No volveremos al privilegio de conversar con Hernán y sólo cabe expresar el dolor por la partida de un gran periodista, militante de izquierda.

Eduardo Contreras

Abogado

23/06/2019. Hasta diciembre de 1973, sólo sabía de Hernán Uribe Ortega que era un destacado periodista chileno, director del conocido periódico de izquierda Ultima Hora, co fundador con otro grande, Manuel Cabieses, de  la revista Punto Final y colaborador de varias agencias informativas, además de haber trabajado en algún momento con nuestro gran Pablo Neruda y de haber ejercido un cargo importante durante el desarrollo del encuentro de la UNCTAD de los años setenta en Santiago.

Pero a partir de esa fecha, recién ocurrido el golpe y asilados ambos en la embajada de Panamá en Santiago, pasó a ser uno de nuestros queridos amigos del exilio como lo fueron los que allí estaban o que llegaron en los días siguientes. Teothonio Do Santos, Sergio Ortega, Héctor Behm, Patricio Palma, David Baytelman, Luis Carrera, Alberto Martínez, Robinson Rojas, entre tantos y tantas que repletaban la casona de calle José Domingo Cañas que años después habría de transformarse en uno de los más tenebrosos centros de tortura de la dictadura de Pinochet y de la derecha chilena.

En esos días, más de un centenar de personas ocupó el lugar durmiendo buena parte de los asilados en el patio de la casa o al interior de la piscina luego de vaciarla. Hernán llegó a estar entre los asilados a pesar de haber sido detenido por los agentes de la dictadura,  salvándose sólo por un error de sus captores.

Desde el interior de aquella residencia Hernán y otros periodistas que allí estaban continuaban trabajando y se las ingeniaban de muchas maneras para hacer llegar sus notas a distintos lugares del mundo en que pudieran ser publicadas. Incluso Robinson Rojas, que se había desempeñado para la agencia XINJUA, logró ingeniosamente construir un aparato telefónico para lo cual usó una pequeña radioemisora a pila que habíamos logrado introducir al inmueble.

Una adecuada manera de mantener el ánimo en medio de tanta tragedia de aquellos días y de las que impotentes nos enterábamos a cada hora, fue jugar cartas y dominó y tratar de recuperar la calma. Aprendimos entonces las expresiones más originales para referirse a cada jugada o cada  momento de esos tranquilizantes juegos. Normalmente, era Hernán el autor de aquellos divertidos calificativos.

Concedida la posibilidad de salir del país, el primer destino fue Panamá en cuya capital fuimos instalados en el histórico Hotel Central. Allí permanecimos algún tiempo para luego tomar rumbos diferentes.

Coincidiríamos más tarde un tiempo en La Habana, Cuba y, sobretodo, años después en México, en donde Hernán Uribe junto a otros periodistas chilenos como Rodrigo Rojas o el “chico” Díaz, habrían de desempeñar un gran papel en lo que era la Federación Latinoamericana de Periodistas, la FELAP, con sede en la capital azteca y que se había fundado en 1976.

En México Hernán se desempeñó además en el campo de la educación, trabajando como profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Nos reuníamos frecuentemente allá por la Avenida Universidad en la llamada “Casa de Chile en México”, un espacio generosamente entregado al exilio chileno por el gobierno mexicano con el apoyo del Ministerio de Educación de ese país solidario. Los consejos y opiniones de Hernán, como las de otros experimentados profesionales chilenos -entre ellos don Luis Enrique Délano- contribuyeron a hacer posible diversas y valiosas publicaciones de notables compatriotas como el texto sobre las Fuerzas Armadas chilenas de Hernán Ramírez Necochea, o alguna de las novelas de Fernando Alegría.

Esa entidad cultural fue un punto de encuentro del exilio latinoamericano de aquellos países que sufrían las dictaduras de la época. Argentinos, uruguayos, brasileños, salvadoreños, guatemaltecos, eran quienes más participaban de las veladas culturales en las que en más de una ocasión el expositor fue Hernán Uribe.

El retorno a Chile, las complejidades de una sociedad diferente producto del acuerdo entre la dictadura y las fuerzas políticas de centroderecha, hasta hoy nos complicaron la vida a todos y ya no resultaba tan fácil disponer del tiempo para la amistad. Nos visitamos poco con Hernán lamentablemente. Hace poco más de un mes fue la última vez que hablamos. Esa vez sólo por teléfono y por un tema que nos une, el trabajo de la prestigiosa agencia cubana de noticias Prensa Latina para la cual el gran periodista colaboró siempre.

No volveremos al privilegio de conversar con Hernán Uribe y sólo cabe expresar el dolor por la partida de un gran periodista, militante de izquierda, y recordar aquellos tiempos de amistad.