El destino del socialismo chileno determinará el devenir de la izquierda y por tanto el futuro de Chile y las posibilidades de transformación social.

“Una doctrina como el socialismo, que aspira a orientar a las generaciones jóvenes y a determinar las bases de una reconstrucción social, necesita, acaso más que cualquiera otra, interpretar el sentido de la época, los valores permanentes que en ella operan y los que le son específicos para apuntar a él, con plena conciencia, la perspectiva de una política”.

Eugenio González Rojas

(Posición doctrinaria del socialismo, discurso en el Senado, 1957)

Fernando Bahamonde

Profesor

18/07/2019. La crisis que experimenta el Partido Socialista de Chile ocurre a meses de la conmemoración de los 50 años del triunfo de la Unidad Popular, el mayor proyecto de transformación social y política de la historia de Chile.

La vida orgánica del PS ha estado llena de quiebres totales y fracturas parciales que dicen relación a su origen donde confluyeron distintos sectores que se identificaron con el socialismo otorgándole una mixtura ideológica singular.  Otra característica que indica esta diversidad de ideas en la formación del PSCH, es su carácter pluriclasista.

Recientemente el historiador conservador Gonzalo Rojas en una columna titulada “Compañeros” publicada en “El Mercurio” el 10 de julio estableció ciertas personales certezas sobre el devenir del PSCH llena de lugares comunes. A pesar de tener el oficio de historiador profesional descontextualiza la rica vida orgánica de uno de los partidos políticos más importantes del siglo XX en nuestro país, los arboles definitivamente no le permiten ver el bosque, definitivamente hace leña del árbol caído y no es capaz de ver que la crisis transversal del sistema político chileno de manifiesto en los partidos políticos históricos que le han dado vida y sentido a la lucha por la transformación social que se cristalizó el 4 de septiembre de 1970 con el triunfo de uno de los más universales de los chilenos el socialista Salvador Allende. Proceso político interrumpido a través de la violencia por el propio sector que el Sr. Rojas representa y que posee las manos manchadas con sangre de miles de chilenos y chilenas.

Lejos de compartir los lugares comunes y la alegría de Rojas por la crisis del PSCH, lo que debe empujar un análisis es que lo que está en juego hoy en el PSCH, es la tensión que produjo la alianza de los socialistas con los demócratas cristianos durante los 20 años de Concertación y que desembocó en una permanente política de acuerdos con la derecha por la mantención de una estabilidad que se concretó en un modelo económico-social que sólo beneficia a una minoría. Esta supuesta estabilidad produjo un acuerdo entre las dirigencias de estas dos colectividades mientras se sucedían en el poder los cuatro gobiernos concertacionistas.

No deja de ser sintomático que el tronco histórico de la Concertación PS-PDC, vivan lo que están viviendo, pero con una gran diferencia la actual mesa del PDC carente del poder electoral, pero con una cuota de influencia en el poder legislativo no vacila en tomar acuerdos con la derecha.

Lo que está en juego en el PS no es una pugna por el liderazgo individual entre dos candidaturas a ocupar la presidencia del partido, es una definición sobre la existencia de una colectividad que constituyó el tronco histórico de la izquierda chilena y que hoy debe establecer su residencia en la socialdemocracia que es capaz de coexistir con el neoliberalismo o se replantea su rol para transformar la sociedad chilena retomando su historia.

El PS tiene una vida interna donde fueron capaces de entenderse distintas posturas ideológicas que a su vez albergaban múltiples liderazgos, esta fue una escuela de aprendizaje político para sus militantes producto del debate interno.

Sus divisiones como en 1948 producto de la aprobación por parte de un sector del Partido Socialista de la “Ley Maldita” que significó la proscripción y persecución del Partido Comunista, y en 1979 por el desbarajuste orgánico entre las direcciones en Chile y el exilio luego de la feroz persecución de la dictadura que exterminó a sus mejores cuadros; no sólo tuvieron como consecuencia la ruptura interna, sino la desarticulación de la izquierda, y peor aún causaron el que la derecha terminara imponiéndose.

Hay que repetir que el adversario real es la derecha, que hoy está en el gobierno y que arremeterá con todos los medios que cuenta para perpetuarse agudizando las desigualdades para incrementar su poder. Motivo por el cual no hay que darle ventaja, más aún cuando los tiempos nos indican que el avance mundial de las derechas en el continente y en el mundo pueden precipitar una catástrofe global.

El destino del socialismo chileno determinará el devenir de la izquierda y por tanto el futuro de Chile y las posibilidades de transformación social. Los logros de la izquierda son los avances en derechos del pueblo chileno, la única condición es la unidad de una multifacética izquierda que necesariamente debe mirar el pasado, leer el presente para proyectar futuro donde es posible pensar nuestro país y el continente desde una perspectiva emancipadora que es socialista para superar la realidad actual.