprobar sus proyectos de ley porque al iniciarse el 2020 deberá enfrentar una elección municipal y de gobernadores regionales que determinará el destino de la sucesión en el Ejecutivo.

Cabe preguntarse cómo medir el éxito o fracaso de un gobierno en un periodo presidencial tan corto. Como primera variable podría considerarse el apoyo ciudadano medido por encuestas que obtiene el presidente y su gobierno al terminar el mandato. Pero esto es contraproducente debido a que el porcentaje de aprobación puede ser artificialmente alto ya que las empresas consultoras no son neutras y obedecen a los intereses de quienes pagan las encuestas o bien a los intereses de los propietarios de las consultoras, que generalmente pertenecen a la derecha.

En el supuesto que la encuesta sea transparente puede ocurrir que el presidente se despida con un alto grado de aprobación, sin embargo, esto no asegura que el candidato o candidata de su sector logre inmediatamente el triunfo electoral. Esta situación se explica en sí misma porque los atributos del candidato o candidata que tome el testimonio de la sucesión en la derecha no logren concitar la simpatía ciudadana. A esto se debe sumar que esa mañana de domingo de la elección presidencial una masa importante de ciudadanos decida no levantarse a votar, como viene ocurriendo en las elecciones desde que se hizo voluntario el voto. Por último, todo indica que Sebastián Piñera no terminará su segundo mandato con un alto apoyo ciudadano por más que manipule las encuestas.

Descartando las encuestas como medida del éxito de un gobierno, podríamos considerar como segunda variable la cantidad de proyectos que el ejecutivo es capaz de transformar en leyes.  Hoy difícilmente la administración Piñera puede pasar la fase de aprobación de la idea de legislar con sus proyectos de ley, cuando ha logrado superar este primer escollo lo ha hecho transando con el PDC y el PR. Decimos transando desde la perspectiva de la derecha más recalcitrante que representa José Antonio Kast y que en este momento es un factor desequilibrante de unidad y continuidad de todo el sector. En efecto el ejecutivo es minoría en el legislativo, aunque los números son relativos por el comportamiento en el congreso nacional de los partidos anteriormente mencionados.

A todo evento si este gobierno es capaz de aprobar un paquete importante de leyes, debe observarse que no sólo es una derrota de la oposición, sino que es una pérdida de derechos para la mayoría de los chilenos. Es importante hacer notar que muchos parlamentarios de oposición en el discurso plantean que están dispuestos a aprobar leyes que sean de beneficio para “Chile”. Frente a este argumento hay que indicar que la derecha sólo legisla para sí, o lo que es lo mismo para incrementar la desigualdad.

Una tercera variable para medir el éxito de este gobierno podría verificarse en la construcción de una coalición de centro derecha que incorpore a demócratas cristianos y radicales, vaciando el centro político hacia la derecha. Esta es una posibilidad cierta, y es un añorado sueño de algunos patricios de derecha para emular a la Concertación y perpetuarse en el ejecutivo varios periodos consecutivos, pero producirá una inestabilidad en el sector y esta potencial coalición sólo tendrá fines electorales, por tanto, enfrentados a la primera derrota en las urnas los acuerdos se desbaratarán de forma casi inmediata.

Una posibilidad cierta para medir el éxito de este gobierno es que provoque un cambio estructural del sistema político institucional, en esta materia se han desarrollado encuentros entre RN y el PDC con el patrocinio del ejecutivo. Pero hay que advertir que estas transformaciones no obedecen a cambios de fondo ni pretenden dotar de legitimidad al orden político para que el ciudadano recobre la confianza en las instituciones barriendo con la inmundicia que ha aloja en el Estado en su forma neoliberal. El foco de estas propuestas se fundamenta en prolongar el gobierno por secretaria y convertir a las minorías electorales en mayorías con la reinstalación de un sistema electoral binominal corregido.

Esta sería una victoria para el gobierno, pero transitoria porque podría enfrentar una contundente derrota electoral en la elección municipal y de gobernadores regionales, lo que determinará el futuro, con matices, de la elección presidencial y parlamentaria.

Sea como sea el gobierno de Sebastián Piñera está destinado al fracaso, no sólo por las variables políticas descritas, se debe añadir que no ha cumplido sus promesas de campaña en ningún ámbito de la vida social y principalmente en materia económica lo que hace que la cuenta regresiva de la derecha sea más penosa, con explicaciones más difusas y poco convincentes. El prometido despegue económico aún es una elucubración de buenas intenciones del Ministro de Hacienda que se queda cada día sin argumentos frente a los resultados de desempleo y crecimiento.

El tiempo se agota, no sólo para el gobierno también para la oposición para canalizar la suma de desaciertos del gobierno de derecha, pero esa es otra cuenta regresiva que implica un desafío mayor que el electoral.  Para un sector de la supuesta oposición como el PDC y PR su desafío es seguir existiendo electoralmente sin ser absorbidos por la derecha. Para la izquierda el desafío es consolidar la unidad en la diversidad para transformar Chile con un proyecto de país de largo plazo.