Quizá haya un debate subyacente, si hay que darle importancia o no a expresiones de la ultraderecha, que se están dando en orgánicas, vocerías y porcentajes electorales.

Hugo Guzmán

Periodista

17/12/0181.- Y el fin de semana concluyó con que la ultranacionalista y ultraconservadora política francesa Marine Le Pen, superó en los sondeos al liberal progresista Emmanuel Macron, mientras en Chile, ganó la elección interna por la presidencia de la Unión Demócrata Independiente (UDI), la también ultraconservadora Jacqueline van Rysselberghe, considerado un triunfo del sector “más duro” dentro de esa colectividad, y el diputado de ese partido, Ignacio Urrutia, anunció su renuncia para irse al ultraderechista grupo Acción Republicana de José Antonio Kast.

2.- Las guindas para una torta comunicacional de los últimos días, donde las vocerías de personajes ultraconservadores y ultraderechistas se expandieron en la agenda. Los diputados Ignacio Urrutia (UDI) y Camila Flores (RN) reivindicando la figura del dictador Augusto Pinochet, lo mismo que hizo el ultraderechista visitante Eduardo Bolsonaro, quien fue recibido, elogiado y apoyado por los partidos y centros de pensamiento de la derecha, y bien tratado por dos ministros de Sebastián Piñera. José Antonio Kast, el armero de Acción Republicana, salió con diversidad de declaraciones, posicionando las tesis más extremas de la derecha. Detrás de todo -a lo que se sumarían las noticias de Le Pen y Van Rysselberghe- la convicción dentro de la derecha y más allá de ella, de que las posturas y planteamientos ultraderechistas, finalmente encuentran asidero en una masa electoral que termina votando por personajes como Jair Bolsonaro y otorgándole un 8% a Kast, el ultraconservador, o más del 15% a la UDI.

3.- Esos y otros episodios marcaron los comentarios en los programas informativos y de análisis en la mayoría de las radios, y llenaron de palabras las redes sociales, aparte de notas en los periódicos y portales en Internet. El afamado columnista Carlos Peña fue apoyado e/o insultado por su columna sobre el tema de la ultraderecha, donde no se privó de hablar de “la amenaza neofascista”. Aparecieron otras columnas, menos comentadas, como la del intelectual de la derecha, Sebastián Edwards, donde hablando de las virtudes que hay que encontrar en el conservadurismo, recordó al ex presidente estadounidense, Ronald Reagan, y que “su visión doctrinaria se basaba en dos columnas firmes pero más bien crudas: un anticomunismo a ultranza y una enorme confianza en el sistema de mercado”. Dos elementos que hoy levanta la ultraderecha, junto a sus propuestas en materia de seguridad pública, migración, oposición al aborto, imposición del orden a través de mayor margen represivo de las policías.

4.- En medio de esto, la presidenta de la Fundación Horizonte Ciudadano, Valentina Quiroga, salió con una frase marcadora: “…la ultraderecha es la que está emitiendo mensajes que sintonizan mucho con el sentido común (de la ciudadanía)”. Y advirtió que “eso es peligroso”. Sentido común, como lo resumía Carlos Peña, basado en más control policial y represivo para combatir la delincuencia, “sano nacionalismo” ante las olas migratorias, rechazo o “maltrato” a la diversidad sexual reivindicando criterios valóricos y naturales, combate a la corrupción de los políticos, otorgamiento de espacios a posturas sexistas, racistas, homofóbicas, que existen en la sociedad, oposición al comunismo destructivo y a las transformaciones progresistas que traen caos y alteraciones. En ese marco, ¿dónde está el sentido común que construye la izquierda y/o el progresismo? A eso se suma cierta lejanía de las vocerías e irrupciones de la ultraderecha y querer dejarlos en el campo de “los locos”, como si no hubiera necesidad de encararlos en el debate de ideas, en las calles, en el Parlamento, en la discusión de propuestas. En estos días, desde el mundo propiamente político de la izquierda y el progresismo, pareciera que las arremetidas de la ultraderecha no existen. ¿Esperarán a preocuparse cuando suban el porcentaje electoral como sucedió en Brasil? No hay que olvidar que José Antonio Kast superó a varios candidatos presidenciales democráticos y que la UDI tiene hartos más votos que varias colectividades de izquierda y el progresismo. Este lunes varios comentaristas de programas políticos radiales hicieron alusión a una suerte de posicionamiento de la ultraderecha, de los “sectores duros” y dieron más luces e ideas que dirigentes de izquierda o progresistas.

5.- Quizá haya un debate subyacente, y es si hay que darle importancia o no a las expresiones -en sus distintas modalidades- de la ultraderecha chilena, que se están dando en orgánicas, vocerías -amplificadas o no-, porcentajes electorales y sintonía con fenómenos en otros países.