Poco o nada puede rescatarse en materia artística y musical, salvo los innegables adelantos tecnológicos.

José Luis Córdova

Periodista

25/02/2019. Partió el Festival de Viña, un kilométrico programa nocturno que este año es transmitido por TVN, Canal 13 y Fox desde el 24 de febrero al 1 de marzo  para delicia de sus seguidores y pesar de sus detractores.

El feminismo nacional logró un triunfo al conseguir el término de la elección de Reina del Festival -incluso Reina de Viña- pese a que la Gala de inicio del torneo constituyó un morboso desfile de mujeres-objeto, hombres-objeto, gays-objeto y trans-objeto que hicieron olvidar la guillotina que hizo rodar las cabezas de las monarcas y el fin del tradicional “piscinazo”.

La obertura recurrió a grabaciones en play-back de Beto Cuevas, Claudia Acuña, Yuri, Américo, Denise Rosenthal y Francisca Valenzuela  en memoria del desaparecido bolerista chileno Lucho Gatica. Merecido pero pobre. A su vez, los animadores llamaron a la democracia y la libertad en Venezuela (?).

En realidad, “el festival latino más grande del mundo” (?) no es más que una serie de recitales desde la Quinta Vergara en Viña del Mar con la participación de artistas (preferidos de la alcaldesa Virginia Reginatto) que se repiten el plato, como el veterano Raphael de España, Marc Anthony, Marco Antonio Solís, Wisin y Yandel y David Bisbal y Back Street Boys que se llevarán gaviotas y antorchas de oro y plata en una verdadera avalancha de las que ninguno se escapa.

Como todos los años, se inventa una supuesta tensión por las presentaciones de los humoristas de cada noche que podrían ser devorados por el “monstruo de la Quinta” que, en el último tiempo, más parece un gatito de chalet. La comediante chilena Jani Dueñas, el argentino Jorge Alís y el cubano Bonco Quiñonco aceptaron el desafío. Felipe Avello ya superó la prueba.

Entre las novedades, la norteamericana Rebeca Marie Gómez (Becky G), el colombiano Carlos Rivera y el reggetonero norteamericano Benito Antonio Martínez (Bud Bunny), así como la animación que comparten esta vez María Luisa Godoy con Martín Cárcamo.

Resultan cada vez menos relevantes las competencias de canciones internacionales y “de raíz folclórica”.  Estos torneos comienzan tan tarde que pocos alcanzan a escuchar todos los temas en competencia. ¿Alguien se acuerda cuáles canciones resultaron ganadoras en las categoría internacional y folclórica en la última edición del Festival de Viña? Seguramente sólo sus autores, intérpretes y sus respectivos entornos familiares o profesionales del ramo.

Desde el primer triunfo en 1960 con el tema “Viña” de Mario del Monte, han desfilado centenares de canciones olvidadas, salvo tal vez “Laisse moi le temps” que popularizara Frank Sinatra -pero en versión de Paul Anka, como “Let´s my trys again”- que en 1973 ganara el torneo en interpretación de Peabo Bryson. Asimismo, en 1962, el compositor chileno Jaime Atria triunfó con “La consentida”, convertida hoy en un clásico nacional.  Muy poco más para rescatar musicalmente en 60 años.

En materia política, la dictadura aprovechaba cada versión para medir la popularidad de Pinochet y de su alcaldesa María Eugenia Garrido que, desde los aplausos fueron transitando a las pifias, además de soportar llamados como el de José Luis “El Puma” Rodríguez que instó: “Algunas veces hay que escuchar el pueblo” (habría que recordárselo a él mismo ahora en el caso de Venezuela) y al grupo de rock inglés “Faith No More” que denunció las amenazas de muerte contra artistas por el régimen dictatorial de entonces.

Desde la prolongada transición a la democracia poco o nada puede rescatarse en materia artística y musical, salvo los innegables adelantos tecnológicos que convierten al Festival de Viña en un programa de televisión, pero sólo para negocios comerciales. El “monstruo” sigue dormido.