La Bolivia actual nos plantea dos conflictos con sus matices experimentados en otros países de la región que buscaron transitar hacia el “progresismo”.

Fernando Bahamonde
Profesor. La Paz, Bolivia.
07/01/019. Luego de su independencia en el siglo XIX la construcción del Estado fue una disputa más que un acuerdo entre los agentes constructores;  la elite blanca constituida por los comerciantes de La Paz, los mineros de Potosí y los hacendados de Cochabamba sostuvieron proyectos divergentes que impidieron consolidar el Estado. De tal modo que lo que se ha impuesto socialmente es la  profunda diversidad cultural indígena que recién hoy se expresa en una Constitución que desde el 2009 declara a Bolivia como un Estado plurinacional. La clase dominante boliviana durante los siglos XIX y XX fue incapaz de penetrar la multifasética densidad cultural preexistente al Estado, utilizando los mecanismos clásicos para este efecto como: iglesia, escuela y ejército. Muy por el contrario arrastró a Bolivia a guerras externas contra Chile-que bien merece un análisis a parte- Brasil y Paraguay, que significó la muerte de miles de bolivianos y la pérdida de territorio casi en todas direcciones. Internamente, esta elite, ha luchado por el poder usando como recurso la violencia contra la población, estimulando el racismo,  con breves paréntesis Bolivia ha sido una “República” de caudillos militares y de “Barones” del estaño o del neoliberalismo.
Dos tareas titánicas ha asumido el gobierno del MAS que encabeza el binomio Evo Morales y Álvaro García Linera desde el 2006, construir por primera vez en su historia y en pleno siglo XXI un Estado plurinacional; y mantener el poder mediante triunfos electorales sucesivos.
La primera tarea de orden estructural, que implica, además, sacar y descartar el neoliberalismo desde el Estado y su institucionalidad. Dos componentes pueden visualizarse en este tránsito el intangible, pero material a través de la participación de amplias mayorías históricamente postergadas, que se traduce ideológicamente en cuerpos legales como la Constitución. Y, hacer tangible la acción del Estado para extender derechos humanos como salud y educación. En el mismo sentido el desarrollo de infraestructura urbana y obras públicas para proporcionar conectividad y acceso de bienes y servicios a la población. La falta de Estado, es visible y para algunos bolivianos es el equivalente a corrupción o clientelismo en el despliegue de las políticas públicas hace que el gobierno se entienda con líderes comunitarios. En un aspecto global la construcción del Estado en Bolivia, está en la mayor tensión o síntesis de los conceptos de lo público propiamente estatal en un sentido tradicional y lo comunitario en un sentido multicultural.
El segundo desafío es el electoral en el restrictivo marco de democracia representativa. Este es un ámbito contingente donde no importan el pasado o los logros, sino sólo el presente. El presente hoy en Bolivia está determinado por el referéndum del 21 de febrero de 2016 donde por escaso margen (51% contra el 49%) se impuso el no en seis de los nueve departamentos de este país, que en rigor implicaba modificar el artículo 138 de la Constitución política para permitir la reelección del presidente y vicepresidente de la República. Recientemente el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia determinó que los actuales presidente y vicepresidente pueden participar en las primarias legales que desarrollarán en este mes de enero y con ello, de ganarlas, estarían facultados para ser candidatos en los comicios de octubre de este año.
La Bolivia actual nos plantea dos conflictos con sus matices experimentados en otros países de la región que buscaron transitar hacia el “progresismo”. La corrupción como beneficio de pocos para lo cual se utilizó el Estado como caja pagadora; y el problema de la sucesión del liderazgo manteniendo la institucionalidad transformadora como telón de fondo.
Sea como sea Bolivia desde el 2006 tiene un antes y un después, en la construcción de un Estado Plurinacional y despojado de neoliberalismo, es y será un duro y largo camino por recorrer. En Bolivia todo está en movimiento y construcción: el Estado, la democracia y el socialismo.
Mientras en Chile, las instituciones como las FF. AA y otras pierden legitimidad, así como los derechos humanos son cooptados y naturalizados por el principio de subsidiariedad, nos hacen pensar que en nuestro país vivimos una
insoportable levedad del Estado.…