Las burguesías americanas del siglo XXI no escapan al lacayismo de EEUU y a la pretensión de sacar pequeños dividendos económicos.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

08/02/2019. Un recurso tradicionalmente utilizado por las clases dominantes en América Latina ha sido cierta noción de nacionalismo, asumido éste  como toda una simbología de la nación, que busca marcar diferencias con los países limítrofes, pero a la vez se afanan desvergonzadamente por asimilarse a lo europeo. Quizás las razones históricas pueden detectarse en nuestros procesos de independencia de España, donde en los hechos fue una élite de españoles nacidos en América (criollos, que tenían una situación económica de privilegio), quienes impulsaron el proceso independentista, sin involucramiento real de la gran masa de mestizos, indios y negros (que habían sido traídos como esclavos); los cuales si intervinieron pero en condición de “adhesión” al patrón.

Con fronteras no bien definidas, producto de su pertenencia casi común a una corona, estas élites criollas dibujaron fronteras y luego organizaron guerras con las naciones hermanas, habitualmente por recursos naturales en beneficio de potencias foráneas. En otra dimensión -la cultural ideológica- siempre buscaron parecer europeos, copiando primero lo francés, luego lo inglés, lo norteamericano, lo alemán…todo, menos lo autóctono que desprecian, pero que si utilizan si les sirve en los conflictos entre naciones americanas. Fue este proceso de construcción de naciones un factor significativo que generó inestabilidades políticas durante el siglo XIX y que se vieron agravadas en el siglo XX por la intervención de EEUU.

Nuestros criollos más la suma de migrantes europeos, transformados en burguesía el siglo XX, son generosos en entregar los recursos naturales de sus países a las potencias extranjeras a cambio de prebendas para ellos y para eso deben dominar a los amplios sectores populares que forman su nación y lo hacen ideológicamente, entre otros recursos, usando el nacionalismo de maqueta sirviente de la metrópoli o bien recurriendo a la violencia.

Estas constantes históricas de comportamiento de nuestras élites dominantes explican los reiterados fracasos en las políticas integracionistas, desde los primeros intentos de Bolívar. En cambio, sí han sido generosos con las metrópolis dominantes, particularmente EEUU (recuérdese solamente el aporte en recursos naturales que hicimos durante la Segunda Guerra Mundial). La mayoría de nuestros gobernantes en diferentes épocas se han mostrado proclives a seguir los dictados de EEUU en la política exterior, incluso hoy, cuando esta nación está en franca decadencia, pero conserva la capacidad para utilizar las diferencias entre nuestros países buscando su propio beneficio.

Las burguesías americanas del siglo XXI no escapan al lacayismo de EEUU en lo ideológico y a la pretensión de sacar pequeños dividendos económicos, pero favoreciendo en definitiva el interés del imperio. La actual situación de Venezuela nos muestra una vez más esto. Venezuela y Colombia tienen  desde hace años un diferendo por el golfo de Venezuela, que es adyacente a la cuenca hidrográfica de Maracaibo y posee una gran importancia estratégica por la existencia de petróleo. Con Brasil tienen una gran frontera común, donde la delimitación de las cuencas hidrográficas  quedó resuelta el siglo XIX pero que en la actualidad vuelve a potenciarse por la escasez de agua dulce y por la explotación de recursos auríferos por parte de empresarios brasileños en sector venezolano. Esta es la base material en la cual los gobernantes de EEUU sustentan la utilización principalmente de estas dos naciones para hostigar al gobierno venezolano.

No son de extrañar entonces las posiciones de la derecha que apelando a la defensa de su sentido de democracia, califica de dictador al presidente Maduro y sigue amparando dictaduras reales, pero preocupa el seguidismo de sectores  socialdemócratas, aunque es más preocupante el oportunismo de quiénes dicen buscar transformar el país y la política  y sin embargo continúan actuando con los marcos de las viejas élites dominantes.