A través de estudio de las hojas de morera estudian la ruta migratoria que colonizó parte de Oceanía y el Sudeste Asiático hasta la Isla de Pascua.

Santiago. 26/06/2019. El poblamiento del Pacífico, ocurrido entre 3 mil y mil años atrás, fue una de las grandes hazañas de la humanidad dado que implicó la colonización de un territorio marítimo que abarca casi un tercio de la superficie del planeta. En esa gesta, una de las estrategias que usaron los antepasados de los actuales pueblos del Pacífico fue el traslado de animales y plantas económicamente importantes en las canoas colonizadoras. La finalidad era asegurar su supervivencia y reproducir su cultura. Esta estrategia, que se conoce como “paisaje transportado”, permitía enfrentar el hecho de que las islas cada vez más lejanas a un continente, se volvían cada vez más pobres en recursos naturales.

En tal sentido, los estudios han demostrado que dicho proceso migratorio y de colonización implicó el traslado de más de 70 especies vegetales y 4 especies de animales domésticos, originarios principalmente de Asia, Nueva Guinea e incluso América. El análisis de algunas de estas plantas y animales transportados han demostrado ser útiles para reconstruir estos movimientos migratorios e interacciones entre grupos de islas en el pasado.

Esta diversidad genética permite reconstruir las rutas de colonización de las islas, y rastrear el movimiento de los pueblos del Pacífico a través de animales transportados por los colonos del Pacífico, incluida la rata del Pacífico, los cerdos, los pollos y el perro.

Hacia fines de 2015, un equipo de investigadores de Taiwán y de Chile llamó la atención de la comunidad científica internacional al presentar pruebas que refuerzan la teoría de que Taiwán es la patria ancestral de los pueblos de Oceanía y el Sureste Asiático. El mismo equipo trazó recientemente nuevas evidencias sobre movimientos migratorios, a través del análisis genético de una de las plantas transportadas en la prehistoria desde Taiwán, hasta lugares tan remotos como Rapa Nui. El hallazgo fue publicado en la revista científica PLOS One y replicado en otras publicaciones de este tipo.

El estudio fue liderado por la antropóloga Andrea Seelenfreund, docente de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC) y la investigadora de la Universidad de Chile, Daniela Seelenfreund. Para el estudio fueron analizadas cerca de 400 muestras de hojas de plantas contemporáneas y de herbario de toda la región del Pacífico, desde Taiwán en el este de Asia, pasando por Nueva Caledonia, Fiyi, Tonga, Tahití, Hawái e Isla de Pascua con diversas herramientas genéticas.

La relevancia de este análisis radica en que, tradicionalmente, para comprender los procesos de poblamiento de una región, la investigación se ha realizado a través de la arqueología, la lingüística y más recientemente, de la genética humana. En este caso, adoptando un enfoque etnobotánico, el grupo de investigación eligió estudiar la estructura genética e histórica de una planta como la morera de papel (Broussonetia papyrifera) que fue una de las tantas plantas que viajaron de la mano de los humanos en el complejo proceso de colonización del Pacífico. Hoy, en Rapa Nui, se conoce a este arbusto como mahute y se utiliza allí, al igual que en todas las islas de Oceanía, como fuente principal de fibra para la elaboración de textiles de uso cotidiano y ceremonial.

Tras una huella vegetal y humana

Los análisis demuestran la existencia de una clara estructura genética en las poblaciones de morera de papel en Oceanía, a pesar que su propagación fue muy rápida en términos evolutivos (menos de 3000 años) desde su introducción en la región. Los investigadores también detectaron que las poblaciones de plantas actuales presentan menor diversidad genética que las muestras de herbario recolectadas antes del siglo XX. Por otro lado, la dispersión de esta planta presenta un patrón de oeste a este, concordante con los datos arqueológicos, lingüísticos y genéticos conocidos. Asimismo, estos centros de dispersión e interacción corresponden a los archipiélago de Tonga y Fiyi, otro entre las islas de Samoa, Wallis y Nueva Caledonia y finalmente las islas de Tahití, Hawái, islas Marquesas y Rapanui.

La profesora Andrea Seelenfreund, licenciada en Arqueología y Prehistoria de la Universidad de Chile y doctora en Arqueología de la Universidad de Otago, ha trabajado como arqueóloga durante gran parte de su carrera profesional con temáticas relacionadas con el pasado de Rapa Nui y el contexto cultural en el que se inserta. Al respecto, señala que en el proyecto original planteó preguntas relacionadas con la prehistoria de la Isla de Pascua y que los resultados actuales corresponden al Proyecto FONDECYT 1180052 titulado “The colonization of the Pacific mirrored throug the study of Broussonetia Papyrifera, a comensal plant species”

“Lo que queríamos era contrastar dos hipótesis arqueológicas sobre los orígenes de las poblaciones de Rapa Nui. Un aspecto importante de este proyecto inicial se relacionó con la posibilidad de utilizar un enfoque metodológico diferente para responder a preguntas tales como si la colonización inicial fue un único evento o una sucesión de eventos migratorios, además la dirección e intensidad de los contactos entre las islas después de la primera colonización”, aseveró la académica. Al mismo tiempo, señaló que la relevancia de este proyecto en 2008 fue la aplicación de este nuevo enfoque metodológico que se basa en el estudio de especies animales o plantas que han sido trasladas por los humanos en sus viajes migratorios ya sea en forma consciente o accidentalmente.

Según la especialista, la aproximación de nuestro país al estudio, parte desde Rapanui. “Me parece relevante que en Chile tengamos una mayor comprensión de la compleja historia de la gente que colonizó esta isla. Rapa Nui no es un punto aislado en el Pacífico, colonizado por extraterrestres, o que nos debiera interesar solo por su exotismo. Su gente tiene una larga historia y profunda conexión con poblaciones a lo largo y ancho del Océano Pacífico y son un ejemplo de colonización exitosa de los últimos territorios inhabitados de nuestro planeta”, sostuvo.

En un aspecto más amplio, la investigadora destaca otras líneas de trabajo como las que promociona el Laboratorio de Investigaciones Insulares (IsLab) de la Escuela de Antropología en la UAHC y que tienen como propósito fomentar, desde las ciencias humanas y un prisma interdisciplinario, la investigación enfocada en problemas especiales de las islas como la sobrepoblación, la interacción entre habitantes y su ambiente o el cambio climático.