Inestabilidad política no sólo por la alternancia, sino porque aún no se logra desembocar en un cuadro de relativas certezas políticas.

Fernando Bahamonde

Profesor

Punta Arenas. 01/03/2019. “Hay personas como sociedades con apariencia muy formal, muy respetadas e introvertidas que les gusta acompañarse de locos, porque también es esas personas y sociedades están en estado de locura”.

Amad. Proverbio árabe.

Se ha señalado el 2010 con la derrota de la Concertación concluyó un ciclo político en Chile. Sin embargo, las características del periodo como: la alternancia con la derecha y la aparición de nuevos grupos y partidos políticos, un gobierno reformista como el de la Nueva Mayoría que no alcanzó a materializar las reformas y, nuevamente, la derecha en el gobierno nos habla de una inestabilidad política no sólo por la alternancia, sino porque aún no se logra desembocar en un cuadro de relativas certezas políticas basado en claros proyectos para el país. Por ello, este escenario presenta peligros variados desde la perpetuación de la derecha en el ejecutivo por dos o tres periodos presidenciales hasta el derrumbe del sistema político por su escasa representación y participación.

A las tres o cuadro derechas en pugna entre sus liderazgos de papel hay que añadir las múltiples oposiciones donde difícilmente se pueden aplicar los moldes tradicionales para caracterizar y distinguir a los partidos de centro, “progresistas” e izquierda. Es imposible autodenominarse como socialdemócrata o socialcristiano si se comparte el ideario neoliberal y autodefinirse de izquierda si se apoya la intervención extranjera en un Estado soberano de la región. Estamos lejos de poder vislumbrar los tres tercios anteriores a 1973 y el binominal que predominó desde 1990 en adelante.

En muchos aspectos el 2019 es un año decisivo para la oposición más que para la derecha. La derecha controla el gobierno y los medios de comunicación. La derecha desde el ejecutivo ha tratado de copar la agenda comunicacional con el fin de enmascarar su política regresiva de congelar o sencillamente desmantelar las reformas materializadas durante el gobierno de Michelle Bachelet. Por otra parte, en la misma dirección, el gobierno busca imponer Proyectos De Ley (PDL) que son una franca vulneración a los derechos de los trabajadores y trabajadoras en beneficio de los intereses de una minoría. Esta será la constante del periodo de gobierno que está en desarrollo. Los PDL que se han materializado en leyes, nos indican la inestabilidad de la oposición en el congreso donde algunos parlamentarios de la ex Nueva Mayoría han mantenido una actitud vacilante o colaboracionista con la administración derechista.

La internacionalización de la agenda política nacional con la situación venezolana por parte del gobierno ha logrado poner una cuña importante en las fuerzas de oposición. La derecha ha logrado producir una “ruptura vertical” en los partidos y movimientos de oposición donde fuerzas del FA al PDC se han mostrado proclives a la intervención o injerencia. Esta ruptura produce un nuevo conflicto para concretar unidad.

En este instante existen escenarios complejos en la oposición; en el nivel de directivas partidarias donde las diferencias por la situación internacional se observan con mayor énfasis y, un segundo escenario, en el congreso nacional donde por estos días se discute un acuerdo meramente administrativo por la presidencia de la cámara de diputados. Un sector de la oposición ha expresado su voluntad de no mantener el acuerdo para que la cámara sea presidida por el PDC debido a su comportamiento legislativo de colaboración al gobierno por parte de algunos miembros de su bancada. Sin embargo, lo que debe plantearse es establecer orden en el congreso para hacer frente a los PDL del ejecutivo en materia laboral, previsional y tributario que significan un menoscabo a la población como un beneficio para el gran empresariado que esta administración representa. Una “ruptura vertical” definitiva de la oposición significaría entregarle a la derecha un espacio de negociación permanente con aquellos parlamentarios dispuestos a negociar, pero principalmente cumplir con un antiguo anhelo de la derecha que es vaciar el centro y en especial atraer al PDC hacia su sector. Esta ruptura, además, implica reducir toda la acción política a la esfera parlamentaria que generará a su vez la “ruptura horizontal”.

La “ruptura horizontal” dice relación del quiebre de la sociedad y el ciudadano con la política. La sociedad ha cambiado licuando al “sujeto principal” las y los trabajadores de la escena política-social por la pérdida de las organizaciones sindicales producto de frágil legislación laboral. Este hecho nos debe motivar a la reflexión para comprender que la disputa ideológica es más profunda y compleja que antes. El neoliberalismo impuso culturalmente en importantes estratos de la población el individualismo, la despolitización y la apatía que son fuerzas poderosas y destructoras que se deben contrarrestar porque los individualistas, despolitizados y apáticos sufren de igual modo la explotación y opresión, no obstante, no lo constatan a pesar de vivirlo. Por otra parte, un segundo escenario de lucha ideológica se expresa en múltiples movimientos sociales que florecen cotidianamente en el país. Estos movimientos abarcan los más variados temas desde lo medioambiental al feminismo, son todos válidos y legítimos, pero su organización es precaria y poseen la tendencia de atomizarse en diversos grupos y agotando sus demandas mediante leves reformas legales. Estos hechos nos indican que los movimientos sociales carecen de perspectiva política de largo plazo. Es más, allí donde existe organización social (peldaño superior al movimiento social) es fácil encontrar discursos que separan violentamente lo político de lo social, sustentándose en posturas maximalistas de indignados, cabreados y disidentes, estas perspectivas también a la postre poseen un sentido destructor al negar cualquier avance por mínimo que este llegara a ser porque confunde los medios con los fines.

Así como señalamos los peligros de la “ruptura vertical” entre los partidos de oposición, el quiebre de lo político-social involucra una “ruptura horizontal” entre la sociedad y la acción política de la cual se hacen parte los medios de comunicación, sectores conservadores y la derecha porque de este modo consigue mantener a la población en el individualismo, despolitización y apatía, así como desprestigiar la política como medio de transformación social. Este cuadro es y será capitalizado por la derecha y la clase dominante para mantenerse en el poder acusando cualquier propuesta de transformadora como ideológica y política por lo tanto como corrupta y que no soluciona o atiende “los problemas reales de la gente”. Este discurso sólo pavimenta el camino para la imposición de un orden autoritario sustentado en votos en nuestro país. Esta es la tarea de la oposición y en especial de la izquierda.