La defenestración de Vélez Rodríguez no significa, por sí sola, el final de la disputa interna que, sumada a su incompetencia olímpica, paralizó virtualmente el ministerio de Educación.

Eric Nepomuceno

Periodista

11/04/2019. A las diez de la mañana del lunes, en su 98º día de gobierno, Jair Bolsonaro fulminó a su ministro de Educación, el colombiano naturalizado brasileño Ricardo Vélez Rodríguez.

Con ese acto, el país perdió un personaje que se hizo notable desde que fue confirmado para el que debería ser el ministerio más importante de cualquier país. Hasta su nombramiento nadie sabía quién era.

Bueno, casi nadie: el astrólogo autointitulado filósofo, Olavo de Carvalho, un ultraderechista que luego de eludir el fisco brasileño por años se instaló hace ya un largo rato en Estados Unidos, lo conocía. Gurú del clan Bolsonaro, lo señaló para la cartera.

¿Por qué el colombiano ese se hizo notable? Por haber demostrado desde el primer minuto un talento especial para trabar un durísimo combate junto a dos de sus colegas, la ministra Damares Alves, de la cartera de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, y el de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, por el título de figura más bizarra y patética del gobierno.

Sin embargo, sus esfuerzos para provocar un drástico retroceso en la educación brasileña fracasaron: perdió todo el tiempo en disputas internas que no llegaron a ningún lado. Bueno, él si llegó, pero de vuelta a la calle.

Para reemplazarlo Bolsonaro nombró a Abraham Weintraub, un hombre del mercado financiero de quien no se conoce un único antecedente en temas vinculados a la educación. Y que, claro, contó con el beneplácito del astrólogo gurú.

Es un radical de derecha, que defiende ardorosamente la necesidad de librar a las universidades brasileñas del dominio comunista. Dice que hay que esforzarse sin tregua para evitar que Brasil vuelva a caer bajo la maléfica influencia de Cuba y se transforme en una nueva Venezuela.

Sobran evidencias de que se trata de alguien tan obscurantista y retrógrado como la aberración que lo antecedió, pero bastante menos bruto.

La defenestración de Vélez Rodríguez no significa, por sí sola, el final de la disputa interna que, sumada a su incompetencia olímpica, paralizó virtualmente el ministerio de Educación.

Bajo su gestión dos grupos trabaron lucha para dominar la cartera: los discípulos del gurú, y los militares, más técnicos.

Durante la etapa de transición entre el gobierno cleptómano de Michel Temer y su sucesor, Weintraub trabajó bajo las órdenes del coordinador del programa de Bolsonaro, el general Augusto Heleno. Pero es mucho más cercano a las posiciones del astrólogo-gurú que a las de los técnicos, lo que preocupa a los uniformados del gobierno.

Los militares, a propósito, presionaron mucho a Bolsonaro para que nombrase a alguien del sector, respetable y con fuerte reconocimiento en los medios académicos.

La voz del gurú sonó más fuerte. Nada más natural: los trogloditas hablan el mismo idioma.