Chile convertido en espacio de operaciones de los golpistas venezolanos. El escándalo comunicacional en el país que incluye personeros de la ex Concertación.

Gonzalo Magueda. Periodista. 30/04/2019. Amistades y familiares del ultraderechista venezolano Leopoldo López tomaron contacto privado con funcionario de la embajada de Chile en Venezuela (la cual está monitoreada desde la Cancillería por personal que respalda a la oposición en ese país) y supieron que las autoridades chilenas estaban dispuestas a darle refugio al dirigente prófugo y parte de su familia.

Mientras tanto en Chile, desde partidos de la derecha se alentó a grupo de venezolanos ultraderechistas a que fueran a manifestarse agresivamente ante la embajada de Venezuela en Santiago, quienes durante horas generaron situaciones tensas, lanzaron epítetos contra el Gobierno de ese país y la izquierda chilena, usando el territorio chileno para actividades desestabilizadoras respeto a la situación interna venezolana.

La autonombrada representante del golpista Juan Guaidó, Guarequena Gutiérrez, quien es una especie de anomalía diplomática, confesó que durante todo este martes estuvo en contacto con el Canciller de Chile, Roberto Ampuero, y que junto a personeros de otros gobiernos de derecha que respaldaron el intento de golpe de Estado, incluido Estados Unidos, “logramos” que se efectuara una reunión del ultraconservador Grupo de Lima para ver la manera de apoyar la asonada conspirativa en Venezuela.

Todo en el marco del respaldo que le dio el Presidente Sebastián Piñera al intento de golpe de Estado encabezado por Guaidó. “Quiero reiterar absolutamente nuestro sólido apoyo al Presidente democrático de Venezuela, Juan Guaidó”. El mandatario calificó de oposición que “se ha expresado en todas sus formas” la asonada efectuada este martes por un grupo de la ultraderecha venezolana que incluyó que Leopoldo López saliera del arresto domiciliario al que estaba condenado por la Justica de esa nación.

Ya en la tarde el respaldo se concretó de manera más sólida, cuando Piñera instruyó al Canciller Ampuero para que se diera la calidad de “huéspedes” a López, su esposa y familiares. Este personaje estaba procesado y condenado por organizar el golpe de Estado en contra del ex presidente Hugo Chávez, y por “instigación pública” a la violencia en manifestaciones de 2014 que dejaron más de 40 muertos.

La decisión de Piñera pone a Chile en el centro de la controversia venezolana, tomando partido por el sector opositor y aceptando de “huésped” -sin que se deseche que le dé asilo- a un dirigente político ligado a asonados golpistas y sucesos de violencia política.

El tema es que López es un prófugo de la Justicia (siempre se le siguió un proceso judicial abierto), tiene vínculos con grupos violentos y de ultraderecha y Chile aparece protegiéndolo después que violó el arresto domiciliario.

Por lo demás, este personero en vez de integrarse a los grupos opositores, decidió ocultarse en el embajada chilena, lo que demostraría que no tenía apoyo ni siquiera para permanecer en algún punto de Caracas y otra ciudad, protegido por esas “fuerzas” y esos sitios que la oposición de Guaidó dice tener.

En tanto para La Moneda y la Cancillería es vital estar coordinándose con Guarequena Gutiérrez, para establecer caminos de respaldo a Guaidó y a ese sector ultraconservadores y antibolivariano que opera en Venezuela.

Hace tiempo que Piñera, peligrosamente, se alejó de los criterios de Naciones Unidas y entró en confrontación con la postura de gobiernos como los de México, Rusia, Uruguay, China, India, Grecia y de naciones africanas y asiáticas respecto a mantener una tesis de no injerencia y respeto a los asuntos internos de los venezolanos.

En este marco, la derecha chilena está apoyando las actividades agresivas, violentas y que inclusive podrían violar las leyes migratorias, de venezolanos ultraderechistas que están actuando en las calles chilenas.

El escándalo comunicacional

Y en medio de todo esto, desde el Gobierno y partidos de la ex Concertación, se estuvo hablando todo el día de “un alzamiento” en Venezuela y no de golpe de Estado. También se quiso establecer que “hay incertidumbre” de lo que ocurriría, y que Leopoldo López “fue rescatado”. En ese mismo tono estuvieron expresándose casi todos los medios de prensa de Chile que inclusive en un momento parecían estar en una especie de cadena nacional mostrando las mismas imágenes y los mismos relatos, como si la oposición venezolana estuviera a punto de derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro.

Periodistas chilenos, al igual que personeros del Gobierno y de la ex Concertación hablaron durante todo el día de la posibilidad de triunfo de la “Operación Libertad” de Guaidó, insistieron en que era “presidente encargado” y por tanto estaba efectuando su accionar en el “marco constitucional”. Cuando estaba en desarrollo la parte más tensa del intento de golpe, el ex Canciller Heraldo Muñoz, que pertenece al Foro de Política Exterior que crearon hace poco dirigentes de la ex Concertación, dijo que si las fuerzas armadas venezolanas se sumaban al golpe -o “alzamiento” como él lo definió- significaba que habría una “solución pacífica” en Venezuela (sic).

Para varios medios tradicionales chilenos, editores y periodistas de diarios, radios y televisión, lo de Venezuela se trató de “una tensa jornada”, de “horas críticas para (Nicolás) Maduro”, y de “represión” de fuerzas policiales. No existieron términos o definiciones como “golpe de Estado”, “desestabilización de un Gobierno”, “operación en contra de un Presidente”, y menos se habló de las acciones de fuerza y peligrosas desarrolladas por un grupo de militares y militantes de ultraderecha. Durante la mañana se mintió decidiendo que estaba tomada la base La Carlota y que salía la gente a la calle a respaldar la caída de Maduro.