Es claro que la continua expresión del pueblo organizado y de sectores conscientes de la sociedad, siguen apuntando a una realidad de injusticia e inequidad en Chile.

El Editorial. El Siglo. 02/07/2019. Varios sucesos de gravitación nacional se produjeron en esta mitad de año, vinculados al movimiento sindical y social.

Huelgas, paros, marchas, protestas, actos, asambleas, consultas a bases de trabajadores, que dieron cuenta de un estado de conciencia, demanda y necesidad imperiosa de reconocimiento de derechos laborales, sociales y humanos.

Ciertamente que una paralización o una marcha, dentro de toda su significación, son hechos dados en tiempos determinados, que parecieran responder solo a una contingencia, pese a que generan situaciones de efecto en la población, el mundo social y político.

Pero no es la temporalidad de su materialización lo que define todo el alcance y profundidad de un movimiento y de un proceso sindical y social. Lo que determina son los contenidos, instalaciones, incidencias y proyecciones de lo que reivindican, defienden y promueven de manera permanente y sostenida los diversos sectores de asalariados y ciudadanos del país.

Ejemplos elocuentes de aquello son la huelga de trabajadores de Chuquicamata, el paro del Colegio de Profesores, las protestas de funcionarias de la educación inicial, la movilización nacional por la Salud digna, las marchas de pobladores sin casa, las multifacéticas protestas feministas, los paros de advertencia y actos participativos de empleados del sector público, la continua lucha del pueblo mapuche, las movilizaciones de organizaciones medioambientalistas, las expresiones de los estudiantes.

A final del día, todo ello da cuenta de deficiencias estructurales e institucionales del modelo económico e institucional imperante en el país, de la situación de precariedad de diversidad de sectores de la sociedad, de un mal vivir que afecta a millones de personas, de las insuficientes respuestas del Estado y de la desidia y egoísmo del sector privado monopólico.

No es menor que el país asiste a una serie de huelgas, paros y movilizaciones, cuando se conocen datos del aumento de caudal de los multimillonarios del país, cuando crecen las utilidades de los consorcios financieros (incluidos los de las AFP e Isapres) y cuando se sabe que hay recortes al gasto público social y se quiere recaudar menos para las finanzas fiscales.

Toda transformación requiere de un proceso caracterizado por la diversidad en espacio y profundidad. No es de la noche a la mañana que cambia un modelo de desarrollo o que se pone fin a una institucionalidad. Pero es claro que la continua expresión del pueblo organizado y de sectores conscientes de la sociedad, siguen apuntando a una realidad de injustica e inequidad en Chile que, de repente, se expresa en enojo, protesta, exigencia, junto a propuestas para avanzar por otros carriles.

Lo ocurrido con asalariados del sector público y privado en los últimos meses y con movimientos de la sociedad civil, persisten en poner sobre la mesa del país, la necesidad de seguir avanzando en transformaciones, en mejoras, en derechos, en beneficio de la inmensa mayoría de chilenas y chilenos.