Afirmar que Michelle Bachelet fue una populista destructora de institucionalidad republicana, en la clásica nomenclatura de populismo, no sólo es una falacia, sino que una mala intención.

José Orellana

Académico Escuela de Ciencia Política y RR. II. Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA, USACH.

11/06/2019. A diferencia de lo que indican algunos comentaristas de la realidad nacional, la ex Presidenta Bachelet Jeria, sí contribuyó al mejoramiento del régimen político y, por defecto entonces, al fortalecimiento democrático de la institucionalidad republicana, ajustándola, a la realidad política, social y económica, postransicional indicarán algunos. Implicaría: a.- con la modificación de la ley electoral, un Congreso más representativo de la sociedad; b.- con la modificación de la ley de partidos, más democracia, en cuanto es posible contar con más organizaciones políticas, más transparentes y más inclusivas, a propósito de la incorporación paritaria de mujeres, entre otras; c.- con la modificación de la ley de Gobierno Regional, más descentralización a partir de la elección popular de Gobernadores Regionales, más otras consideraciones.¿Quedaron cuestiones por realizar sobre los mismos ajustes emprendidos?, es cierto, ¿qué no se tocaron otros ámbitos?, también es cierto. Que hubo negligencia política inexcusable, de no avanzar más (por ejemplo, en una nueva Constitución), a propósito de la mayoría parlamentaria que obtuvo la Nueva Mayoría, es un argumento falaz, toda vez que la mayoría formal, nunca fue una mayoría real, cuestión que acompañada con todo el caso CAVAL, impactó en las bancadas oficialistas de la época, desincentivando más apoyos para profundizar cambios.

Con lo anterior, ¿se avanzó en el mejoramiento de expresiones republicanas?, pareciera ser que sí. No es el ánimo de esta opinión avanzar en otras aristas, donde también se podrían sacar saldos positivos cuando de fortalecimiento de la República se refiere, entre ellos, Educación; junto con instalar la gratuidad como política pública, instaló el principio de Derecho Social de la misma, superando el de Bien de Consumo, siempre tan bien retratado por el actual presidente, cuando deja suelto su talante más comercial y empresarial en algunas declaraciones, cosa similar se vio con su ex ministro de educación, Sr. Varela. Algo parecido ocurre cuando se miran los avances de las leyes de transparencia, probidad y financiamiento de la cosa pública, que tras los escándalos de financiamiento ilegal de la política (PENTA y SOQUIMICH), emergieron acciones que vienen a fortalecer la institucionalidad de la República. Algunos efectos muy cotidianos de lo antes dicho se puede observar en las siguientes situaciones, todas provenientes del ámbito más político partidistas, donde las tres reformas políticas se sintetizan:

Hoy se es testigo, de cómo el Partido Socialista de Chile administra los efectos de su elección entre la lista de Álvaro Elizalde y Maya Fernández, donde acertados juicios indican que después de ésta, la geografía política interna del partido, cambió. Pareciera ser una opinión acertada en lo teórico, quedando ver cómo se concretará en lo práctico. Lo que interesa, es que todos los partidos del sistema político, en el interior de sus procesos, experimentan cuestiones similares. Entre ellos, la Democracia Cristiana, que por estos días realiza un ejercicio nutritivo a propósito de su mejor inserción social-territorial. Ello ha derivado en una actividad nacional, donde la DC busca conocer cómo la ven en cuanto partido político y plataforma de transformación social, siendo sus orgánicas comunales las convocantes a diferentes actores NO DCs a dar cuenta de cuáles son sus percepciones sobre el partido, respondiendo dos preguntas centrales ¿cómo nos veny cómo podemos servir mejor a Chile?

Por otra parte, desde el Frente Amplio, se ofrecen oportunidades diversas de ajustes entre las diferentes colectividades, en parte, por un tema legal, esto es, seguir vigentes como partidos políticos por medio de fusiones orgánicas, o bien, para buscar mejores plataformas que permitan enfrentar las siguientes elecciones subnacionales (locales y regionales) y nacionales (congresales y presidenciales). Por otra parte, el sector ha sido testigo de cómo se gestiona congresalmente el poder, desde los diferentes procedimientos en la tramitación de las leyes (trámites legislativos) y acusaciones e interpelaciones a ministros, hasta, el legítimo momento de articulación social y popular funcionales a medidas necesarias para avanzar en mayor justicia social. Tal cuestión puede explicarse a través del nuevo marco institucional político, el mismo que los instaló desde la elección subnacional del año 2016, el cual avanzó en la configuración de la coalición política Frente Amplio.

La derecha, hoy en el poder presidencial, más sus bancadas congresales y subnacionales (alcaldes, concejales, intendentes, gobernadores provinciales y consejeros regionales), relativizan sus contradicciones internas, en orden a capitalizar lo que más se pueda su proyección para un siguiente periodo. Pero, igualmente, se observan temprano las insinuaciones de Joaquín Lavín, Manuel José Ossandón, José Antonio Kast y ahora último Andrés Allamand, por ser los abanderados presidenciales del sector. En parte ello, podría explicarse por los ajustes institucionales del sistema político, que obliga a poco más de un año de instalado el gobierno de derecha sin complejos, pronunciarse ya, para enfrentar los siguientes desafíos electorales a los cuales se encuentran también conminados, aprovechando los comicios subnacionales para tales propósitos (es la mejor vitrina para los precandidatos nacionales, la que opera sobre institucionalidad ajustada). La bancada evangélica, instalada en Renovación Nacional, también puede explicarse en este nuevo marco referencial en el que se encuentra el sistema político y, en este sentido, las derechas sin complejos, han reaccionado incorporándola, con todas las incomodidades que ello implica, sobre todo cuando el gobierno, en algunos temas valóricos, logra una contradicción frontal con dicha bancada (aborto, reconocimiento de la diversidad sexual, matrimonio del mismo sexo, entre otros). La creación de EVOPOLI, también puede explicarse a través de esta nueva institucionalidad generada desde el gobierno Bacheletiano, no sólo son un partido vigente, sino que también, tienen significativa bancada congresal.

Así, todos los partidos que conforman el sistema de partidos y político en general, más la ciudadanía que formalizaagendas políticas, se encuentran en un momento de reacomodo(con todas las debilidades de la nueva institucionalidad comentada), pero de fortalecimiento institucional republicano, hecho que responde a la necesidad de trascender a la institucionalidad binominal, la cual, como se podrá entender, no es igual a que desaparezca del todo, tras la implementación del nuevo marco institucional del sistema político, teniendo en la última mal llamada Cuenta Presidencial, un reflejo evidente, de tal resistencia cuando el Presidente Piñera anuncia el envío de un proyecto de ley que apuntará a disminuir el número de diputados y el de senadores, a 120 y 40 respectivamente.

En esta perspectiva, interesa la prudencia analítica de los hechos. Afirmar que Michelle Bachelet fue una populista destructora de institucionalidad republicana, en la clásica nomenclatura de populismo, o bien, de neopopulismo, no sólo es una falacia, sino que una mala intención, ya que más allá de cualquier consideración conductual en el ejercicio de la política, cercana a ambas definiciones, no es igual a los resultados concretos que se pueden observar hoy por hoy, cuestión que la actual administración presidencial busca desmontar sin alternativas institucionales que efectivamente den luces de efectivo fortalecimiento republicano.