Nuestra televisión insiste en desvirtuar la realidad, no sólo por responsabilidad de los periodistas, sino también y principalmente para cumplir la línea editorial de los medios.

José Luis Córdova

Periodista

09/03/019. Que Mega se haya atrevido el 8 de marzo a usar imágenes de archivo para tratar de desprestigiar la histórica y masiva marcha de las mujeres es una práctica habitual de los canales de televisión, pese a las disculpar posteriores. La verdad es que nuestra televisión insiste en desvirtuar la realidad, no sólo por responsabilidad de los periodistas, sino también y principalmente para cumplir la línea editorial de los medios. Mostrar desórdenes en las manifestaciones públicas es una “orden superior” que debe ser acatada a todo evento.

Lo mismo vale para el Presidente Piñera, el político que más aparece en la televisión chilena. Primero, porque es el jefe de Estado, segundo porque le gusta en forma personal que todas sus actividades sean televisadas y, tercero, porque los canales no se arriesgan a ignorar algunas de las pautas presidenciales, por muy mínimas e intrascendentes que sean.

Tras la figura del primer mandatario vienen, la vocera Cecilia Pérez, naturalmente porque se trata del personaje que comenta e interpreta diariamente la marcha del gobierno y se dedica sistemáticamente a fustigar a la oposición (aunque desaparecerá unas cuentas semanas para someterse a una operación). Con menos apariciones está el ministro del Interior, Andrés Chadwick y mucho más atrás los demás secretarios de Estado, con declinante figuración pública.

Desde los partidos que apoyan a la actual administración, aparecen alternadamente Jacqueline van Rysselbergue (UDI), el ex oficial de Carabineros y actual diputado Mario Desbordes (RN), Felipe Kast, de Evópoli, su inefable tío, José Antonio Kast y la diputada neonazi Camila Flores..

De alguna manera deberíamos felicitarnos de descansar de imágenes como de Iván Moreira, Carlos Larraín, Evelyn Matthei, Juan Antonio Coloma (padre e hijo) y otras inefables de triste recordación.

¡Cómo olvidar los tiempos que en las diputadas Camila Vallejo (quien convocó a un millón de personas en el parque O´Higgins en el 2011) y Karol Cariola asiduas panelistas e invitadas entonces a entrevistas y programas de televisión! El alcalde de Recoleta Daniel Jadue si que se mantiene en la palestra, aunque sea para hablar de Venezuela o Corea del Norte. Pero igualmente el destacado dirigente se las arregla para hablar de política comunal, de la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo socio-económico y de una nueva Carta Magna.

La marcha del 8 de marzo debería marcar un antes y un después para los medios de comunicación si pretenden seguir informando leal y cabalmente sobre los acontecimientos importantes de este país.

Muy probablemente esto no ocurrirá y volveremos a encontrarnos con imágenes reiteradas y los mismos rostros de campañas electorales anteriores. Por ello, poco podemos esperar de la reducción de las cifras de abstencionismo y de mayor participación ciudadana en los futuros comicios. La televisión no deja de tener responsabilidad en la renovación del espacio televisivo criollo a nivel político y social.

Aunque algunos quisieran ignorarla, la marcha del 8 M se inscribe en las historia y resulta inolvidable.