En el reciente Pleno del Comité Central del PC, junto con un diagnóstico, se trazaron cambios y énfasis tácticos, así como esfuerzos principales para el Partido y la Juventud.

Juan Andrés Lagos

Encargado de relaciones políticas del Partido Comunista

08/05/2019. La decantación de las tendencias políticas y sociales en curso, es una realidad objetiva.

Hay dos cuestiones simultáneas que inciden en ese proceso:

1) La correlación de fuerzas a nivel regional y mundial, que enfrenta cada vez con más intensidad al imperialismo norteamericano y sus socios eurocentristas, con los bloques de naciones emergentes y las potencias mundiales que empujan el multilateralismo, la integración, el respeto al derecho internacional, la paz y el diálogo como formas de relación entre los estados.

La base material de esta confrontación es la crisis latente del capitalismo transnacional, en su forma especulativo-financiera, y su pérdida relativa de la dinámica económica, que los lleva a tratar de superar esta crisis con el control directo de las riquezas energéticas y naturales del mundo, y la generación de una hiper explotación del trabajo humano, como siempre, para generar mayores tasas de plusvalía, en el estricto concepto de clases marxista.

La miseria de este escenario no se esconde en las clases dominantes, y buscan tomar la ofensiva política explicitando sus objetivos brutales.

2) Las clases, en sus expresiones políticas, buscan asentamientos correspondientes a las tendencias mundiales, y a sus intereses locales y nacionales. En Chile, es cada día más evidente que las tendencias políticas en curso, se enfrentan y confrontan a partir de este escenario objetivo:

  1. A) Quienes están por la defensa completa y total del neoliberalismo en esta fase concreta; por su fortalecimiento; por eventuales reformas que hagan estable la gobernabilidad neoliberal, incluso con agendas aparentemente “progresistas”.
  2. B) Quienes estamos por la superación del neoliberalismo en su expresión concreta, hoy, y por tanto por un nuevo estado que demanda, necesariamente, un nuevo modelo de desarrollo a escala humana, con integración bilateral y multilateral, en el marco del reconocimiento de las asimetrías entre estados nacionales.

El reconocimiento de expresiones de clases, y sus correlatos políticos, que se encuentran en un campo en disputa entre las fuerzas principales, es un dato muy relevante para las alianzas tácticas y estratégicas. Y no es menor porque esos fenómenos se dan entre partidos, e intra partidos también. Así como se reflejan en las tendencias electorales y en las expresiones diversas de los movimientos sociales.

Perder la centralidad y direccionalidad de los esfuerzos principales, puede llevar, sin duda alguna, a derrotas estratégicas.

Sostener la centralidad y direccionalidad en relación a los objetivos referidos a la superación del neoliberalismo, y ubicarnos en el campo de las correlaciones de fuerzas que están por enfrentar la ofensiva imperial, directamente, implica asumir el real escenario de la lucha de clases.

No es una reiteración de una premisa histórica, que puede ser tautológica si no se lleva a la realización práctica de la política partidaria. Es simplemente una necesidad urgente del momento histórico: Chile necesita para esta fase de correlaciones de fuerza un sujeto principal de mucho más calado; intensidad; incidencia; con una creciente capacidad de alianzas y disputas por hegemonías: Ese sujeto son las y los trabajadores del país, en toda su expresión y diversidad. Hay un gran potencial allí, pero se requiere mucho más.

Uno de los objetivos más retrógrados de la “democracia representativa” que emana de la fatigada transición pactada, vigente hoy, es contener la emergencia del sujeto principal y el protagonismo popular, para sostener a su vez el poder político en fuerzas políticas sistémicas. Dicho de otra manera, frenar cualquier intento estratégico de cambio social que venga desde el Pueblo y las y los trabajadores. No ver esto o reducir su funcionalidad política, para el proyecto de clases dominante, es un error de magnitudes.

Chile tiene, en la región, el más alto índice de no participación en  procesos electorales institucionales, en donde se delega representación. Y los índices no son mucho más altos en organizaciones sociales y de la sociedad civil. Las clases y elites dominantes se sienten cómodas en este escenario. Más cuando tienen bajo control total, un sistema de medios que opera para ellos. Por eso, desde hoy, se necesita bregar por una democracia participativa en la que el poder político efectivamente se radique en el Soberano: El pueblo.

Ni las luchas sociales, ni las elecciones que se vienen, ni la lucha ideológica, están al margen de lo antes descrito.

En el reciente Pleno del Comité Central del PC, junto con un diagnóstico, se trazaron cambios y énfasis tácticos, así como esfuerzos principales para el Partido y la Juventud. Es tarea del conjunto de la militancia asumir con máximo esfuerzo esta tarea, que tiene tiempos políticos, e históricos, bien definidos.