Exministro llamó a acuerdos concretos. “La clave es la unidad 2019 para construir unidad política, programática y electoral para ganar las municipales y regionales”.

Equipo ES. 07/01/019. En entrevista con el programa “De domingo a domingo. Sin restricción” de radio Nuevo Mundo, el vicepresidente del Partido por la Democracia (PPD), Francisco Vidal, ahondó sobre la necesidad de unidad que tiene la oposición. Habló de que actualmente hay ocho oposiciones al Gobierno de Sebastián Piñera, las cuales incluso pueden llegar a ser 21 visiones diferentes si se cuenta a todo el Frente Amplio. El exministro en ese marco aseveró que en este 2019 la izquierda y centroizquierda no tiene excusas para no unirse y expresó que las contrarreformas laboral, tributaria y previsional que presentará el Ejecutivo son las instancias claves para empezar a conversar.

Asimismo, afirmó que el proceso de unión debe comenzar por fusionar a los pequeños bloques que conforman el Partido Comunista (PC), el Partido País Progresista (PRO) y el Frente Regionalista Verde Social (FRVS) y la Convergencia Progresista que constituyen el (Partido por la Democracia (PPD), el Partido Socialista (PS y el Partido Radical (PR), de lo contrario la derecha triunfará. Para ello apuntó como fundamentales las negociaciones entre colectividades para las próximas elecciones municipales y de gobernador regional, ya que son un barómetro de lo que serán las presidenciales.

¿Cómo se ven las perspectivas del país en lo político desde la oposición?

Un primer dato relevante es que en todas las encuestas el Presidente de la República perdió la mayoría, con una aprobación de 38 por ciento y una desaprobación de un 50 por ciento. Pero nosotros (oposición) estamos peor, entonces, la paradoja es que un Gobierno que no puede resolver los problemas del país al frente tiene una oposición inerte. Hay ocho oposiciones con representación parlamentaria y si disgregamos al Frente Amplio llegamos a 21 oposiciones. Estamos en deuda con la mayoría social, política y cultural del país. Este año ya no hay más excusas tenemos que encontrar un elemento para construir unidad y un elemento que nos coloca el Gobierno son las contrarreformas tributaria, la previsional y la laboral. Hay dos medidas de la propuesta tributaria de la derecha que en los hechos de acuerdo a un informe financiero hecho por el Gobierno hay un pérdida para el Estado de mil millones de dólares. Eso es insostenible de apoyar, para eso en la oposición tenemos que ponerlos de acuerdo en buscar fórmulas para enfrentar ese proyecto. Asimismo antes de fin de mes presentan la reforma laboral que busca debilitar la huelga y el sindicato. Entonces qué esperamos las direcciones políticas para entender el momento que vive el país. En estas ocho oposiciones vemos dos esfuerzos de unidad: el del PC con el Pro y los regionalistas y el del PPD, con los radicales y socialistas. El resto no puede reducirse a tomar café cada quince días, las reuniones bilaterales me tienen aburrido. Es el momento de comenzar el camino de construcción de unidad, llegó el momento en que la convergencia progresista se coordine con el PC, el Pro y los regionalistas, pero no para una foto, hay que coordinarse para ver cómo vamos a enfrentar las contrarreformas y así vas construyendo la unidad en la base con contenidos y vas preparando el escenario para el 2020, donde he dicho hasta el cansancio que si no vamos unidos con un solo candidato a alcalde o alcaldesa y con un solo candidato a gobernador regional la derecha con su 38 por ciento nos va a sacar la cresta y si eso pasa buenas noches, y veremos a Manuel José Ossandón o a José Antonio Kast como Presidente de Chile y si eso pasa será culpa nuestra.

El Gobierno dice que la reforma tributaria aumentaría la inversión al contrario de lo que habría pasado con la reforma de Michelle Bachelet ¿Cómo ven este proyecto?

Ellos están cuidando los bolsillos. La derecha con estas tres reformas muestra su ADN. Lo que le pide el capital a su Gobierno es que le hagan una reforma tributaria que les rebaje los impuestos, una reforma laboral que debilite el sindicato y una reforma previsional para que las AFP sigan ganado plata. Esta es la esencia del proyecto de la derecha. Para compensar la pérdida de los mil millones -que es algo que no tiene vuelta porque la Sofofa le pide todos los días al Gobierno que le baje los impuestos a las empresas de 27 a 25- si el Gobierno insiste con integrar el sistema tenemos que buscar nosotros la fórmula para recuperar los mil millones en el mismo sector que es beneficiado con la reforma de Piñera. En ese contexto el proponer ampliar, volver atrás, y subir el impuesto global complementario del 35 al 40 por ciento va en esa lógica. Los que pagan en Chile esa tasa máxima son 41 mil personas sobre 10 millones de contribuyentes y quiénes son los que pagan eso, básicamente los gerentes y ejecutivos grandes, porque para pagar eso tienes que ganar al mes mínimo 7 millones de pesos. Hay que buscar otra fórmula y decir que si quieren que le aprobemos el proyecto, porque tenemos mayoría, compensemos con la subida del impuesto territorial -las contribuciones- a las casas de altísimo valor, sobre mil millones de pesos, ahí se apunta al 1 por ciento más rico. Hay súper técnicas que permiten sacarle a ese 1 por ciento lo que eluden. Lo preocupante es que hay tres temazos puestos sobre la mesa que la derecha no puede evadir. La derecha va a jugar a dividirnos y a estimular individualidades, que es lo que ya está haciendo, pero sí de nuestra parte no hay visión clarita y unidad sobre algunos puntos, van a aprobar la reforma tributaria tal como lo quieren. Aquí el problema es político no técnico.

Hay mucha gente que tiene esperanzas en estas reformas, pero lo que van a hacer es aumentar la riqueza de un sector minoritario.

Así es. El ministro Nicolás Monckeberg dijo que había que estimular a los grupos negociadores en paralelo al sindicato, el resultado de ello es que al debilitar el sindicato vía grupo negociador la capacidad de fuerza del sector trabajo disminuye versus la fuerza del capital. Detrás del aumento de los servicios mínimos se busca debilitar la huelga, entonces, debilitan la huelga como instrumento de lucha y debilitan al sindicato, gana el sector capital. La reforma laboral de Bachelet permitió que los sindicatos en Chile crecieran del 15 al 20 por ciento y eso se explica porque la reforma dice que cuando el patrón llega a un acuerdo con los trabajadores organizados (sindicato) la ampliación de ese beneficio para los no sindicalizados no solamente corresponde a la voluntad del patrón sino que también a la del sindicato, bastó eso para que el sindicalismo creciera. Entonces, me pregunto si en los sectores progresistas ¿no hay claridad para enfrentar esto? Ahora si hay alguien en la oposición hoy que piensa que es bueno debilitar al sindicato que se vaya al Gobierno.

¿Cómo ve la reforma previsional?

Ahí hay un logro que es que el empleador, al igual que antes del 1973, va a poner un aporte de 4 puntos. El problema es quién va a administrar ese aporte y ahí el Gobierno pone otras instituciones, pero que cobran un porcentaje por administrar, en tanto las AFP no cobrarían adicional, por tanto la gente optará por las AFP.

¿Cómo transformamos el rechazo transversal en una agenda política para la oposición?

Eso hay que transformarlo en conducción, en dirección y en unidad política. Aquí hay que tener dos conductas, una frente a la ciudadanía y otra que yo espero que los seis partidos que tenemos avanzado algo nos unamos de aquí a marzo. Porque tenemos un importante peso en el Parlamento. Y los sectores minoritarios de la DC que ven con simpatía negociar con el Gobierno al ver a la izquierda unida deberán ceder a la presión porque no es viable culturalmente y políticamente que la Democracia Cristiana vaya con la derecha porque ese es el quiebre del partido. La responsabilidad cae en el Partido Comunista, en el PPD, en los socialistas, en los radicales, en el PRO y en las fuerzas regionalistas. Si esos partidos se juntan el efecto político es grande.

La derecha insiste con culpar al Gobierno anterior sobre lo que ocurre hoy ¿Falta hacer un análisis de lo que fueron los Gobiernos de la centroizquierda?

Claro. En la derrota del 2010 nos juntamos a hacer una autocrítica de la cual salió el programa de la Nueva Mayoría, lo que en mi opinión fue un salto cualitativo en transformación social y económica. Pero después varios dijeron que no leyeron el programa. Se cometieron errores brutales como nombrar de ministro del Interior a Jorge Burgos y de Hacienda a Rodrigo Valdés, porque ellos no creían en el programa.

¿Qué hacemos con las intenciones de varios de ser Presidente para que se concreten y se pueda hacer frente a los discursos neofascistas?

La clave es la unidad 2019 para construir unidad política, programática y electoral para ganar las municipales y regionales. Ninguno de los nombres que quieren ser candidato a La Moneda tiene posibilidades sino ganamos las municipales y las regionales. Porque la historia, desde 2004, te demuestra que el que gana la municipal es altamente probable que al otro año gane la presidencial. Si no hay unidad de la izquierda y centro izquierda en este sistema no hay ninguna posibilidad. Así que pónganoslos las pilas y empecemos la coordinación.

Desde el PPD se planteó una reforma al Tribunal Constitucional ¿De qué se trata?

El Tribunal Constitucional que en Chile nació el año 70 con el Presidente Frei Montalva está integrado por cinco personas, de ellas tres las designaba el Presidente y dos la Corte Suprema. Qué hizo Pinochet y Jaime Guzmán, cambiaron la composición del Tribunal y en el 2005 se reformó en parte. Hoy el Tribunal está formado por diez personas, donde hay una preeminencia conservadora en lo político y cultural. El Tribunal debe resguardar que las leyes cumplan la Constitución, pero en Chile se transformó en una tercera Cámara, la única donde la derecha tiene mayoría. Hay que dejar un número impar de integrantes y ver de dónde viene la gente que lo constituirá. Lo que se está haciendo es decirle al Gobierno que como ellos quieren reformar a Carabineros y nosotros también hagan el gesto de reformar el Tribunal Constitucional para que sea lo que debe ser y no una tercera Cámara.