Angela Merkel ante 400 nuevos conscriptos del Ejército alemán, ensalzó la figura del coronel Claus Schenk von Stauffenberg, autor material del fallido atentado contra Hitler en 1944.

Margarita Pastene Valladares

Presidenta Nacional Colegio de Periodistas de Chile

24/07/2019. Cuando el 20 de julio recién pasado, la canciller alemana Angela Merkel dijo que “hay momentos en que la desobediencia es obligatoria”, no pude sino exclamar en el idioma de la autoridad alemana “genau so soll es sein, Frau Merkel”, porque sentí que puso las cosas en su lugarduranteel homenaje que rindió a quienes se levantaron  contra la tiranía hitleriana en la conocida Operación Valkiria.

La canciller, ante 400 nuevos conscriptos del Ejército alemán, ensalzó la figura del coronel Claus Schenk von Stauffenberg, autor material del fallido atentado contra Hitler en 1944. Al cumplirse 75 años de ese hecho, Merkel llamó sin dobleces a preservar su memoria para que la historia no se disipe, porque el «derecho a la resistencia» en defensa del orden democrático está contemplado en la Constitución alemana.

A la controvertida figura del coronel von Stauffenberg, considerado un héroe de la resistencia contra la tiranía de Hitler, se contraponen los hermanos Sophie y Hans Scholl, dos estudiantes miembros del grupo Die Weisse Rose -La Rosa Blanca-, guillotinados en 1943.  Ambos simbolizan sin lugar a dudas la resistencia social, aquella queante el horror del nazismo, actuó con total convicción, aunque ello les costara la vida.

Casi 50 años después, de este terrible crimen,  llegó hasta la apacible y hermosa ciudad de Tübingen, al sur de Alemania, la hermana mayor de los jóvenes mártires, para honrar su memoria en el liceo “Geschwister Scholl”. Inge Schollse dirigió al alumnado y sentenciócon firmeza y emoción: “luchen siempre contra la corriente”.

Mientras Inge Scholl, relataba detalles de los momentos más dramáticos de su vida por la horrorosa muerte de sus hermanos, apresados en la Universidad de München y guillotinados dos días después por orden de Hitler, a unas pocas cuadras en esa misma ciudad de Tübingen, en ese mismo día y a la misma hora, en un auditórium repleto escuchábamos conmovidos a Carmen Gloria Quintana de los espantos vividos por ella y Rodrigo Rojas de Negri, cuando fueron quemados vivos por una patrulla militar chilena el dos de julio de 1986, 43 años después de lo ocurrido a los hermanos Scholl.

Entonces, en ese minuto, con el corazón oprimido por el relato de Carmen Gloria y teniendo en cuenta que a pocos metros de nosotros, Inge daba cuenta de otro crimen de lesa humanidad, comprendí a cabalidad, las palabras de un miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, cuando en una entrevista para Radio Nuevo Mundo, luego del atentado a Pinochet, me dijo: “Nosotros amamos la vida, pero nos han obligado a tomar las armas porque no podemos permanecer indiferentes ante el dolor de la gente”.

Y así como reaccioné espontáneamente hace algunos días ante las palabras de Angela Merkel, no pude contener mi canto, ante las palabras de un guerrero noble y valiente. Aquel canto que me nació del alma y en mi propio idioma: “…escuchaste el lamento que vino del cielo/haces tuyo el dolor de la mujer de mi pueblo/ahora yo te nombro sin decir tu nombre…/…solo guerrero valiente/ cuanto amor puedes dar, al entregar tu vida/corazón guerrillero, al que no se olvida…”