Desde el punto de vista artístico cultural cada año está peor. La cultura chilena pareciera no existir.

Eduardo Contreras

Abogado

08/03/2019. Concluido lo que pretenciosamente se ha tratado de presentar como “el espectáculo latinoamericano más importante del mundo” (¿?), bien vale un brevísimo comentario acerca del reciente Festival de Viña del Mar.

Porque mal que mal es un asunto que importa y afecta a mucha gente. Hay cientos de personas que pagan las elevadas sumas del boleto de entrada y también hay amplia difusión de radio y televisión lo que hace que algunos miles de espectadores y oyentes sean parte de lo que allí sucede.

En nuestra opinión, desde el punto de vista artístico cultural cada año está peor. En el fondo es un show como cualquier otro, pero de menor calidad. En general se  contrata cantantes o grupos musicales de avanzada edad, algo pasados de moda. Imagino tal vez por un asunto de precios.

A ello se agregan humoristas, nacionales y extranjeros, de los cuales algunos de ellos logran sacar carcajadas y aplausos. No todos por cierto.

Pero de expresión cultural o artística mejor ni hablemos. La cultura chilena pareciera no existir en este tipo de actividades. Al concurso entre intérpretes latinoamericanos no se le da ni la menor importancia, ni en el orden ni en el horario. Son mucho menos los espectadores de la competencia internacional que los espectadores del resto del programa. Lo de Viña dista muchísimo de ser una muestra fiel de lo que sucede en el arte y en la música chilena y demás países del continente.

Sinceramente mucho ruido y pocas nueces. Un espectáculo mediocre que cada año decepciona más.

Pero a lo dicho hay que agregar este año algo mucho más importante. Y es que el Festival fue también tribuna para el golpismo. Nada casual. Los propios animadores y más de algún exponente supuestamente “artístico” se encargaron de lanzar gritos en favor de los personajes y sectores que hoy atentan en contra del gobierno constitucional del presidente venezolano Nicolás Maduro.

Es decir, en tiempos de un gobierno pletórico de pinochetistas como es el actual en nuestro país, más la influencia determinante de las empresas que pagan el espectáculo y los medios que lo difunden, se llevó a cabo un montaje a la medida del mandamás real que no es otro que el gobierno de los EEUU de Norteamérica que encabeza ese triste personaje llamado Trump.

Además no deja de llamar la atención que siga en el centro de las noticias festivaleras un personaje como la señora Alcaldesa de Viña del Mar, la misma que, según ha trascendido en la prensa, estaría involucrada en un multimillonario fraude. Algo no anda bien por allí.

Puede haber sido una buena tribuna para los golpistas que apoyan al lamentable Guaidó, ese buen pupilo de la CIA y puede haber servido a la política de quien como Piñera se prestó para el penoso espectáculo de Cúcuta en que él y su ministro renegado violaron abiertamente las normas del Derecho Internacional. Pero de Arte y Cultura este Festival tuvo muy poco.

No cabe sorprendernos. Después de todo las grandes empresas y los más poderosos medios de comunicación, sirven a sus patrones, nacionales e internacionales.