La cuestión de fondo, que Washington no puede ignorar, es la posición de China como principal productor en el mundo de tierras raras, cerca del 80% del total.

Fernando Reyes Matta. Ex embajador de Chile en China. 09/06/2019. En esto de la guerra comercial – cada día más contaminada de guerra fría – cada cual recurre a sus recursos de poder para consolidar posiciones. Estados Unidos dice que su fuerza militar es superior a todo lo existente. Y es verdad, tanto en lo tecnológico como en la cantidad de recursos y capacidad de desplazamiento y acción.

Es lo expresado por el Presidente Donald Trump desde Japón, en referencia directa a China. Pero, a su vez, desde Beijing se hace saber que el gobierno de Xi Jinping está considerando restringir las exportaciones a Estados Unidos de las llamadas “tierras raras”, esos 17 elementos químicos que son claves para la fabricación de electrónica de consumo y equipos militares.

Y allí vemos como los escenarios de las confrontaciones marcan diferencias mayores entre lo conocido en el siglo XX y lo que viene para el siglo XXI. ¿En qué medida la carencia de esas “tierras raras” debilita posiciones para el desarrollo tecnológico norteamericano? Según estudios recientes las empresas estadounidenses importaron cuatro de cada cinco toneladas de China en el período 2014-2017, y el pasado año sus compras subieron un 17%. La cuestión de fondo, que Washington no puede ignorar, es la posición de China como principal productor en el mundo de tierras raras, cerca del 80% del total. Las estimaciones disponibles indican que China extrae 120 mil toneladas anuales. Seguido de Australia y Estados Unidos, pero mucho más atrás que, en conjunto, suman en torno de 40 mil toneladas. Fuera de China también hay reservas importantes en Brasil, Vietnam y Rusia.

Así la cuestión de las “tierras raras” no es un tema menor para el desarrollo futuro de la tecnología norteamericana. Entre los más conocidos están el itrio y el escandio y un conjunto de 15 metales blandos conocidos como lantánidos. Se les localiza en forma de óxidos, y es habitual hallarlos en concentraciones reducidas. Las cifras señaladas dan cuenta hasta donde es fuerte la interdependencia de Estados Unidos y China en sus desarrollos futuros, a pesar de los John Bolton y similares. En ese marco, hay optimistas que suponen ver al final del día un acuerdo comercial entre ambos países. Ya veremos cómo se dan las cosas en Osaka donde, inevitablemente otra vez, el G20 girará en torno del diálogo del G2. Todo esto mientras se hace evidente que esta no es una guerra comercial sino una “guerra tecnológica” con la mirada puesta en quien será la potencia fuerte en inteligencia artificial, robótica y comunicación digital avanzada hacia mitad del siglo.

En 1992 Deng Xiaoping, padre de la reforma económica y el desarrollo actual de China, dijo: “Medio Oriente tiene petróleo, nosotros tenemos tierras raras” aludiendo al poder que tales elementos tendrían como el “oro negro” del siglo XXI. Dados los anuncios de estos días pareciera que no se equivocó.