El asesinato del joven mapuche Camilo Catrillanca Marín reveló una vez más las falencias, omisiones e inexactitudes en que caen los medios de comunicación.

 José Luis Córdova

Periodista

16/11/018. El asesinato del joven comunero mapuche Camilo Catrillanca Marín reveló una vez más las falencias, omisiones deliberadas e inexactitudes en que reiteradamente caen los medios de comunicación en nuestro país ante hechos de esta naturaleza en la Región de la Araucaná y que involucran a nuestra etnia originaria.

Las pautas de prensa de canales de televisión, radios y del duopolio de la prensa escrita dejan inmediatamente de lado el principio básico de la información que es el de confrontar fuentes, abordar diferentes versiones e investigar antes de difundir medias verdades o “fake new” como se denominan las mentiras hoy en día.

Minutos después del crimen,  mientras el joven de 24 años, padre de una niña de 6 y cuya esposa de encuentra embarazada, era trasladado a Ercilla, surgieron las primeras versiones “oficiales” bastante antojadizas y contradicciones entre los voceros de Gobierno y Carabineros.

Como es habitual la institución uniformada aseguró, a través del jefe de zona, Mauro Victoriano, la ocurrencia de una enfrentamiento entre comuneros de Temucuicui con efectivos policial a raíz del robo de vehículos a algunos docentes y escolares que habrían sido interceptados en la zona. Ante ello, sorpresivamente se hacen presentes un helicóptero, drones y más de 200 carabineros en la persecución de los supuestos “delincuentes”.

Triste recuerdo de acciones similares durante la dictadura cuando la CNI montaba operaciones similares semejando enfrentamientos que terminaban con detenidos, muertos o detenidos desaparecidos sin mayores explicaciones.

En este caso, el Intendente de La Araucanía -conocido latifundista de la zona- Luis Mayol (ex ministro de Agricultura en el primer gobierno de Piñera) y el cuestionado director de Carabineros -general Hermes Soto por acusaciones de fraude al fisco en su institución- entregaron diferentes versiones de los hechos. Delitos, terrorismo, enfrentamiento, represión o uso abusivo de la fuerza son los calificativos utilizados indiscriminadamente hasta ahora. Habrá que esperar las investigaciones que, para colmo, realizada la fiscalía con Carabineros.

A estas alturas está claro que el joven comunero -nieto del lonko de Temukuikui- no estuvo presente en el presunto incidente policial. Estaba en un tractor junto a un  menor de edad que también fue lesionado y permanecía detenido irregularmente hasta algunas horas.

Cada vez que muere un carabinero, las cámaras de TV, radio y prensa se apresuran a buscar a su esposa y familia y -con toda razón- muestran emotivas escenas de justo dolor por la pérdida. Nada de ello ocurre si se trata de un mapuche. Tampoco se indagan otros antecedentes sobre el suceso y los colegas se limitan a recogar opinones oficiales, como la versión del piloto del helicóptero que, 48 horas después del crimen asegura que el joven Catrillanca participó en el robo de autos y huía cuando fue alcanzado (por una bala en la cabeza de un  tiro por la espalda)

Sin embargo, el padre del comunero, Marcelo Catrillanca, es testigo que su hijo estaba trabajando en el tractor cuando se encontró con el tiroteo desatado por el comando Jungla. Los medios no se han interesado demasiado por sus dichos, como tampoco los de la viuda del comunero ni otros testigos presenciales.

Ahora el interés se ha volcado hacia las reacciones, la indignación desatada en la zona contra las ocupaciones ilegales, los latrocinios y abusos de los colonos contra la población ancestral en estos territorio. Las manifestaciones espontáneas realizadas en Santiago, Temuco y hasta Punta arenas reflejan el enardecido estado de ánimo de los ciudadanos ante este nuevo brutal atropello a la dignidad de la etnia mapuche. El llamado “Plan Araucanía” del Gobierno de Piñera ha quedado en suspenso y están hablando las armas. Se han impuesto las “mentiras verdaderas”.