Para comer, nada nuevo -erizos y locos los más rechazados- pero más decoroso que en la malhadada cocina de Zaldívar.

José Luis Córdova

Periodista

22/07/2019. Aunque la tristemente célebre cocina del ex senador Andrés Zaldívar tuvo efímera fama por las negociaciones espurias realizadas en su casa, hay otras que se llevan los laureles de una popularidad merecida y mucho más decorosa que la del maquiavélico político DC.

Desde la década de los 60, cuando era director de Canal 13 Eduardo Tironi Arce, llevó ante las cámara a una sencilla y natural dueña de casa, doña Mariana Salinas, quien animó durante 30 años “Cocinando con Mónica”, un espacio de divulgación culinaria, heredera de las hermanas Rengigo, de doña Petrona, Laura Amenabar y otras autoras de libros que presentaban sus platos en diarios y radios de entonces.

Este espacio culinario partió en el 13, siguió en TVN y terminó en Canal 11 cuando era Chilevisión, formando parte de un segmento del matinal “Teleonce al Despertar”.

La televisión chilena mantiene hasta hoy segmentos, programas y concursos con la participación de chefs, profesionales y aficionados, periodistas “especializados” y otros que devoran exquisitos platos, recorren restoranes y picadas con total desparpajo, comentando el arte de la gastronomía.

Pancho Toro, Carlo von Mulhenbruck, Coco Pacheco, Christopher Carpentier, la familia de Carola Correa, junto a degustadores como la joven de “Comer con gana” Antonia Gana y el “hacedor de hambre” Patricio Cisternas, compiten con los participantes en programas como Master Chefs (que va en su cuarta temporada), Top Chefs, Junior Master Chefs y otros. Leo Caprile volvió a la TV con el espacio de concursos “El discípulo”, que sigue al matinal de CHV, con la producción de Sergio Nakasone, el rey Midas de los reality shows, ahora dedicado a la cocina.

“Recorriendo Chile”, “Lugares de hablan”, “Selección Nacional”, “Frutos del país” y hasta “Al sur del mundo” también incluyen muestras gastronómicas de los distintos panoramas y paisajes en regiones apartadas y turísticas de nuestro país.

A estas alturas son calificados protagonistas de espacios televisados varias delicias chilenas: el nunca bien ponderado cochayuyo, la coliflor, la betarraga, y ají merquén de nuestros antepasados, además de las tradicionales empanadas, cazuelas y otras exquisiteces de la comida criolla.

Mención especial merece el programa “La Divina Comida”, donde compiten “rostros” de la tele invitando a otros tres famosillos a sus casas donde preparan platos a su estilo. En varios casos es obvio que reciben “apoyos externos”. Claro, se repiten de visita hermosas modelos, recios futbolistas, sagaces políticos con empáticos chicos y chicas reality y otros. Hay que aclarar que los anfitriones reciben de la producción cada vez 100 mil pesos para la preparación de cada cena en distintos hogares de famosos.

Pero en verdad, la reiteración de platos como salmón, ceviches, reinetas, flanes, leche asada, arándanos, frutos rojos y la poca creatividad en las cocinas hacen depender a este espacio de algunas conversaciones íntimas reveladoras en el medio de la farándula local. Para comer, nada nuevo -erizos y locos los más rechazados- pero más decoroso que en la malhadada cocina de Zaldívar.