Pareciera ser que los millones de venezolanos beneficiados por las políticas sociales del Gobierno chavista no existen.

José Luis Córdova

Periodista

25/01/019. Una vez más nuestros colegas se lucen por encargo de los propietarios de los medios de comunicación para tergiversar, crear situaciones, inventar informaciones y adulterar hechos para ratificar sus arriesgadas afirmaciones geopolíticas, como el caso de Venezuela.

José Antonio Neme desde Caracas, en el Mega, Mónica Rincón y Daniel Matamala en CNN, así como Matías del Río y Mauricio Bustamente en TVN y los lectores de noticias de CHV hacen gala de ignorancia, desconociendo los procesos electorales realizados en el país caribeño -más de 15 elecciones democráticas en el último tiempo- supervisadas por organismos internacionales y realizadas con los mejores parámetros tecnológicos que permiten una mejor fiscalización de sus resultados.

Pareciera ser que los millones de venezolanos beneficiados por las políticas sociales del Gobierno chavista no existen. Nadie les pregunta nada, no aparecen en las calles pese a las gigantescas manifestaciones de apoyo que muestran, por ejemplo, Rusia Today, Telesur y otras estaciones de TV independientes.

Resulta, colegas, que nadie da tribuna a la Revolución Bolivariana, no se muestran las expresiones de apoyo al gobierno legítimo ni se explica que la asamblea nacional venezolana está en desacato desde hace seis meses por desconocer a las autoridades electas y rechazan la conformación de la Asamblea Constituyente, consagrada en la Constitución Bolivariana como depositaria de la voluntad soberana del pueblo.

Que la oposición atomizada no haya sido capaz de ganar en las últimas presidenciales -efectuadas en mayo pasado a petición de un sector opositor- pese a que presentaron cinco candidatos a la primera magistratura y se apresuraron a desconocer los resultados que favorecieron ampliamente a la Revolución Bolivariana no aparece en ninguna argumentación seria de los hechos acaecidos.

Resulta ridículo que se insista en monsergas como la inflación, la escasez de productos básicos, el atropello a derechos humanos y hasta de una crisis humanitaria en circunstancias que todos estos fenómenos son resultado de las presiones de los sectores empresariales, de la ultraderecha reaccionaria y el desembozado apoyo de la embajada norteamericana y los países del llamado “grupo de Lima”, comandado ahora por nuestro Presidente. Un meme que circula en redes sociales recuerda con sorna que Chile también tiene un “Presidente encargado”…reo por estafa en el caso del Banco Talca”. Fuera de bromas, ha sido lamentable la posición de la cancillería chilena que desconoce la historia de nuestro país y niega la situación anterior al golpe de estado de septiembre de 1973 y su terrible secuela de violencia, crímenes y terrorismo de estado que golpeó inmisericordemente a nuestro pueblo durante 17 años.

Los noveles reporteros, analistas políticos y “expertos” internacionales como Carlos Zárate, el colombiano Libardo Buitrago, Rafael Gumucio y Pablo Mackenna, entre otros, no se arrugan para mentir y falsear la realidad, increiblemente similar a los acontecimientos provocados en Chile antes del baño de sangre.

¿Es eso lo que se pretende para Venezuela? Recordemos solamente que el advenimiento de Hugo Chávez en la política del país caribeño terminó con la farra de petrodólares, con la corrupción y la alternancia del bipartidimos entre el Copei (la democracia cristiana) y Adeco (la socialdemocracia) por décadas en el poder desde el palacio de Miraflores.

Está claro que las redacciones de nuestros diarios, radios y canales de TV están interesados en el derrocamiento del Presidente constitucional de Venezuela Nicolás Maduro y su reemplazo por el “encargado” (¿de quién y por qué?) Juan Guaidó. Claramente al servicio de Donald Trump y del secretario de la OEA, Luis Almagro, quien ni siquiera consiguió que la organización de las colonias latinoamericanas de Washington aceptara la autoproclamación de Guaidó. Sólo nuestro Piñera insiste en reconocer a toda costa el golpe de estado y eso que afirma que votó por el NO en 1988.