Hoy campean José Luis Reppening, Soledad Onetto, Constanza Santa María, Gonzalo Ramírez y otros pocos que pueden emitir juicios breves y gracias a su aspecto físico caben también en el perfil de “rostros”.

José Luis Córdova

Periodista

29/04/2019. Parafraseando a una antigua revista satírico-política de los años 40 (precursora de “Topaze”) (“Caras y Caretas”), hoy puede decirse que en las pantallas de la televisión abierta vemos “rostros” y también caretas. Rostros se llama a los personajes más destacados que aparecen en cada canal, pero bien sabemos que muchos de ellos -y ellas- son más bien caretas.

Hubo un tiempo -que se va alejando gracias al ímpetu del movimiento feminista- que para pararse ante las cámaras, una joven profesional debía cumplir ciertos cánones estéticos, incluso colores del cabello y los ojos claros para merecer participar en un casting -no sólo para teleseries sino también para los noticiarios, el informe del tiempo y, naturalmente, los famosos realitys y late shows.

Las exigencias incluían rango etario, peso y altura -sobre todo de las postulantes- aunque algo parecido enfrentaban también los varones. Se llegó al exceso -sobre todo en Canal 13 antes de la venta al grupo Luksic- que las periodistas tenían que venir de la escuela de periodismo de la Universidad Católica y de preferencia de la enseñanza media, al menos de Las Ursulinas, el Villa María Academy y otros establecimientos educacionales privados. Rubias, espigadas, las llamadas “pelolais” en lenguaje coloquial de entonces.

Los “rostros” varones eran impertérritos lectores de noticias, herederos del César Antonio Santis, Bernardo de la Maza y otros, presumiblemente ascepticos, sin opiniones y meros transmisores de mensajes elaborados por otros tras las cámaras.

A mediados de los 90, las cosas empezaron a cambiar y aparecieron conductores de noticiarios a los que se les permitían, sonrisas, cara de circunstancias y hasta breves comentarios, apostillas a las noticias, sin exageraciones. Son los tiempos de Ramón Ulloa, Mauricio Bustamante, Macarena Pizarro y otras.

Con el tiempo, la autorización para comentar informaciones se extendió a personajes como Mónica Rincón, Consuelo Saavedra, Iván Núñez y, el colmo, fue la total apertura para emitir opiniones para “rostros” como Daniel Matamala (hoy connotado columnista), los inefables Matías del Río y José Antonio Neme. La destacada periodista Andrea Aristegui fue la última víctima de procedimientos ya desterrados al separarla de “Estado Nacional”, donde cumplía un excelente desempeño, por enfrentarse nada menos que al ex político y estanciero austral Carlos Larraín. Estos “rostros” -como se sabe- corrieron distinta suerte y calificación de la teleaudiencia en su debido momento.

Hoy campean José Luis Reppening, Soledad Onetto, Constanza Santa María, Gonzalo Ramírez y otros pocos que pueden emitir juicios breves y gracias a su aspecto físico caben también en el perfil de “rostros”.

Lamentablemente ello los lleva, además, a comprometerse en espacios de farándula donde echan por tierra sus imágenes de personas serias y responsables. Las caras se convierten en caretas.