Una agenda que va dejando aquello de “centro derecha” en un eufemismo. Planes ultraconservadores en marcha y un balance de endurecimiento.

Gonzalo Magueda. Periodista. 12/03/2019. El segundo fin de semana de marzo, desde La Moneda se desplegó un diseño comunicacional para intentar posicionar al Gobierno piñerista con un sello positivo en su primer año. Paralelamente, desde las oficinas del Ministerio del Interior, que dirige Andrés Chadwick, y del “segundo piso” presidencial, con el grupo de asesores que dirige Cristian Larroulet, se digitó con las dirigencias de las principales colectividades de derecha, y un grupo de parlamentarios oficialistas, una agenda marcada por un encuentro del sector, donde se instalaría una idea optimista del primer año y una proyección concreta para el 2019.

Es así que el Presidente Sebastián Piñera y el ministro Chadwick, junto a otros funcionarios de Gobierno, participaron activamente en el encuentro de la coalición oficialista Chile Vamos en el centro de eventos Casa Almarza y ahí hicieron un buen balance y pusieron énfasis en cuestiones como ganar las próximas elecciones municipales y presidenciales. El mandatario se dio tiempo para comerse unos completos y echar algunas bromas. Chadwick se validó como el conductor del Gabinete ministerial y como referente del oficialismo, pasando por encima de duros cuestionamientos de la oposición y la ciudadanía, sobre todo por sus confusas y extrañas actitudes en torno del asesinato del joven mapuche Camilo Catrillanca.

Piñera, en el trazado hecho desde La Moneda, donde cumplieron un rol asesores comunicacionales y dicen que su esposa, Cecilia Morel, invitó a la periodista María José O’Shea, de La Tercera PM, a recorrer el despacho presidencial y hasta le mostró sus cajones y la cama donde suele dormir. Es lo que se llama “mostrar el perfil humano”, e hizo declaraciones harto optimistas y positivas de su mandato. Chadwick también fue entrevistado por La Tercera y posó con uno de sus mejores trajes y zapatos, también dando una cuenta espléndida del primer año.

Ambos, por cierto, omitieron hechos como un desempleo que aumentó, el cierre y problemas en importantes empresas que solo en los últimos meses provocó casi mil despidos, el reconocimiento de que solo podría subir un 3% la economía (algo contrario a promesas de campaña), datos como que los sueldos en el último periodo apenas subieron alrededor del 1% y la riqueza privada un 17%, el oscuro episodio del asesinato de Catrillanca que costó la salida de un Intendente y la instalación de acusaciones contra Chadwick y el subsecretario de Interior, Rodrigo Ubilla (quien luego protagonizó una dura polémica al afirmar que “la causa mapuche” estaba detrás de incendios forestales), la promoción desde el Gobierno de un protocolo destinado a impedir que las mujeres pudieran ejercer su derecho de abortar en tres causales definidas, la creación del Comando Jungla que reforzó la militarización y el poder tecnológico y de fuego de Carabineros en las zonas mapuches, la decisión obligada de echar al Ministro de Cultura por haber denostado al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, y las fuertes críticas porque Piñera promovió el derrocamiento del Presidente Nicolás Maduro y viajó a una zona fronteriza a promover la intervención en territorio venezolano (por cierto, un plan fracasado).

Nada de lo anterior estuvo en los relatos diseñados por La Moneda para Piñera y Chadwick y ellos, claro, no incluyeron nada de eso en el balance. Todo sabor dulce. Por ello desde la oposición los tacharon de “arrogantes”, “soberbios”, y que “no tienen los pies puestos en la tierra”.

Por lo demás, el Presidente y el Ministro del Interior hablaron después de haber vivido un nuevo chascarro de cierta magnitud. Piñera y su ministra de la Mujer y la Equidad de Género cuestionaron duramente el llamado a la Huelga General Feminista, la descalificaron y después cuando vieron cientos de miles de chilenas movilizadas en todo el país, salieron a aplaudir y valorar la movilización y hasta dijeron que su Gobierno había instalado los derechos femeninos. Una especie de cinismo comunicacional.

El signo que va tomando la administración piñerista

Mucho de lo anterior, sobre todo en situaciones como el protocolo anti interrupción del embarazo y creación del Comando Jungla, tiene que ver con una evidente ultraderechización del actual Gobierno. Y parafraseando al propio Sebastián Piñera, su incursión en el caso venezolano tiene que ver con una sobreideologización de su administración.

Pese a que desde La Moneda e inclusive desde la derecha se sigue hablando de defender la democracia y la libertad, apoyar a la clase media, modernizar la institucionalidad, y se montan episodios mediáticos como Piñera mostrando sus oficinas y a su esposa en diversas actividades para humanizar el efecto político, las acciones concretas están colocando al Gobierno en el campo de la ultraderecha y la sobreideologización.

Esto es coincidente con lo que ocurre con otras administraciones afines en la región, incluido el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos; hay una sintonía con Jair Bolsonaro en Brasil, Mauricio Macri en Argentina, Iván Duque en Colombia, todos ubicados en el espectro de la ultraderecha latinoamericana.

En el proceso de ultraderechización, el acento de la administración piñerista se colocó en lo que desde la oposición llaman “las contrareformas”. En esa “obsesión” contra la ex presidenta Michelle Bachelet -de la que habló el senador socialista Álvaro Elizalde- desde el Gobierno y varios ministerios se planeó echar para atrás y desmantelar transformaciones y reformas del Gobierno anterior al menos en pensiones tributación y trabajo.

Y se trabajaron proyectos que en estas semanas tomarán real forma y serán presentados al Parlamento donde, por ejemplo, se baja la tributación a los multimillonarios y se deja en mejor posición a los grandes empresarios, se precarizan y flexibilizan derechos laborales, y se dan pasos que, a la larga, no mejorarán sustancialmente las pensiones. Todo eso en el contraste que se hace de las pocas luces dadas por el Gobierno y los análisis de expertos, organizaciones sindicales y sociales, y de grupos parlamentarios.

Hay una evidente voluntad de reforzar el modelo económico privatizador y neoliberal, reflejado en ejemplos tan precisos como que no solo no se desmantela, sino que se le da continuidad y se refuerza el sistema privado de pensiones en manos de grupos monopólicos financieros y especulativos identificados en las Administraciones de Fondos de Pensiones (AFP). Las cosas estaban llegando a tal punto, que después de varias reuniones políticas (no técnicas) del ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg, con el Presidente Piñera y asesores de La Moneda, decidieron no seguir con la iniciativa de indemnización de medio mes por año, rechazada tajantemente por el mundo sindical y la mayoría de la oposición.

El sello ultraderechizador se volvió a corroborar, pese a todo lo acontecido, en la tesis gubernamental de que en La Araucanía hay terrorismo y debe ser combatido, en el descrédito agresivo de la movilización social, en iniciativas como rebajar la edad para “control de identidad”, en frenar las transformaciones en educación y no ampliar la gratuidad, en limitar los planes de viviendas sociales dignas y otras acciones definidas desde el Gabinete.

La perla con Venezuela

La perla en este proceso derechizador y sobreideologizado de Sebastián Piñera y su administración, fue su postura ante la situación de Venezuela. Fue explícito es exigir el derrocamiento del Gobierno venezolano y ha participado en operaciones y medidas destinadas a intervenir en ese país y reforzar la asfixia económica y el cerco diplomático. Es evidente que Piñera marcó un alineamiento con la política ultraconservadora del Gobierno estadounidense de Donald Trump, y optó por una cerrada alianza con presidentes ultraderechistas como Duque, Bolsonaro y Macri, entre otros.

Piñera volvió al carril ultraconservador de promover y avalar la intervención extranjera en otro país y abiertamente buscar la desestabilización y el derrocamiento de un Gobierno que tiene un sello de izquierda y popular.

Al mismo tiempo, hizo esfuerzos encomiables por echar abajo el Mercosur y otras instancias de integración latinoamericana y puso a andar ProSur, un proyecto de coordinación de corte ultraderechista a nivel regional que, a final de cuentas, solo está reuniendo a gobiernos de corte ultraconservador.

En La Moneda, en varias oficinas, hay el encargo de apoyar la realización del Foro Democrático que hará el oficialista Chile Vamos, como un espacio de promoción de las doctrinas conservadoras y neoliberales, y a donde concurrirán representantes de la derecha y la ultraderecha de América Latina.

Como van las cosas, hablar en Chile de un Gobierno y una coalición de “centro derecha”, parece un eufemismo, con una agenda ultraconservadora que le ha quitado piso al ultraderechista José Antonio Kast.