na situación importante es que los partidos tengan conciencia interna del contexto histórico que vive la sociedad para establecer una política de alianzas situada en un marco programático.

Fernando Bahamonde

Profesor

12/06/2019. El multipartidismo en el sistema político chileno da cuenta de la una diversidad de posturas y posiciones políticas y por tanto ideológicas que tiene su origen en la fragmentación de múltiples sectores dentro de la elite en el siglo XIX y en el pasado siglo en los sectores populares que se constituyeron en paralelo organizando sindicatos y partidos de origen obrero.

Solo en dos momentos de la historia política chilena ha existido un gobierno de un solo partido, en el lejano 1856 a propósito de “La Cuestión del Sacristán” la coalición conservadora de gobierno se quebró dejando a Manuel Montt y Antonio Varas gobernando con el partido Nacional hecho a la imagen de los dos hombres fuertes.

En 1964 bajo condiciones electorales excepcionales el PDC se transformó en el mal menor para la derecha que apoyó sin condiciones la candidatura de Eduardo Frei Montalva frente al FRAP y Salvador Allende. En ambos casos estos gobiernos concluyeron con el partido de gobierno fragmentado con un nivel insostenible de acumulación de tensiones que se concretó en la pérdida de las mayorías electorales no logrando mantener el poder ejecutivo en la próxima elección. 

Esta realidad obliga a los partidos políticos chilenos a extremar las posibilidades para constituir coaliciones o alianzas que en el tiempo pueden volverse cohesionadas y coherentes con los propósitos que fueran capaces de trazarse. Una situación importante es que los partidos tengan conciencia interna del contexto histórico que vive la sociedad para establecer una política de alianzas situada en un marco programático que finalmente da la coherencia en el actuar político. De lo contrario el pacto será meramente electoral y tendrá un sentido instrumental en consecuencia dicha alianza tiene fecha de término en la próxima contienda electoral. Esto produce a su vez un sistema político disperso y frágil destinado a derrumbarse con la aparición de caudillos de ultima hora.

El pacto electoral, entonces, hay que diferenciarlo de la unidad política. La unidad es un principio de acción que requiere considerar las fuerzas propias y la de los aliados que no son circunstanciales porque el fundamento central de la unidad son bases programáticas que es lo que crea la cohesión entre diferentes y coherencia en la acción político social. Por otra parte, los aliados serán permanentes en clave política, hasta que se despliegue el cuadro donde se desarrollará el quehacer, además porque se entiende que los adversarios poseen un poder que no se puede enfrentar en solitario.

¿Qué debe ser la unidad para la izquierda y para aquellos que se consideran progresistas?

Un compromiso político-social y ético para derrotar a la derecha.

Político porque es necesario buscar los acuerdos programáticos para transformar la realidad institucional a la vez que desplazar al adversario. Las prioridades deben ser concretas y medidas en tiempo coyuntural y estructural para avanzar en posiciones de transformaciones posibles de lograr.

Social al tener presente las demandas que emanan de la organizaciones y movimientos sociales que serán el pegamento programático de la unidad política-social. Como parte de la transformación se debe tener presente que el mundo organizado en la sociedad chilena es ínfimo en comparación al mundo fluctuante de intereses particulares que se encuentra sin organización. La base es la transformación institucional-legal para modificar este estado de cosas con énfasis en el mundo de las y los trabajadores, en su gran mayoría precarizados.

Ético, porque los que los que someterán a los cargos de representación popular en las contiendas electorales debe ser los mejores, alejados de conductas reñidas con la probidad y que rompan el esquema presente de caudillos electorales que entienden la política como un mecanismo de ascenso para obtener poder personal. La unidad política, social y, consecuentemente, ética se sustenta en puntos de encuentro programático, por tanto, se construye en la diversidad de diferentes identidades partidarias.

En las circunstancias actuales es necesario ampliar la esfera política fuera de los aparatos de representación tradicionales ubicados en el Estado como poder ejecutivo y legislativo, lo cual no significa abandonarlos para desarrollar la lucha desde adentro del Estado para transformarlo, pero esta idea choca con dos cuestiones esenciales. Primero, el Estado a transformar posee límites institucionales-legales que aseguran su autopreservación no lejos de esta idea se encuentra el acuerdo de cambio institucional en que participa el ejecutivo, RN y PDC que pretende dotar de una capa de legitimidad a este tipo de Estado. Luego, hay que tomar en cuenta que el sistema político chileno es presidencial y el ejecutivo posee herramientas para sortear el congreso nacional donde la oposición es relativa mayoría este contexto produce un equilibrio entre ambos poderes del Estado, pero finalmente el gobierno de derecha tiene la iniciativa en todo momento. Este nivel de equilibrio se puede volver catastrófico si no se atiende ampliar la política fuera de los espacios institucionales.

La unidad en la diversidad se entenderá globalmente extendiendo la lucha política a la ciudadanía que es capaz de ser mayoría para transformar los límites institucionales-legales que permitan superar esta forma transitoria de Estado.