Es imposible transmitirles la magnitud y emotividad alcanzada por dicha actividad, que congregó algo más de 500 personas.

Miguel Lawner. Arquitecto. 08/11/018. Este mensaje está dirigido especialmente a quienes no asistieron al evento en celebración de mis 90 años, que un grupo de familiares y amigos resolvió organizar este sábado 3 de noviembre en el GAM.

Es imposible transmitirles la magnitud y emotividad alcanzada por dicha actividad, que congregó algo más de 500 personas.

El equipo organizador se empecinó en mantenerme al margen de la actividad, por lo cual mi sorpresa fue mayúscula.

Se trató de una fiesta popular organizada solo en base al compromiso de tantos amigos, parientes y compañeros, convocada por los Rectores de la U. de Chile y de la U. de Concepción, el Presidente del Colegio de Arquitectos, el de la Federación de Sindicatos de la Construcción, la Presidenta de la Cámara de Diputados y el Centro Cultural GAM.

El homenaje tuvo una primera parte (15,30-16,30 hrs.) consistente en un auténtico tijeral que tuvo lugar en el espacio libre del sótano del GAM, donde había dispuestas mesas y sillas para todos los asistentes, a quienes se les facilitó un gorro de papel tipo cambucho, propio de los obreros de la construcción en tiempos anteriores al casco.

Previamente fui invitado a llegar exactamente a las 15,30 hrs. a la Alameda esquina con calle Lastarria, donde nos esperaba un chinchinero, que nos condujo agitando su tradicional bombo hasta ingresar al GAM, que ya congregaba un gran número de los invitados. Allí nos esperaba un espectáculo auténticamente popular, protagonizado por un organillero y un par de artistas raperos, acompañados por las acrobacias de un joven malabarista montado sobre un globo mientras jugueteaba con algunos palitroques lanzados al aire.

Concluido este aperitivo, apareció la popular estudiantina que, al compás de la española cuando besa…. encabezó la columna de invitados descendiendo por la rampa hasta la plaza del zócalo donde nos acomodamos  para disfrutar la fiesta de los tijerales. Aunque ustedes no lo crean, los organizadores matricularon con una torta para 10 personas a noventa de los invitados, cada uno de los cuales llegó con ellas y sus respectivos servicios. Además, hubo abundancia de jugos, manjares caseros y sopaipillas.

Llegó el momento de cantar el happy birthday en su versión mejicana y en la tradicional, y apagué las velitas en medio de la algarabía de tantos amigos congregados. A mi mesa, llegó una preciosa torta con la imagen de la Iglesia de Dawson, templo restaurado como ustedes saben por nosotros, mientras estuvimos confinados en la Isla. Los organizadores tuvieron la gentileza de sentar en mi mesa justamente a dos de los compañeros de Dawson: Pedro Felipe Ramírez y Camilo Salvo, además del pintor Guillermo Núñez, Sofía Prats, hija del general Prats, la doctora Paz Rojas y su marido, Iris Largo, mis cuñados Pedro Maldonado y Chabela, además de Jacobo Schatan, entrañables amigos de toda la vida.

Mientras transcurría el tijeral, Alejandro el mono González, trazó un mural conteniendo imágenes del edificio Unctad y otros pasajes de nuestra vida como la carátula del libro de mis memorias. Decenas de muchachos y niños, se disputaron los plumones y pinceles, hasta dar término a esta preciosa obra colectiva.

La segunda parte del homenaje (18.30-21.00 hrs.) tuvo lugar en uno de los auditorios del GAM, donde un libreto conducido por el actor Roberto Poblete y mi sobrina Gloria Maldonado, fue recorriendo pasajes de mi vida, intercalado con presentaciones de notables artistas chilenos.

Un papelógrafo, escrito por la Brigada Ramona Parra al fondo del escenario decía lo siguiente: Miguel Lawner: memoria y compromiso.

El espectáculo artístico fue abierto por el payador Eduardo Peralta, cantando unas décimas especialmente compuestas sobre mi vida

Continuó Valentín Trujillo acompañando nada menos que a nuestra eterna Carmen Barros cantando la Vereda Tropical, para dar paso al cantautor Francisco Villa que interpretó una canción dedicada al Barrio Matta, donde transcurrió mi infancia y juventud.

Siguió Isabel Aldunate con su grito desgarrador invocando Libertad. Luego aparecieron un par de eximios bailarines de milonga, disciplina que a Anita y a mí nos apasionaba.

En un par de ocasiones Gregory Cohen y el Igor Rosenmann, interpretaron como mimos, algunos episodios de nuestra vida que se escuchaban a través de grabaciones con mi voz.

Sandra Baeza y Eleuterio Barra, queridos amigos venidos de Punta Arenas, nos cantaron viejas canciones revolucionarias y la tradicional melodía croata el Tamo Daleko, tras lo cual,  el bandoneonista Eduardo Sosa nos elevó al cubo las nostalgias, interpretando la Canción a los amigos que yo quiero.

El guión del espectáculo intercaló unas palabras de homenaje a nuestra hija, tan comprometida como nosotros en la resistencia a la dictadura.

Llegó el momento de los grupos musicales y apareció el Aparcoa con los mismos integrantes de hace 50 años, entonces estudiantes de arquitectura, interpretando tres de sus notables cuecas urbanas.  Más tarde el conjunto Huamarí, que se rearticuló expresamente para esta fiesta y en seguida un solo estremecedor de Lucho Vera, cantando la canción de Víctor Jara Cuando voy al trabajo.

Francisco Villa regresó acompañado de Patricia Carmona para interpretar el nostálgico Vuelvo del Illapu, y enseguida entró al escenario el legendario  Intillimani levantando de sus asientos a los asistentes con su comprometido repertorio de canciones.

En un momento, subieron al escenario Trine Danklefsen, entregando el saludo de la Embajada de Dinamarca y Kirsten Schelbek trayendo el saludo de varios daneses y chilenos residentes en el país que nos otorgó asilo. También escuchamos a Diego Montoya, entregando el saludo del Comité de arquitectos jóvenes del Colegio de Arquitectos. Fue imposible trasmitir todos los saludos recibidos desde Chile como desde el extranjero.

Próximos al cierre, todos los artistas participantes de la fiesta, se agruparon en el escenario para cantar junto a Eduardo Peralta la canción Tengo tantos hermanos, que antecedió mis palabras de agradecimiento.

 Cerramos el acto todos, artistas y asistentes a una noche histórica, acompañando al Intillimani  en la interpretación de El pueblo Unido Jamás será Vencido. Podrán imaginarse la conmoción colectiva en algunos casos de gente enfervorizada, varios con lágrimas en los ojos, otros con furia, cantando ese himno inmortal, que nos identifica con los ideales más nobles en las luchas que libran los pueblos a lo largo del planeta.

Es imposible trasmitirles por escrito la inmensa emoción experimentada tras vivir todo el desarrollo de la jornada. Tal como lo manifesté en mi intervención, nadie en Chile es capaz hoy día de organizar un evento como este. Nadie….nadie. Solo es posible gracias al compromiso de gente como nosotros, motivados por los más nobles ideales de la vida: la solidaridad y la fraternidad. Añadí que este no era un acto en homenaje a una persona. Era un acto de todos nosotros. Un acto que nos merecemos, porque en la sala estaba presente lo mejor de Chile, bajo el punto de vista ético, cultural, social y político. Los que jamás cedimos ante las presiones del gran capital. Los que jamás nos dejamos cooptar por el modelo neoliberal. Los que continuamos enarbolando los ideales de un mundo mejor para todos.

Digamos, para cerrar, que en el ala oriente del GAM, se presenta una exposición con fotos de gran tamaño, que recorre nuestra vida desde la infancia en el barrio Matta-Portugal, nuestra formación en la Escuela de Arquitectura de la U. de Chile, la obra profesional de la oficina Bel Arquitectos, con Anita y Pancho, nuestra labor como ejecutivos del gobierno de Allende, el exilio en Dinamarca, nuestro regreso incorporándonos a las luchas en resistencia a la dictadura, defendiendo a los pobladores desalojados de la Villa San Luis de Las Condes, o saliendo al paso a quienes pretendían demoler la Torre de la Unctad.

La exposición permanecerá abierta durante esta semana. No se la pierdan.

Imposible agradecer tantos saludos y regalos recibidos.

Imposible agradecer a cada uno de los organizadores de una jornada espectacular. Me he enterado que se formaron dos grupos, cada uno integrado por más de 40 personas.

En la persona de Lucho Vera, hago llegar mi agradecimiento a tantos que debieron tanto a un viejo como yo. Lucho fue como siempre un conductor sensible y creativo de una jornada memorable en la historia de este país, aunque la TV y los medios escritos la silenciaron.

Yo lucí en el acto la piedra grabada a Anita cuando estaba confinado en la Isla Dawson. La colgué de mi cuello sabiendo que así ella estaría presente, junto a mí, como fue siempre durante los 66 años de una vida compartida en las duras y en las maduras.

Gracias por tanto amor sincero recibido.