La aparición de figuras como José Antonio Kast en la escena política nos deben hacer pensar en las limitaciones y agotamiento de la democracia representativa liberal.

Fernando Bahamonde

Profesor

05/07/2019. “Una dificultad que se presenta al estudiar el nazismo consiste en la necesidad de explicar lo irracional en términos racionales. Otra es la necesidad de superar el rechazo moral a fin de intentar comprender las acciones y conductas más repulsivas”.

Ian Kershaw.

La aparición de figuras como José Antonio Kast en la escena política nos deben hacer pensar en las limitaciones y agotamiento de la democracia representativa liberal, modelo político que con suerte posee 200 años de existencia en el mundo y muestra su fatiga de material en diversas latitudes.

El fascismo emerge en momentos de crisis económicas que fracturan al sistema político. Ocurrió en Europa luego del estallido de las Gran Depresión de 1929 y hoy a la luz de la arremetida neoliberal que arrastra al planeta a una nueva crisis cuya solución es profundizar la brecha entre capital y trabajo con la implantación de un nuevo ciclo de acumulación sustentado en la sobre explotación humana y medioambiental.

Una de las condiciones para que la ultraderecha encuentre un espacio-además de la crisis económica- es que las bases de la democracia liberal se encuentren corroídas por la apatía, despolitización e individualismo de la población. Muestra de ello son los datos que nos aporta la última elección presidencial en nuestro país del 2017, donde en la segunda vuelta Piñera fue elegido como primera mayoría al obtener un 54,5% de los votos válidamente emitidos, pero que equivalen al 26,6% del padrón electoral. La apatía se expresa en sesgo de clase al comprobarse que la participación electoral es mayor en sectores de mayor ingreso y sesgo etario, dónde el voto crece con la edad.

La participación ciudadana en otro tipo de organizaciones en lo que se denomina sociedad civil son bajas en Chile, lo que constituye el cuadro final que configura la despolitización e individualismo. Este es el terreno fértil para instalar un mensaje simple, pero contundente del fascismo. La construcción teórica fascista nace del irracionalismo mesiánico que establece certezas que se basan en el miedo, la desconfianza y, finalmente, en la violencia hacia el otro que prejuzgo porque no lo conozco. Por ello, es posible que segmentos importantes de la población se encuentren dispuestos a perder derechos con el fin de obtener certezas como el orden que en todo momento es represivo.

El fascismo utiliza la institucionalidad para superarla y destruirla, que en este caso no cuesta mucho, por el descredito de la política cuando se le ha teñido transversalmente con la corrupción. Y cuando en efecto las instituciones no funcionan. Cabe recordar que Hitler se impuso en un primer momento ideológicamente en medio de una formidable crisis económica, lo que le permitió obtener la cancillería a través del chantaje, la intimidación, pero también gracias al voto popular.

No resulta sorprendente escuchar una y otra vez a José Antonio Kast cuestionar la legitimidad de la última elección presidencial donde fue candidato, no por la baja participación ciudadana, sino porque insiste en que la izquierda intentó desarrollar un fraude. Lo que sí resulta sorprendente, es que el partido republicano de corte neofascista pueda legalizarse en el sistema político chileno sólo con 17 mil firmas.

El mensaje siempre es simple, a modo de ejemplo podemos mencionar que hace algunas semanas en la ciudad de Punta Arenas se realizó una caravana que convocó a un millar de vehículos muchos de ellos partidarios de Kast, para defender el trabajo en la región de Magallanes.  Pero esta supuesta defensa del trabajo en realidad es un apoyo a los empresarios del carbón y de las salmoneras que desean obviar la legalidad medioambiental para incrementar su ganancia explotando a los trabajadores y depredar el medioambiente. Este hecho nos tiene que hacer pensar que estas manifestaciones de la ultraderecha están dispuestas a ganar espacios comunicacionales como como la derecha tradicional, pero asimismo está dispuesta a disputar la calle.

El fascismo emerge entonces de la crisis económica y, a su vez, de la descomposición de la democracia representativa liberal, pero el fascismo es una salida capitalista a esta crisis a pesar de que surge desde el mismo capitalismo y ello en consecuencia explica la irracionalidad del mensaje y el actuar del fascismo.

¿El fascismo tiene derecho a existir legalmente en sociedad?

Definitivamente no, porque su única alternativa es la violencia. Como nos señalara ese fiel actor y observador del siglo XX Eric Hobsbawn, con el fascismo no se dialoga y no se negocia, muy por el contrario, se le aísla y se le combate.

Ningún espacio de disputa con el fascismo es simbólico, todos son reales y son parte de un plan trazado para legitimar la violencia política. El negacionismo histórico es parte de esta trama urdida para justificar el asesinato y tortura de miles de chilenas y chilenos desde el 11 de septiembre de 1973 perpetrada por el Estado. Entendida así la historia es un espacio de disputa por la verdad y el currículum escolar adquiere la connotación de instrumento para adquirir la conciencia histórica para superar la apatía, despolitización e individualismo que son el caldo de cultivo del fascismo.