Las plataformas digitales y redes sociales están superando largamente a la televisión abierta y por Cable en la audiencia masiva de nuestro país.

José Luis Córdova

Periodista

13/07/2019. Hoy día muy pocas familias se instalan como antaño en mullidos sillones para ver televisión. Se acabaron las grandes cantidades de gentes que dejaban vacías las calles de las ciudades y poblados para ver la transmisión de la final de una teleserie, para conocer a los ganadores de concursos de talentos o de los realitys shows, aparte de la emisión de la Teletón en 27 horas y del Festival de Viña durante 5 días. Ni siquiera los campeonatos internacionales de fútbol atraen a través de la pantalla chica, como lo demostró la reciente Copa América en emisiones compartidas entre TVN y Canal 13 .  

Las plataformas digitales y redes sociales están superando largamente a la televisión abierta y por Cable en la audiencia masiva de nuestro país. Sobre todo las nuevas generaciones acuden a los smart phones, tablets, streaming, Instagram, podcasts y otras herramientas y dejan de lado hasta a las pantallas Led y plasmas de los primeros tiempos de la modernidad.

Para los sociólogos y sicólogos, el uso de las últimas herramientas audiovisuales se ha convertido en una actividad personal, íntima, que no se comparte con nadie. Por ello vemos cada vez más jóvenes enfrascados en estos aparatos en el Metro, por las calles, en la soledad de sus cuartos personales en sus hogares.

Autocomplacencia, egoísmo, insolidaridad son términos que en el pasado reciente no se relacionaban con la utilización de mecanismos tecnológico y menos con la audiencia en los canales de televisión abierta o por Cable. 

Puede incluirse en la despersonalización de los medios audiovisuales también el uso y abuso -según algunos- en el fútbol profesional del todavía no bien ponderado VAR -Asistencia al Arbitro por Video- Según expertos, la retransmisión en circuito cerrado de partidos de fútbol para auxiliar a los jueces en caso de jugadas confusas, penales, faltas y fueras de juego, demora, retrasa y enfría los partidos, hace perder tiempo, influye en el ánimo de los jugadores que esperan al menos 5 o más minutos antes que el referee decida si acata lo que grabó el VAR y que pareciera ser ahora la última palabra. Discutible para muchos hinchas. Los guardalíneas al costado de la cancha pasarán a la historia.

Lo que está claro es que las innovaciones de este tipo incrementan la enajenación de los individuos en nuestro sociedad ya bastante fragmentada y desigual. Mientras la televisión fue, en los años 60 y 70 , un factor de difusión cultural con importante contenido social sobre todo cuando en Chile los canales eran propiedad de las universidades públicas- hoy en día en manos privadas- se convirtieron en  una mercancía de alto valor de uso y también de cambio, pero con la plusvalía sólo a favor de los propietarios de estos medios.

Lejanos están los tiempos en que los aparatos de televisión eran un lujo, tanto que en barrios y poblaciones quienes tenían una pantalla invitaban a sus vecinos para ver en conjunto algún programa muy popular. Hoy, los plasmas son todavía bastante onerosos, pero gracias a los créditos y las tarjetas,  hasta la familia más “vulnerable” se endeuda por tener la pantalla mas grande, el Cable con más canales, sin siquiera para ver los espacios que se transmiten, sino simplemente como símbolo de estatus.

Actualmente la pantalla fue desplazada de los dormitorios en los hogares y en el living de muchas casa es simplemente un adorno, una muestra de poder, porque los hijos se encuentran en sus piezas pegados a consolas de juegos, en notebooks, chateando o alimentando facebook o instagram sin tener idea lo que están transmitiendo los canales. La pantalla chica quedó sin compañía de la mayoría de las familias chilenas. Los canales de TV abierta y Cable poco pueden hacer para enfrentar esta nueva realidad.