Los títulos, las autoinvestiduras de nada sirven. Es hora de hacer el gran y radical giro.

Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado

07/05/2019. Hace bien como sociedad y por razón de profilaxis mental, cada cierto tiempo revisar hábitos, costumbres y conceptos. De esa manera es posible saber más y mejor de nosotros mismos – o aproximarnos a ese necesario conocimiento – como ciudadanos residentes en esta hermosa extensión territorial. Todo…,esta sociedad que se ha construido, el Estado como aparato y las prácticas instaladas, han de ir al quirófano para su exégesis por medio del más riguroso bisturí analítico.

Se trata de auscultar bondades, virtudes, desechar y corregir, finalmente dejar lo bueno y eliminar lo nocivo, el pus que corroe. Es una especie de introspección social-sanitaria hasta dar con los hallazgos.

Hemos, por ejemplo, coexistido con vocablos y conceptos por años, por no decir siglos, que de tanto usar van perdiendo el sentido, además por su inadecuación entre el original significado de las palabras y la realidad práctica. Es lo que sucede con los términos : ilustre, honorable y dignatario. Existen otros, pero por ahora los mencionados.

Se asigna ‘ ilustre ‘ a quien procede en su vida pública con valores de alta estimación, por eso insigne, célebre. Con mayor pureza polisémica es quien ilumina, el que proyecta luz. Se atribuye a personas y también a instituciones. Se habla de la ‘ Ilustre Municipalidad de …’. En algunos casos se emplea hasta el superlativo ‘ Ilustrísima ‘, para designar a las Cortes de Justicia.

‘ Honorable ‘ es aquella persona también del ámbito público digna de ser honrada por sus altos o ejemplares méritos. Se usa particularmente en Chile referido a los parlamentarios, es un tratamiento entre pares.

‘ Dignatario ‘ es quien está investido de cualidad o suma excelencia, o cuyo comportamiento raya en el decoro, por lo tanto dotado de autoridad. En el ámbito religioso – arzobispos y obispos – reciben tal denominación; también en las esferas castrenses se ha empleado tal categoría.

Un asunto es la teoría y otra la realidad práctica. Es la enseñanza de la vida : palabra y acto es lo que manda, lo que define. Nuestro país cada día se ve estremecido en su esencia por los más diversos acontecimientos que cuestionan y derriban los citados nobles conceptos en comento. Las instituciones son mancilladas por acción humana. Son las personas, las llamadas ‘ autoridades ‘ las que pierden crédito ante la sociedad. Se dice que Chile es el país de las desconfianzas. ¿ Ubi sunt ?… ¿ Dónde están los ilustres, los honorables, los dignatarios ? Siempre hay y habrá excepciones, las mínimas. Los países, las sociedades caen, sucumben, se autodestruyen cuando no frenan los abusos, las injusticias, el nepotismo, la corrupción. Los títulos, las autoinvestiduras de nada sirven. Es hora de hacer el gran y radical giro.