En lo estructural, en lo grueso, el mandatario y el gobierno de derecha están sumando mal. Es más, están restando.

El Editorial. El Siglo. 02/06/2019. El discurso de cuenta a la ciudadanía del Presidente Sebastián Piñera está lleno de omisiones, engaños, insuficiencias, dilaciones, frustraciones y decisiones que apuntan a criterios regresivos y de daño a la salud de la democracia.

La lectura desapasionada de análisis, documentos y declaraciones que en estas horas emitieron centros de estudios, académicos, especialistas, parlamentarios y dirigentes políticos, sobre la Cuenta Pública del mandatario, así lo indican.

Se podría sintetizar en algunos ámbitos. No hacer referencia al fracaso del Plan Araucanía, con el asesinato de Camilo Catrillanca de por medio, y de la Consulta Indígena; alterar el acuerdo sobre la administración del 4% adicional de cotización al que había llegado con legisladores democratacristianos y radicales; insistir en una reforma previsional que sigue potenciando a las AFP y que en realidad no aumentará lo necesario las pensiones y otra que establece regresión y precarización laboral con la fachada de “modernización”; hacer aparecer como logros propios, decenas de programas que vienen de la administración de Michelle Bachelet, sobre todo en cuanto a beneficios para sectores sociales medios; querer echar para atrás la diversa representación parlamentaria que ha beneficiado la representación ciudadana, volviendo al sistema binominal restrictivo; poner sobre la mesa medidas represivas y repetitivas en materia de seguridad ciudadana y juvenil, antes que proyectos preventivos y de integración social; esquivar la frustración de mal crecimiento e inversiones y aumento del desempleo.

Ciertamente que el discurso del Presidente Piñera contempló materias positivas -si se llevan a cabo- como en transporte (tren entre Regiones Metropolitana y Valparaíso), avances institucionales para combatir la corrupción y algunas iniciativas en beneficio de segmentos de la población.

Pero en lo estructural, en lo grueso, el mandatario y el gobierno de derecha están sumando mal. Es más, están restando. El país no marcha, como afirman ellos, sino que retrocede.

Eso, sin eufemismos, significa que esta administración, que es de la derecha y sus aliados de siempre o eventuales, quiere reposicionar un sistema autoritario (no olvidar que en este discurso y en otros hay cero alusión a caminar hacia una nueva Constitución) y frenar todo derrumbe del modelo neoliberal.

Más allá de cuestiones específicas, anecdóticas y parafernalias, la Cuenta Pública graficó quiénes están gobernando, cómo lo están haciendo y hacia donde quieren ir.