La periodista Andrea Aristegui, ahora en el Mega, prestándose a la chacota de “Mucho gusto” con personajes que no vale la pena ni siquiera nombrar.

José Luis Córdova

Periodista

20/05/2019. Aparte de indignarnos a menudo por el bajo nivel, la poca creatividad y la pobreza intelectual de la producción televisiva chilena, también es penoso el rol que van asumiendo profesionales de la información impelidos a prestarse a participar en la farándula local o simplemente incorporarse como panelistas a matinales y late shows nocturnos de dudosa calidad. Incluso hasta modelar o actuar en spots comerciales. ¿Sólo para hacerse un sueldo tan bueno que tenían?

Es el caso -por ejemplo- del otrora brillante conductor y entrevistador Iván Núñez, reciente “adquisición” TVN tras un sólido comportamiento en CHV. Es patético verlo ahora sentado entre “rostros” que comentan las cuestiones más baladíes o simples montajes como los velorios narcos, donde compartió con René de la Vega, alcalde de Conchalí, el nunca bien ponderado intérprete de “Chica rica”.

Otro caso lamentable es la periodista Andrea Aristegui, ahora en el Mega, prestándose a la chacota de “Mucho gusto” con personajes que no vale la pena ni siquiera nombrar. Caso aparte es la insólita presencia del alcalde de Las Condes Joaquín Lavín y del ex multiministro Francisco Vidal, habituales panelistas de Canal 13, para comentar tonteras en el programa “Bienvenidos”. Algo parecido ocurre con el senador Manuel José Ossandón, otra vez en el Mega. Pareciera que ya están en campaña electoral aunque todavía no corresponde.

También es una pérdida la del prometedor profesional Jean Philippe Crettón relegado a comparsa de los “rostros”, mientras René Naranjo hace un penoso espectáculo como jurado en el programa-concurso “Yo Soy” en CHV, sin mayores conocimientos ni capacidad para evaluar a noveles cantantes.

En tanto, conservan su dignidad, entre otros, Ramón Ulloa, Mauricio Bustamante, Carolina Escobar, Soledad Onetto y Constanza Santamaría,  mientras que Macarena Pizarro insiste en forjarse popularidad más como modelo en spots publicitarios que como conductora de programas informativos.

Un punto aparte merecen Mónica Rincón, Daniel Matamala, Catalina Edwards y José Antonio Neme, obnubilados por las “fake news” que reciben sobre todo de la realidad que se vive en Venezuela,  tomando partido por la intervención desde el exterior a toda costa.

Otros que han perdido el rumbo o han visto demasiado acotados sus roles profesionales son Montserrat Álvarez, Mauricio Jürgensen y Julio César Rodríguez, confinados a panelistas en programas claramente faranduleros.

Varios de estos “periodistas”, realmente pasaron cinco años estudiando en universidades públicas o privadas y son licenciados en comunicaciones y periodistas. Es decir, incluso pueden impartir clases de periodismo ¿Y la ética? Pareciera que vamos cuesta abajo en la rodada.