Abrigo la esperanza que este desastre logre reforzar la convicción de tener un instrumento legal capaz de garantizar la debida protección y mantenimiento de nuestro escaso, pero rico patrimonio arquitectónico.

Miguel Lawner

Arquitecto

16/04/2019. En estos momentos arde uno de los más bellos monumentos históricos de la Humanidad: la Catedral  Notre Dame de París.

Las escenas que transmite la televisión son estremecedoras. Ver desplomarse su aguja central me angustió. ¿Cuántos destrozos habrá originado al interior solo esta caída?

¿Cómo es posible que uno de los países más avanzados del mundo, no haya podido impedir semejante catástrofe?

Hemos perdido sus maravillosos vitrales y sus rosetones, construidos con técnicas imposibles de repetir hoy día. Hemos perdido las robustas estructuras de madera de sus naves. Hemos perdido la historia del cristianismo, relatada según la visión de la Edad Media, en cada uno de sus vitrales, rosetones, capillas y murales. Hemos perdido la estructura de su techumbre, cada una de cuyas vigas, según recuerdo, fueron construidas con un árbol entero de roble.

Durante mi infancia en el barrio Matta-Portugal, bautizamos como la casa misteriosa, la situada en la esquina sur oriente de Avenida Matta con calle Cuevas, de tres pisos de altura y un espigado torreón de base poligonal. Nunca pudimos averiguar el origen de sus moradores hasta que un día el guatón Matamala, uno de nuestros compañeros de juegos, aseguró haber visto salir de la casa al mismísimo jorobado de Notre Dame, conforme a la versión cinematográfica de la novela escrita por Victor Hugo con el nombre de Nuestra señora de París, interpretada magistralmente por el actor Charles Laughton, en la cual, un jorobado con el nombre de Quasimodo, se enamora perdidamente de una gitana de nombre Esmeralda.

Con Anita visitamos por primera vez Notre Dame el año 1955. Permanecimos una mañana entera disfrutando con tantas hermosas e inigualables obras de arte, deteniéndonos en cada una de sus capillas, en cada uno de sus vitrales, en el coro, admirando el tallado delicado de sus puertas de madera. Subimos ya no recuerdo cuantos peldaños hasta llegar al más alto balcón al cual es posible acceder. Desde allí tomamos una foto de la esbelta aguja central, construida en piedra finamente tallada.

No habrá restauración que pueda recuperar un esplendor irrecuperable.

¡Qué perdida para la humanidad!

¡Qué perdida para las futuras generaciones!

Este incendio evidencia la fragilidad de nuestro patrimonio material y refuerza la necesidad de velar por su adecuado mantenimiento. El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio tiene avanzados los estudios para dar luz a una nueva Ley de Monumentos Nacionales, que sustituya laactual, vigente desde el año 1970.

Abrigo la esperanza que este desastre logre reforzar la convicción de tener un instrumento legal capaz de garantizar la debida protección y mantenimiento de nuestro escaso, pero rico patrimonio arquitectónico.