Faltó coraje, valentía, riesgo, visión y puntería, y todo sabemos cómo salen las cosas cuando no están esos ingredientes.

Víctor Vargas S. Periodista. 04/03/2019. Termina el Festival de Viña y termina el verano se dice acá en Chile. El fin del sexagenario certamen musical coincide con el reinicio de las actividades laborales para muchos y el país suele despedirse de las playas y el descanso viendo aquel tradicional show televisivo, hoy transmitido por varias cadenas internacionales y publicitado como el festival latino más grande del planeta.

La estrategia estaba más que correcta: se celebraban los 60 años desde su primera edición en 1960, con las dos estaciones de TV más tradicionales del país a cargo de su organización, lindas luces y un grandioso escenario, los animadores de moda listos para decir lo que todos quieren escuchar, las graderías llenas…en fin. La mesa estaba servida para tener un gran espectáculo. Pero falló lo principal, y por muy bien que estuviera puesta la mesa, el chef erró completamente la sazón y todo terminó con mal sabor de boca.

Los platos repetidos primero. De los 16 “platos fuertes”, solo cuatro no habían estado antes en el escenario de la Quinta Vergara. Si al menos le hubiesen dado a esto el sentido de “revival” por los 60 años se hubiese entendido, pero no fue así. Marco Antonio Solís, Yuri, Marc Anthony, Backstreet Boys, Wisin & Yandel, Jorge Alís y Dino Gordillo, Bisbal y Yatra, la mayoría no debutantes en esas tablas. Cierra el cuadro un respetable Raphael, que con 75 años se merecía con creces un reconocimiento como el que se le dio el año pasado a otro español que “nació” artísticamente en la Quinta, y que ahora prefirió cambiar el cariño que por años le profesaron los chilenos por un fajo de dólares americanos.

Esto lleva a otro ítem, a la calidad de los shows. Destacaron en esto Antony, Solís y Bisbal. Los dos primeros clase “A”, de alto calibre interpretativo y con espectáculos redondos, de no ser por los problemas de sonido para la TV en la presentación del primero, y un desafinado solo de clarinete de un más que seguro ya despedido músico de Marco Antonio. Los demás, bueno…Yuri cantó sus temas restando varios tonos para llegar a los altos. Gordillo, aunque siempre divertido, repitiendo chistes y no entendiendo el cambio de época. De los reguetoneros ni hablar….en lo suyo, desafinados y misóginos. A Yatra le falta camino y los Boys tan intrascendentes como en su primera visita en 1998.

Por eso es que lo más destacable fueron dos comediantes. Felipe Avello y Jorge Alís, a pesar de ser muy distintos, brillaron por su audacia, profesionalismo y valentía. El primero brillante, sarcástico y delirante mientras que el argentino fue certero y deslenguado. En esos dos números le apuntaron los organizadores. En lo demás claramente perdieron la brújula.

Lo sé, es habitual que se hable de los que no estuvieron y debieron estarlo. Pero esta vez tiene más relevancia porque se hablaba de una celebración “a lo grande”: se habló de Shakira, se anunció a Jeniffer Lopez y hasta se dio por asegurado a Luis Miguel. Por ahí iba bastante bien el panorama. También se habló de un número anglo al nivel de nombres que fueron grandes aciertos como Elton John, Sting, Lionel Richie o Rod Stewart. Pero nada.

El punto negro de verdad fue la ausencia total de una propuesta musical nacional. La única cantante chilena que actuó (frente a una Quinta semi vacía) fue Camila Gallardo, compositora con proyección, de gran talento, pero que aún no parece tener mucho que decir excepto que una marca del retail vende jeans. En este caso veo algún sesgo en las posibles contrataciones, porque Gallardo es “aséptica”, y a lo más se despachaba un saludo políticamente correcto a las mujeres. Pero era el año perfecto para Los Vásquez, que editaron nuevo disco y que “avisaron” por todos los medios estar disponibles, o para la galardonada Ana Tijoux, a quien en vez de ofrecerle un momento estelar en el show, prefirieron pedirle una cooperación a beneficio para tener un breve paso por las luces viñamarinas.

En resumen, faltó coraje, valentía, riesgo, visión y puntería, y todo sabemos cómo salen las cosas cuando no están esos ingredientes: planas, sin sorpresa y sin mucho que comentar. Un plato caro que nos arroja al año laboral con gusto a poco, o en realidad, con gusto a nada.