La recurrencia a WhatsApp, Twitter, Facebook e Instagram para desinformar, instalar el miedo social, hacer correr las “noticias falsas”, construir percepciones.

Hugo Guzmán

Periodista

08/01/019. 1.- En una columna del diario La Tercera, el abogado constitucionalista, Fernando Atria, escribió: “Hay algo que vincula el resurgimiento de la ultraderecha, las noticias falsas y la ‘post-verdad’: la degradación de la discusión pública”.

2.- A los pocos días, el ultraconservador comentarista y conductor radial, Gonzalo de la Carrera, difundió un Twitter cuyo texto señaló: “Comunista chilena defiende derecho a la pedofilia. Camila Vallejo: ‘la pedofilia es un derecho a recuperar’”. El origen de las palabras fue la ultraderechista publicación La Tribuna de España, cuyo director, Josele Sánchez, es conocido como “el rey de las fake news” (noticias falsas). La degradación de la que habló Atria.

3.- Ante el episodio que la afectó, Camila Vallejo posteó:

✔@camila_vallejo

1 No debería tener que aclarar la veracidad de una noticia EVIDENTEMENTE falsa
2 Comunicadores y medios deben ser rigurosos
3 Inaceptable el nivel de estrategias de la ultra derecha para difamar y desinformar
4 Patético que sea la única forma que tienen de “debatir” políticamente

Camila replicó tácitamente el argumento de Atria respecto a cómo los sectores de ultraderecha están manejando las redes sociales y el papel que juegan los medios de comunicación, los periodistas y los dueños de medios en esta trama.  Antes, por esas vías, se dijo que ella era dueña de un lujoso auto “Audi”. En entrevista con LaNación.cl, indicó que “en nuestro país las noticias falsas son usadas de manera sistemática a través de redes sociales”. Precisó que “la derecha ha hecho de las fake news su principal estrategia de posicionamiento en el mundo a través de estas herramientas particularmente para golpear a sus adversarios”.

4.- Lo vuelto a ocurrir con Camila Vallejo es solo un ejemplo, y que en algún sentido sería suficiente, para seguir la tesis de Atria, la cual se puede confirmar en una serie de episodios de construcción de “noticias falsas”, pos verdad, miedo social, e instalación de realidades adulteradas que hace tiempo usa la ultraderecha y los conservadores, con hechos conocidos internacionalmente como los de Donal Trump o Jair Bolsonaro. Un reciente botón de muestra estuvo en la entrevista de Christopher Jerez Pinto, en El Desconcierto, a Beto de Jesus,  activista brasileño por los derechos de la población LGBTI, quien relató que “gran parte de su victoria (de Bolsonaro) se dio en base a las fake new que se enviaban de forma organizada por WhatsApp. Hablaba de que el ‘kit gay’ enseñaba a los niños a ser gay. Tenía un chupete con forma de pene y decía que estábamos distribuyendo mamaderas con chupetes de pene para los niños”.

5.- Hay un peligro evidente. Que subyace y que incluso toca a gente de pensamiento progresista y de izquierda, en una amplificación distorsionada de esas tecnologías que son el basamento de las redes sociales. En esa línea, Atria apuntó que por la vía del mal uso o, derechamente, del uso para mentir y calumniar -algo que va siendo común en Twitter, WhatsApp, Instagram, Facebook- “la discusión pública pierde capacidad para contrastar posiciones mediante argumentos, y sólo queda el poder de la manipulación comunicacional”. No hay que olvidar otras malas circunstancias cuando se hizo circular en redes sociales una imagen del represor Álvaro Corvalán donde supuestamente aparecía junto a él el ex ministro piñerista Mauricio Rojas, lo que resultó ser falso. ¿Quién ganó con eso? El estudio de la sección “El polígrafo” de El Mercurio, estableció que, en relación a varios temas, las “noticias falsas en Chile fueron vistas o compartidas al menos 11,5 millones de veces en redes sociales”. Y que “Facebook y Twitter son las redes sociales por las que se difundió la mayor parte de las noticias falsas este año”.

6.- La periodista y analista Lidia Baltra, en el Portal Página19, anotó otro efecto pernicioso en la realidad comunicacional que se presenta ante la opinión pública: “Lamentablemente con estas ‘noticias falsas’ también se está inutilizando o neutralizando un espacio que hasta ahora canalizaba un periodismo alternativo a la voz hegemónica de los medios de comunicación masivos, escritos u audiovisuales”. Baltra sostuvo que “antes, noticia, era sinónimo de información verdadera. Hoy, al menos se duda. Y requiere de un nuevo esfuerzo buscar en qué mensajero confiar”. Y sentenció: “No podemos dejar que la moda de las noticias falsas destruya el buen periodismo, uno de los pilares de la democracia y canal del correcto flujo de los hechos reales, verdaderos”. El intelectual estadounidense Noam Chomsky, en entrevista con Jan Martínez Ahrens, atribuyó a factores más estructurales todo esto. “La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos”. El peor de los mundos.

7.- Ciertamente que detrás del uso de las redes sociales hay un tema de estructura. Que tiene que ver con poder político, financiero y comunicacional. Lo demás es música. No son asépticas como muchos pretenden establecer. Es el origen de que poderosos equipos de personeros y orgánicas del ultraconservadurismo -con grandes financiamientos y potentes equipos- recurran a WhatsApp, Twitter, Facebook e Instagram para desinformar, alentar, instalar el miedo social, hacer correr las “noticias falsas”, construir percepciones. En definitiva, la derecha, la ultraderecha, con sus medios y profesionales, hacen su trabajo.

8.- A eso se suman algunos factores nada despreciables. La crisis de los impresos (que saca de circulación diarios y revistas), el deterioro de calidad de la información televisiva, la baja lectoría en general de la población. Y la gente empieza, en teoría, a informarse por frases, por lemas, por síntesis extremas. Se cierran espacios a la reflexión, a la información real, al conocimiento, al acercamiento a los procesos, a la educación cívica y política. La frase “es que la gente ya no lee”, adquiere ribetes peligrosos. La gente puede repetir una fake news fácilmente, pero puede ser incapaz de explicar con argumentos por qué es necesario tener buenas pensiones. Varios estudiosos del tema plantean que bajo ninguna circunstancia desde el mundo progresista, ciudadano, social, comunitario, cultural, periodístico, hay que renunciar a las redes sociales. Son una herramienta objetiva y utilizable en todos sus formatos. El tema es si los 140 caracteres o las imágenes en Instagram le bastan a esos sectores de la sociedad civil para informar y comunicar sobre sucesos y procesos. Más específicamente, es un tema a asumir por el progresismo y la izquierda en contrapunto de la derecha y la ultraderecha. En una entrevista que hicimos al sociólogo Atilio Borón, él establecía que una prioridad para esos sectores es “encarar seriamente la batalla comunicacional”. Con todo lo que implica. En tono crítico, dijo que gobiernos de corte progresista, de izquierda o socialista, no comprendieron “el carácter crucial que en el mundo moderno tiene la comunicación política”. Pero no solo por las redes sociales. No usar la televisión (potenciamiento de Telesur, por ejemplo), los Portales en Internet, la prensa escrita que juega un rol, sobre todo en exposición clara de fenómenos, procesos, episodios y análisis, genera déficit. Es la complementación de medios. Si los ciudadanos, la comunidad, los espacios sociales y comunales, las fuerzas progresistas y de izquierda, los periodistas, renuncian a algún formato comunicacional e informativo, se estarán pegando un balazo en el pie. Y si se colocan a competir entre instrumentos, incluso en un mismo ámbito comunicacional donde debiera existir sinergia, el asunto ya no puede ser peor: pensar que uno solo puede suplir el aporte colectivo.

9.- En una aproximación a este tema, en la entrevista que el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, le dio a un grupo de periodistas del diario La Jornada, se le recordó que él habló de “las benditas redes sociales”, pero le replicaron que “las redes sociales, benditas sean, pero ( ) no crean contenidos. Los medios tradicionales crean los contenidos y ellos esparcen”. Entonces el mandatario reflexionó: “Que se van por encima muchas veces, que no hay la reflexión suficiente, el análisis, sí”.  Y luego explicó que tiene el propósito de articular, de complementar, los distintos medios sociales y estatales que existen. Las televisoras, las radios, los medios impresos, medios comunitarios e indígenas, coordinados en contenidos y llegando a distintos sectores de la sociedad. López Obrador recordó que el Internet solo llega al 25% de la población en  México. Planteó que “ya lo tenemos más o menos diseñado, es una polémica que se va a dar porque van a acusarnos de estar beneficiando o dándole mayor atención a medios sociales que vienen o que son más afines con lo que somos nosotros, no nos importa. Pero sí se puede justificar que no es lo mismo una empresa que un medio de comunicación con una función social”.

10.- Todo en un entramado de propósitos, idearios, objetivos, donde no siempre es la comunicación, su sentido social como bien público, y su conexión con la sociedad civil lo que impera, sino su uso como generador de fake news, miedo social, pos verdad y construcción de percepción.