José Antonio Kast, Camila Flores, Jacqueline Van Ryselberghe y Juan Antonio Coloma se refieren descaradamente a “régimen o gobierno militar” cuando hablan de la dictadura de Pinochet.

José Luis Córdova

Periodista

07/01/019. Los televidentes estamos acostumbrados a ver y escuchar expresiones de negacionismo sobre la dictadura y las violaciones a los derechos humanos José Antonio Kast, Camila Flores, Jacqueline Van Ryselberghe y Juan Antonio Coloma se refieren descaradamente a “régimen o gobierno militar” cuando hablan de la dictadura de Pinochet; relativizan sin empacho el terrorismo de Estado, los crímenes de los agentes de seguridad. Mario Desbordes, Diego Schalper, Felipe Kast y hasta Jaime Bellolio ponen en primer plano supuestos “contextos” interesados que habrían llevado al sangriento golpe militar de septiembre de 1973. Se sabe que nada justifica la sucedido.

Todos ellos, y muchos más, se refugian, además, en la vieja y gastada teoría del empate, sacando a relucir los crímenes desde Stalin, a los gobiernos de Cuba,Venezuela -y ahora Nicaragua- hasta el régimen de Corea del Norte (en guerra contra el Sur y los Estados Unidos desde hace 60 años sin firmarse la paz) para defender al pinochetismo.

La nueva estrategia es acusar a la diputada Carmen Hertz que presentó el proyecto de ley que sanciona el negacionismo como si se enfrentara a la libertad de expresión y de prensa. La presidenta del Colegio de Periodistas, Margarita Pastene afirma categóricamente: “Negar los crímenes de lesa humanidad por parte de los líderes de opinión, los medios de comunicación, periodistas y comunicadores es un grave atentado a la dignidad de las personas que aún sufren las consecuencias de un daño irreparable”.

Margarita Pastene agrega que “poner freno al negacionismo, no tiene nada que ver con poner límites a la libertad dde expresión, ni se trata de “Ley Mordaza”, Muy por el contrario, la libertad de expresión se basa en la libertad de cada cual de expresar públicamente sus ideas y pensamientos, pero sobre la base de un respeto irrestricto a principios éticos y honestidad con la historia y los hechos ocurridos, por muy dolorosos y vergonzosos que resulten”.

La manipulación de información, las famosas “fake news” (que en ningún caso pueden caracterizarse como noticias), las operaciones comunicacionales, la publicidad engañosa y otras maniobras supuestamente “informativas” encubren el negacionismo, que en países como Alemania es sancionado al igual que la incitación al odio en sus diferentes formas.

El discurso reivindicador del pinochetismo de José Antonio Kast, de Camila Flores, Ignacio Urrutia y otros, si bien actualmente concita el rechazo ético y moral de muchos, en un estado de derecho debería ser también sancionado por las leyes.

Carmen Hertz es enfática en afirmar que el proyecto de ley contra el negacionismo “sanciona negaciones de hechos concretos. Es falso que se sancionen ideas o posiciones políticas”.

La aparente contradicción entre negacionismo y libertad de expresión ha sido zanjada hace tiempo “tanto el Pacto sobre Derechos Civiles y políticos como la Convención Americana señalan que el límite ineludible para la libertad de expresión es la honra y la dignidad de las personas. Por eso existen los delitos de injurias y calumnias, son los límites de la libertad de expresión”, agrega.

En Europa, el negacionismo es similar al racismo, la homofobia, que atenta contra la dignidad de las víctimas de genocidios y crímenes de lesa humanidad como los que se desataron en Chile con la dictadura cívico-militar de Pinochet. La TV no puede usarse para justificarlos, relativizarlos ni minimizarlos.