El periodista, experto en comunicaciones, dijo que se requieren de “bases militantes”, de “miles de personas que están formadas en utilizar las redes”.

Hugo Guzmán R. Periodista. Ignacio Ramonet es un periodista español que se radicó mucho tiempo en Francia, y cuyos análisis sobre las comunicaciones y sus textos periodísticos (entre ellos largas entrevistas a personajes como Fidel Castro), tienen alcance internacional y generan interés y debates.

Analista agudo, es definido también como un protagonista del movimiento altermundista y promotor de medios públicos y alternativos, en una batalla donde considera de primera prioridad las redes sociales, junto a otros medios que permitan instalar la veracidad y la realidad de procesos y hechos.

En un rincón del tradicional Hotel Nacional de La Habana, a prisas por la agenda de esos días de invierno en Cuba, habló en entrevista de la realidad mediática actual y los desafíos, incluyendo a los Estados y a las fuerzas progresistas y de izquierda, después de participar en un foro organizado por la agenda informativa Prensa Latina, con motivo de los 60 años de la Operación Verdad impulsada por Fidel Castro a inicios de la Revolución Cubana.

-Frente a este tema de las fake news (noticias falsas), del mal uso de las redes sociales, de la hegemonía de mensajes de medios conservadores, ¿dónde ve usted caminos de salida, teniendo en cuenta la existencia de medios alternativos, de otras respuestas informativas?

-El análisis, globalmente, lo tenemos, aunque seguramente es más complicado de lo que pensamos. Pero no cabe duda que hoy la batalla está en las redes sociales. Es decir, hay dos batallas, una por el control de los medios públicos, que sigue siendo una batalla importante. Hay que ver lo de Brasil, donde nuestros amigos del Partido de los Trabajadores (PT) gobernaron durante 14 años y no se preocuparon de dotarse de medios poderosos; un canal de Estado poderoso, revistas o periódicos importantes, un diario importante. Eso hizo que al momento de dar la batalla, en el momento del golpe de Estado contra Dilma (Rousseff), por ejemplo, no tenían portavoz, no tenían medios importantes. También apreciamos, en el caso de (Hugo) Chávez cuando le dieron el golpe de Estado, que entendió que había que crear Telesur. En Cuba, Fidel (Castro) entendió en 1959 -cuando hubo la campaña para denigrar la obra de la Revolución- que había que crear Prensa Latina. Por una parte está esa batalla que no hay que olvidarla. Y por otra parte, está la batalla en las redes sociales, que hay que darla.

-¿Estamos hablando de complementación de medios para dar esa batalla informativa y comunicacional desde la izquierda, desde lo alternativo y social?

-Claro, esa batalla no se puede obviar, no se puede decir que hay algo que ya no es interesante, que no es importante. Siguen siendo importantes todos los medios, hay que considerarlo eso. Es importante también que el Estado tenga sus medios de comunicación, sus satélites de comunicación. Pero eso hoy no es suficiente, porque es indispensable que haya en paralelo una movilización en términos de redes sociales. Formación y movilización en términos de redes sociales. Porque las redes sociales es un ejército. Tienen que ser bases militantes, miles de personas que están, primero, formadas en utilizar las redes, que están organizadas para saber qué tipo de campaña hay que hacer, porque así es como se hace. (Donald) Trump ganó la elección con las redes, (Jair) Bolsonaro ha ganado la elección por WhatsApp, todo el mundo lo sabe. No podemos seguir creyendo que estamos haciendo las campañas de hace 20 o 30 años. Claro, nos duele porque acudir a las redes es contribuir a enriquecer a los grandes medios de hoy. Los grandes medios de hoy no son El Mercurio de Chile, aunque es un medio importante, Clarín es importante en Argentina. Pero Google es importante para el planeta, son empresas. Twitter es una empresa, WhatsApp es una empresa, Facebook es una empresa, entonces esas empresas más ganan mientras hay más comunicación a través de ellas.

-¿Eso requiere de una nueva forma de lenguaje, de transmitir información e ideas de otra manera?

-Indiscutiblemente. Si quieres, ahora tienes una inteligencia colectiva. Entonces, no puedes dar una consigna para que todo el mundo la repita. Cada uno debe tener su propia iniciativa. Dentro de un marco general de respuestas, cada uno tiene, cada persona tiene autonomía de cómo dar un mensaje, de cómo va a difundir una idea. Si vas a defender la cultura cubana, pues bueno, se defenderá a su manera; un cantante, un arquitecto, un actor. Pero la idea central es que en Cuba se produce cultura, la cultura tiene que ver con la identidad, con la tradición, con la historia. Hoy todo es más difícil que antes, no es una propaganda tan elemental. Cuando decimos que esos personajes ganaron usando las redes sociales, no ganaron diciendo “vote por Trump”, seguro que no han dicho eso. Pero han dicho algo que lleva a que te digas, finalmente -porque vives en la periferia de la ciudad- que no puedes pagar el alquiler, ves la inseguridad, no puedes pagar el transporte, tienes problemas, y el único que lo puede arreglar eso es Trump.

-Hay una apelación a los sentimientos en la forma que se está comunicando…

-Evidentemente. Hoy es a través de las emociones que se está haciendo mucho en esto que hablamos.

-Ignacio, usted escribió varios libros, entrevistas extensas. Y se dice en nuestros países que “la gente ya no lee”. Hablamos de la importancia de las redes sociales, pero salen textos valiosos, argumentos, entrevistas como las que usted hizo a Nicolás Maduro, o esa especie de biografía a Fidel Castro, análisis que explican los procesos. ¿Qué pasa?

-Siempre habrá gente que lee. La lectura no va a desaparecer. Estadísticamente vemos por todas partes que hay menos lectores que antes. Probablemente utilizar las redes es leer y escribir. Pero los mensajes son cortos, hay que sintetizar mucho, hay que reducir. Por eso, la batalla de la explicación larga siempre es necesaria. Porque las cosas son complejas y no se pueden explicar de manera maniquea, porque así se llega a un pensamiento populista, un pensamiento elemental, muy limitado. Habrá que seguir leyendo.