Suena en todas partes. Es el género musical del momento en Chile. Los adultos no lo entienden. Tiene mala fama. Algunos dicen que es peligroso, que pone en tensión la moral establecida.

Richard Sandoval. Periodista. 27/07/2019. Cerca de cinco mil jóvenes colapsan el Teatro Caupolicán. Es un frío sábado de julio, y al centro del escenario, las bandas de cumbia compuestas por una decena de músicos dan espacio a un proyecto sustentado en una sola persona, en una sola figura. Gianluca está vestido de un polerón blanco y un pantalón ancho de tonos rosa. El teatro completo hace una ovación cuando desde una base musical aparece la voz de Princesa Alba. Es “Summer Love”, la canción de más de cuatro millones de reproducciones que ahora Gianluca, un joven de clase media de veintidós años, interpreta en solitario frente a miles que, amigos o enemigos del trap, no pueden dejar de mover la cabeza. El trap, desde hace un tiempo un intruso en festivales de nueva cumbia chilena, llegó para quedarse.

Cuatro días después de la Fiesta Galáctica, Gianluca está en el escenario del teatro Teletón. En una transmisión para todo Chile, ahora canta “Summer Love” junto a Princesa Alba, a quien otras mujeres igual de jóvenes que ella gritan “Mijita rica”. Es el bloque de trap de los Premios Pulsar, la más importante ceremonia de la música chilena. A Gian y a Princesa -que termina su show gritando “fuerza profes”- les suceden Polimá West Coast -crecido en Independencia, hijo de inmigrante africano-, Youngcister, Pablo Chill-e, Tomasa del Real y Ceaese. Están todos juntos. Ahora el reconocimiento es oficial: de ocupar clubes para treinta personas, los niños del trap se han convertido en la joya de los premios de la SCD, y de ellos todos tendrán que hablar, les guste o no. Minutos antes, Ceaese -heredero del hip hop– se convirtió en el primer exponente del trap en ganar un premio Pulsar.

Ceaese es el Premio Revelación de la temporada. Pero el premio representa mucho más que el éxito de un artista, representa un momento cultural en el que el trap se ha transformado en el canal de expresión de la juventud chilena, una juventud que tiene sus propias cosas que decir.

Consuelo Banda, teórica del arte e investigadora cultural, cree que “el trapen Chile es muy diverso como para poder caracterizarlo en su totalidad, no sé si se puede hablar de un discurso cohesionado. Y quizás por eso también es que gusta tanto. Con otros géneros pasa que sus adeptos se encasillan o son encasillados de manera muy limitada. Si eras hip hopera o metalera no se entendía cómo es que podías disfrutar un reggaetón por ejemplo. Entonces poder escuchar una música que no defina una personalidad particular sino un momento, más relajado, más de fiesta a veces, más contestatario otras, es un alivio. El desprejuicio musical ya es una buena base. Allí te vas encontrando con estas visualidades y discursos que sorprenden, pero no significa que no estuviesen antes. El hip hop o la trova -desde siempre- han sido enfáticos en la reivindicación de discursos sociales desde la música, pero al ser géneros tan estáticos o cerrados, no llegas a ellos tan fácil. Creo que todo está muy conectado con este lenguaje del meme, de estar constantemente desacralizando imágenes o situaciones y dándoles nuevas significancias. El placer culpable deja de ser culpable y se transforma en código: siempre tropical, siempre triste, por ejemplo”.

Pero ¿qué es lo político en el trap? ¿Cuáles son los discursos que subyacen? ¿Está en el fondo de lo que se habla en sus letras? ¿Está en la forma en que los traperos se juntan y se presentar ante el mundo? Consuelo lo ve más “en cuanto a los recursos y a la estética que en lo discursivo. Si pensamos en un sentido amplio de lo político: lograr hacerla, aparecer, producir música con la calidad que están teniendo estos productos, es una manera de acercar los medios de producción a quienes no cumplen con los -ya antiguos- requisitos para hacer música en Chile”.

Andrea Ocampo, investigadora en música urbana, aporta un punto que considera clave: la noción del colectivo en una sociedad atomizada: “lo más político que podemos encontrar en la escena del trap, una de las dimensiones políticas en las que quiero ahondar, tiene que ver con lo colectivo, en el sentido de la puesta en escena, también del trabajo, en cómo podemos vislumbrar la fuerza joven; pura potencia revolucionaria: desde el baile, desde el canto, desde cómo se produce, desde el cómo se arma esta cultura, que también es una fuerza que uno puede interpretar como una fuerza sin proyecto, porque hablamos de una generación a la que se le ha postergado, se le ha enseñado que no tiene futuro, que no tiene un metarrelato, o cuyo metarrelato tiene que ver con el placer por pertenecer, con el like, con la era digital, pertenecer y al mismo tiempo deshacerse en esta nada de lo digital. Me ha sorprendido el estar todos en el escenario, cuando veo los conciertos o los videos, siempre hay muchos: los primos, los amigos, los vecinos, todos en la calle, porque opera la banda. Eso tiene que ver con un discurso coral, donde yo no  soy si no soy con otros, si no pertenezco, y eso es un discurso, una cultura, una familia, una narrativa de una historia personal que también es un género que representa a un colectivo, y eso también enseña a un otro a formar redes, a articular esa fuerza que yo considero que es política”.

César Tudela, periodista musical, compara el fenómeno del trap chileno -que también tiene a artistas como la internacional Paloma Mami- con lo que en su momento provocó la irrupción del  jazz o el rock, en el sentido de permitir a la juventud rebelarse ante la mirada y el control adultocentrista: “hoy por hoy es el trap con otras músicas, la música urbana, la que está llevando la bandera de las generaciones jóvenes, dando todo lo que en su momento el rock dio a los jóvenes: rebeldía, libertinaje, hablar libremente de sexualidad, de drogas, de grupos de jóvenes, con la mirada de los jóvenes. Por eso se entiende la popularidad que tiene y la caída de otros géneros como el rock. Ahí está la subversión. El rock se está transformando en la música de los viejos, totalmente cuadrada con el statu quo versus estas otras músicas que nacen desde el under, que son quizás no de política partidista, pero que sin embargo el sólo hecho de representar a un sujeto social, el adolescente, está siendo político per se”.

Tudela, especializado en música popular y editor de la revista Rockaxis, agrega que “por eso para el mundo adulto e incluso para el mundo académico, representa un peligro, por eso hago la comparativa con el rock o el jazz, que fueron músicas jóvenes que empiezan a  crecer a una velocidad muy acelerada y que los grandes referentes comienzan a denostar porque es malo porque sí, porque no representan los valores que representaba esto otro que me representa a mí. El trap hoy representa a los jóvenes porque está hablando en su lenguaje”.

Amor libre 

Ceaese, el premiado por Pulsar, reflexiona para El Siglo en torno a una expresión de lo político en su trap: el tipo de relaciones amorosas, sexuales, que se muestran en canciones como Dámelo, el hit que hizo junto a Drefquila y que acumula casi cinco millones de plays: “Lo que nosotros hicimos con el Dámelo fue mostrar lo que es el amor libre, el amor sin género, música inclusiva, qué importa tu color, de dónde eres. Están todos invitados a participar y pasarlo bien. Creo que los conceptos importantes son inclusión, respeto, alianza; un poco lo que no me sucedía con el hip hop, el hacer buenas migas, colaboremos, consolidemos esta industria. Ahora están los sellos encima, los medios, la gente con dinero. Perfectamente se puede crear esta industria e industrializar carreras de chilenos que llevan muchos años mostrando el talento que existe. El género está un poco mal mirado, pero la gente también se está dando cuenta de que hay un trasfondo importante. Eso es todo. En el trap se ha hecho una alianza entretenida entre gente joven, con opinión, buscando sentirse representados por una sociedad que está bien perdida”.

La estética, el baile, la diversidad de rostros, de amores y cuerpos, aparecen también en el videoclip de Convéncete, el último hit de Princesa Alba, dirigido por Marialy Rivas, cineasta chilena que ha dirigido películas como “Joven y Alocada”, premiada en Sundance, el más importante festival de cine independiente de Estados Unidos. Para El Siglo, Rivas comenta que “la Princesa Alba como artista es una mujer muy fuerte, el sólo hecho de persistir con todo el odio del principio de su carrera, gente que la atacaba de manera tan personal e íntima y que ella haya seguido, eso es fuerza. Mucha gente, sobre todo tan joven, podría haberse descorazonado rápido, sin embargo Trinidad tiene pasión y mucha luz. Eso en sí mismo ya es un acto político y de resistencia. Respecto del vídeo ‘Convéncete’ en particular, quisimos y buscamos la estética Queer y darle una vuelta a la pregnancia de la estética europeizante, por eso construimos estas neo criollas que se rebelan y se dedican a gozar y a bailar. Quisimos trabajar con personas con cuerpos reales, con rasgos chilenos, todes hermoses qué duda cabe pero no respondiendo a cánones exógenos a nosotros mismos. Huimos del cliché del género urbano de mujeres objeto con poca ropa. No soy una experta en trapni mucho menos, pero hay varios artistas que me gusta mucho cómo se están construyendo, desde una visualidad menos binaria, letras que tienen mucha poesía y profundidad. Eso incluso dentro del género puede considerarse un acto político”.

La voz de los bloques

“La voz de los blokes”. Así tituló Pablo Chill-e, el trapero más popular de Chile, el dibujo que le hizo el artista multidisciplinario Miguel Angel Kastro, en el que aparece con el torso desnudo y sus joyas colgando del cuello, delante de los edificios de la periferia de Santiago donde llevaron a vivir a la gente cuando se erradicaron los campamentos en los años ochenta. Para Kastro, quien junto al periodista musical Andrés Panes conduce el podcast microtráfico.com, Pablo Chill-e -con letras como “voy a poner a todos los niños de la pobla a cantar”, “si te contara un par de historias de la calle te da pena, cómo la delincuencia se expande como gangrena”- es un poeta popular. “Yo veo en él una dimensión política bastante grande, que tiene que ver más que con lo que dice, con su posición, con desde donde viene lo que dice. En ese aspecto él se presenta como alguien fundamental para entender la cultura y el arte de hoy. Es como la continuación de estos poetas populares que vienen desde la música: Víctor Jara, Jorge González; que tal vez es un poncho raro de ponerle a alguien que habla de pistolas, pero si tú ahondas en la música de Pablo Chille, te vas a dar cuenta que este artista tiene una fuerte conciencia social, que es una reacción a un montón de vicisitudes y malformidades sociales que hacen que existan guetos y bloques. Pablo Chill-e es fundamental para entender el arte de hoy y la música chilena”.