La suerte siempre se encuentra parcialmente echada. Lo cierto es que las placas tectónicas de la política chilena se comienzan a ajustar para acumular más tenciones.

Fernando Bahamonde

Profesor

24/05/2019. Aunque habría que añadir que no es cosa de suerte, sino de comportamiento político y que obedece a rasgos históricos de conducta de algunas colectividades en la paulatina configuración del cuadro que recién se está estructurando luego de la derrota de la Concertación el 2010.

Los partidos que fueron integrantes de la Concertación y, luego de la Nueva Mayoría y que tradicionalmente se han autodenominado de centro como el PDC y PR, han perdido sus bases reduciendo la política a elecciones internas para que esas mesas en ejercicio negocien candidatos, para elecciones locales, regionales y parlamentarias. Donde se produce una nueva reducción de la política al ámbito del congreso nacional y nuevas rupturas con sus bases y las mesas de dirección de estos partidos y sus representantes en el parlamento que finalmente terminan por representarse así mismos. Perdido el centro negocia con el gobierno de derecha aprobando proyectos de ley que en su tramitación pueden traer beneficios particulares para los negociadores. De mantenerse esta conducta colaboracionista del PDC y PR, serán absorbidos por la derecha en una potencial Concertación 2.0 de centro-derecha.  Cabe sostener que, frente al neoliberalismo reinante estructuralmente a través del modelo económico, social y político vigente, es imposible la existencia de un centro amortiguador y capaz de maquillar el modelo y a la vez poder contener a una derecha que está desatada en profundizar las contradicciones que afectan a la mayoría de la población en beneficio del empresariado y de manifiesto en sus diferentes PDL.

A su vez el PS enfrenta una lección interna el próximo domingo 26 de mayo en muchos aspectos será determinante. Entendiendo la vida interna de esta colectividad posee un sinnúmero de facciones que pueden estar determinadas por perfiles ideológicos y, eventualmente, por la presencia de caudillos de lotes, parece ser que lo que hoy está en disputa dentro del socialismo chileno es desarrollar un ideario y práctica política socialdemócrata al estilo Concertación 1.0 emulando al PSOE o, por otro lado, volver a izar la bandera allendista de acuerdos amplios con la izquierda y fuerzas progresistas.

Un poco más compleja es la situación dentro del Frente Amplio que deberá definir situaciones internas dentro de sus partidos que al poco andar ya tienen facciones que se enfrentan por los liderazgos. En general dentro de este conglomerado encontramos liberales, socialdemócratas, izquierdistas de nuevo tipo y un amplio espectro ideológico de difícil definición.  Una de las primeras cosas a precisar es continuar un camino propio que implica renunciar al diálogo con otras fuerzas opositoras a la espera que el cuadro político decante sólo para que “se agudicen las contradicciones” por sí mismas con la caída de la derecha y las instituciones para aparecer como una alternativa real de gobierno con alguno de sus liderazgos, pero para que ello ocurra la derecha deberá gobernar a lo menos dos periodos consecutivos. Esta espera del camino propio, desde ya, parece como irresponsable frente a los millones de chilenos que sufren día a día la precariedad.

Una segunda alternativa es que el FA se abra al diálogo con otras fuerzas de oposición, partiendo desde un punto básico que es hoy cumplir un estricto rol de oposición en el parlamento rechazando los PDL del ejecutivo, para luego avanzar en acuerdos programáticos y, finalmente, acuerdos electorales para enfrentar a la derecha.

A su vez la derecha en el ejecutivo, una de las múltiples derechas, en este segundo año torpedea el congreso bajo la línea de flotación de la oposición hundiendo como se señaló al PDC y PR. Este escenario nos hace pensar de la futura constitución de un nuevo conglomerado político. Comunicacionalmente la derecha utiliza su artillería para desbaratar la negativa de la oposición para legislar proyectos de ley apelando a conceptos como: patriotismo, sentido común y reiterando la acusación de ser extremadamente ideológica a la oposición que perjudicará a la “clase media” este puede ser el escenario de la próxima cuenta pública presidencial del 01 de junio.

La derecha fuera del gobierno prepara sus nombres para las futuras contiendas electorales, en especial, la próxima elección presidencial. Los nombres a disposición esperan la necesaria figuración en las encuestas para desplegar el populismo posmoderno o líquido de Lavín que atiende los “problemas reales de la gente”, el populismo patronal asistencialista de Ossandón y el populismo neofascista de Kast. Todos estos populismos son peligrosos y se alinearan en su momento para lograr el triunfo o evitar la derrota en toda la línea, evitar la derrota total significa que aun perdiendo la elección presidencial el modelo vigente mantendrá el consenso y que la derecha será su fiel guardián desde el congreso.

La suerte siempre se encuentra parcialmente echada. Lo cierto es que las placas tectónicas de la política chilena se comienzan a ajustar para acumular más tenciones. La articulación política de la derecha con otros partidos otrora opositores augura un futuro de dos o tres periodos presidenciales de este sector. En lo inmediato implica sostener con fuerza en la oposición la noción de responsabilidad política para el futuro del este país, más allá de limitarse a contener a la derecha se trata de desarrollar programáticamente un conjunto de transformaciones que puedan cambiarle la cara a la sociedad chilena. Porque la política más que el arte de gobernar es la capacidad de coincidir para poder transformar la realidad, pero ello no es cosa de suerte, sino de profundas convicciones en las capacidades transformadoras de las mayorías. Se debe recordar a aquellos que están dispuestos cruzar el Rubicón hacia la derecha, por acción u omisión, que no hay vuelta a atrás.