Familias coquimbanas vieron el fenómeno sin tanto bullicio.

Yani Aguilar Paulsen. Periodista. 07/2019. Mientras grandes montajes ocurrían en puntos destacados para contemplar el eclipse, como el Observatorio La Silla, el sector cementerio de La Higuera, el Estadio La Portada en La Serena, en Vicuña, en La Costanera de Coquimbo, en Andacollo y en la Quebrada de Paihuano; en un lugar tranquilo, la Villa Sindempart de La Herradura oriente de Coquimbo, sucedía algo distinto. A este sitio llegaron a pie familias, vecinas y vecinos del sector para ver tranquilos el fenómeno astronómico.

Macarena Galleguillos y su esposo Salvador junto a sus dos hijos, Ángelo y Jason, viven hace 21 años en la Villa y era la primera vez que la familia veía un eclipse, y decidieron quedarse en su propio barrio, evitándose las grandes aglomeraciones de los lugares oficiales. Los niños no fueron al colegio porque se suspendieron las clases y a Salvador la empresa le cambió el día no trabajado por un turno el sábado. Esta es una de las tres familias de otras tantas que prefirieron tranquilidad para apreciar el magno evento.

El martes 2 de julio, el más esperado del año, la señora Macarena vio “mucho movimiento en el centro y en las calles, muchos autos en la carretera”. Lo que pasó fue que las familias residentes de los barrios de la ciudad de Coquimbo hicieron sus compras temprano para no atrasar la hora de almuerzo y estar preparados en punto a las 15:23, hora oficial del inicio del Eclipse Total 2019. La Caleta, La Pampilla, Las Peñas, Playa Herradura -los sitios no oficiales- “Se estaban llenando desde temprano”. No quisieron ir hasta la playa porque “se veía la cantidad de gente que iba bajando, y como conocemos el sector tratamos de llegar al cerro; menos peligroso para los niños este lugar. Aquí estai cerca de tu casa porque tú no sabes lo que puede pasar”. Es la Quebrada Las Rosas que da de lleno frente a la costa de Coquimbo como un mirador natural de la bahía.

Ellos se quedaron todo el rato, las 2 horas y media que duró la alineación de la Tierra, la Luna y el Sol, para ver todo el eclipse “porque esa es la gracia, si no, no es ver un eclipse”. También, por si a caso “sucedía algo”.  Una vecina le dijo “capaz que se quede la luna frente al sol”. Los dos temblores de los días pasados hicieron pensar que no era casual  “justo un eclipse”. Para su esposo, supervisor de construcción, el eclipse podría ser el anuncio de “un cambio climático. Y es mejor estar cerca de la playa por cualquier cosa que pase, estar aquí (cerca de la casa) y tener tiempo para arrancar”. La señora Macarena, dueña de casa, agrega que si se tapa todo el sol “habrá como un frente frío porque baja la densidad de la temperatura”, es lo que han escuchado. La familia de a oídas se ha informado lo que será el eclipse, no han visto la información de la tele.

Carola, de otra de las familias que eligieron ver el eclipse de sol desde la quebrada Las Rosas, contó que los lugares anunciados estarían llenos de gente y en la quebrada no habría bulla ni música. Para ella el fenómeno no reviste mayor significado, si no que les sirvió para “juntar a la familia”. Junto a sus padres, hermano, cuñada, sobrinos e hijos, se desplazaron apenas 3 cuadras hasta el mirador. A la señora Liliana, madre de Carola, tampoco le agradan las multitudes, y no quiso toparse con las más de 300 mil personas que arribaron a La Serena y Coquimbo proveniente de distintas partes de Chile y el extranjero. Para ella nada extraño ocurriría: “Estuve en el eclipse del año ’94 y no pasó nada. Nada de fin de mundo, nada de eso. Pero si trajera lluvia estaría bueno porque nos hace falta”, y se rió con ganas.

Después de la fase total, a eso de las 16:39 cuando la luna tapó el sol y se pudo ver una mancha negra encima del sol y una corona muy iluminada, con un descenso leve de la temperatura de 3 a 4 grados, estos vecinos y vecinas coquimbanas se fueron caminando hasta sus casas a tomar onces y comentar el hermoso espectáculo astronómico.

En tanto, los cientos de visitantes que coparon la playa y otros sitios, se encontraron con el desagradable escenario de retornar a sus lugares de origen. Pese a que la subsecretaria de Turismo, Mónica Zalaquett, declaró la zona del eclipse, como “un punto de inflexión en cómo Chile se va a posicionar, y ya se está posicionando, como  un destino astroturístico”, los  automovilistas que dejaban la región tardaron entre 10 y 16 horas para llegar a Santiago por los tacos y atolladeros en las calles y en la Ruta 5 Norte. Idéntica situación hubo en el Aeropuerto y el terminal de buses de La Serena.

Foto: Elquiglobal