Las huelgas y movilizaciones de trabajadores de Chuquicamata y Walmart, de los profesores, y las incapacidades del gobierno.

Juan Gajardo

 Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

30/06/2019. La persistencia del señor Piñera en una conducta chapucera como representante del Estado de Chile en política exterior, tuvo una nueva expresión en la reciente visita oficial a la siempre conflictiva zona de Medio Oriente. Más allá de lo anecdótico, esta actuación da cuenta de lo desprovisto que está este gobierno de una visión proyectiva de Chile en el ámbito internacional, cuando se están produciendo acelerados cambios en las relaciones multilaterales y una nación pequeña como la nuestra no puede seguir adscribiendo a alineamientos de los tiempos de la guerra fría, superados por la historia, pero además en lo formal, con una grosera desprolijidad.

El gobierno tiene márgenes mayores de maniobra por la incapacidad de los diferentes sectores de oposición de generar articulaciones básicas entre ellos. El letargo opositor se explica por la conducta de la temporal dirección de la DC de entender su “camino propio” como una compulsiva necesidad de lograr acuerdos con el gobierno -reedición de una política de los consensos de los 90 del pasado siglo, aunque ahora con la derecha en el gobierno-; por el marasmo en que se encuentra sumido el PS luego de sus elecciones internas y sobre todo producto del reportaje del canal de Luksic en la comuna de San Ramón vinculada a este proceso electoral; porque un conjunto de partidos y movimientos agrupados en el Frente Amplio están sumidos en definiciones orgánicas y políticas esperando más que nada validarse como referente político en las elecciones municipales del próximo año, todo lo cual en definitiva genera este cuadro, en el que la derecha se puede dar el lujo de cometer errores y aberraciones. En este panorama, la minuta entregada por los partidos Comunista, Progresista y Federación Regionalista Verde como Unidad para el Cambio al ministro Chadwick, se constituye en una plataforma desde la cual construir posiciones opositoras comunes.

La urgencia de movilizaciones sociales como la de los trabajadores de Chuquicamata y de los profesores, asalariados en ambos casos que cuentan con mayores beneficios que el común de los trabajadores del país, por demandas que trascienden el factor exclusivamente económico, da cuenta de la latencia de situaciones a enfrentar con una mirada de futuro y no refugiándose en la represión como respuesta central, cual lo ha hecho este gobierno. Al igual que el conflicto que se aprestan a iniciar los trabajadores de Walmart (supermercados Líder), el trabajo bajo nuevas condiciones no puede implementarse a costa de los trabajadores. La vinculación de la militancia del Partido Comunista con estos movimientos no es algo circunstancial, responde a una tradición histórica de solidaridad con los trabajadores en huelga, pero también a una necesidad de integrar a nuestra política actual los requerimientos de los diferentes sectores del proletariado.

Y lo anterior no por graciosa concesión, sino por el convencimiento que cualquier transformación profunda de la sociedad, a la cual aspiramos, pasa por la participación de los movimientos sociales y como piedra angular de ellos, el movimiento sindical. A este movimiento sindical aportaron desde sus vidas tres significativos dirigentes obreros que fallecieron esta semana: Samuel Riquelme Cruz, nacido en la zona del carbón, ocupó diferentes responsabilidades y enfrentó desde un rol de dirigente partidario las represiones de González Videla y Pinochet; Eleazar Bascuñan Cisternas, quien desde las entrañas del territorio mapuche se integra desde muy joven a las luchas populares, sobreviviente de la dirección regional de Temuco el año 1973, jamás desmayó en la voluntad de destacar la importancia de los trabajadores en la construcción de cualquier proyecto de futuro y Andrés Chávez, antiguo dirigente de los trabajadores municipales, además de cuadro técnico, exiliado en Suecia. A ellos Honor y Gloria.