En Chile vivimos bajo el imperio de la Constitución de Pinochet, en tanto Venezuela se rige por la Constitución Bolivariana, producto de un proceso democrático.

Eduardo Contreras

Abogado

09/01/019. Aquellos políticos chilenos que dedican buena parte de su tiempo al ataque implacable en contra del gobierno del Presidente Nicolás Maduro en Venezuela, y que van desde la ultraderecha hasta algunos que osan posar de progresistas, esgrimen como justificación para hacerle el juego al gobierno norteamericano, la “falta de democracia” o la supuesta “violación de los derechos humanos en Venezuela” un país en donde no hay ni detenidos desaparecidos ni ejecutados políticos como los hubo bajo el régimen chileno defendido por los que hoy son los que más atacan al régimen de Caracas.

Para colmo de la impudicia, hay algunos de los detractores del gobierno venezolano que se dicen haber sido partidarios del gobierno del Presidente Salvador Allende y de la Unidad Popular.

Pero es que entonces son amnésicos o hipócritas intrigantes porque la campaña imperialista hoy en curso en contra de Venezuela y de Nicaragua es exactamente la misma siniestra conspiración desarrollada en nuestro país entre 1970 y 1973, bajo la conducción de la CIA y llevada a cabo por Agustín Edwards  y El Mercurio, las agrupaciones empresariales de la época, en especial la Sofofa y finalmente asumida de lleno por las Fuerzas Armadas.

Si alguien cree que exagero, por favor tómense la molestia de leer el libro “Testigo Privilegiado” del propio Orlando Saenz que confiesa buena parte del plan golpista, o tómense la molestia de revisar el expediente judicial rol N° 12 – 2013, en donde encontrarán abundante material.

El proceso de “desestabilización” como se llamó el trabajo conspirativo de aquellos años tiene evidente parentesco con otros golpes en el continente, sea que hayan culminado en sangrientos golpes terroristas o ejecutados bajo la forma del  llamado lawfair  caracterizados por el empleo de manejos judiciales y publicitarios. Sea como fuere, es la CIA la que da las órdenes.

Hablemos claro: quienes hoy apoyan las maniobras golpistas en contra de los gobiernos progresistas de América  Latina en el peor de los casos son agentones de la potencia del norte o, en el mejor de los casos, son personajes oportunistas, que buscan congraciarse con el poder de turno, o, todavía más leve, son desubicados políticamente.

También han recurrido al empleo de una supuesta falta de democracia en Venezuela. Recordémosle a estos “demócratas” que en Chile seguimos viviendo bajo el imperio de la Constitución de Pinochet, en tanto Venezuela se rige por la Constitución Bolivariana, producto de un proceso absolutamente democrático.

Venezuela, como han reconocido políticos del más variado signo ideológico, incluídos destacados personeros de la social democracia europea, mantiene el más transparente y moderno sistema electoral y a sus comicios concurren observadores internacionales de las más distintas posiciones políticas e ideológicas. Lo que no ocurre en Chile.

Entonces ¿ de qué estamos hablando ? ¿Cómo se atreven quienes manejan el llamado “grupo de Lima” – de extraño origen y objetivos – a cuestionar el nuevo mandato del Presidente Nicolás Maduro ? ¿ Prefieren que los pueblos de América Latina los gobiernen grandes empresarios, por oscuros que sean sus pasados judiciales como en nuestro caso, y que no los gobiernen quienes, como el presidente venezolano, son auténticos hijos del pueblo?

Cualesquiera sea la variante el resultado es igual. Le hacen coro al gobierno norteamericano, el mismo que mata niños extranjeros en la frontera, el mismo que invade países y asesina gobernantes en defensa de sus  intereses.

Digamos a propósito que entre las maniobras golpistas más recientes del gobierno de Trump debe denunciarse la decisión anunciada por el Departamento del Tesoro en orden a imponer duras y arbitrarias sanciones económicas a Venezuela, incluídas prohibiciones, restricciones financieras y comerciales en contra de cerca de 30 empresas venezolanas y en contra de 7 personas físicas.

De tales medidas el gobierno del Presidente Maduro recurrió ante la Organización Mundial de Comercio, la OMC, puesto que se trata de medidas que atropellan normas internacionales vigentes. Tanto como también son violatorias del Derecho Internacional las prohibiciones de ingreso a EEUU de ciudadanos venezolanos.

A la luz de tales arbitrarias decisiones de la Casa Blanca, resulta inevitable evocar el bloqueo imperialista a la República de Cuba. Casi 60 años en que han tratado de ahogar económicamente a esa hermana nación. Decenas de años privando a cubanas y cubanos  de productos esenciales y afectando duramente su desarrollo económico.

Pero ahí está Cuba, de pie y exitosa. Y ahí seguirá la República Bolivariana de Venezuela. Aunque les duela a los viudos de Pinochet y a más de algún supuesto “demócrata”. Por todo lo que es mejor que siempre hablemos claro.