Ex ministra sostuvo que la unidad opositora no debe ser “meramente electoral”, sino una conversación programática.

Equipo ES. 02/11/018. Al participar en el encuentro de la Fundación Casa Común, bajo el título “O construimos juntos o nos hundimos por separado”, la ex ministra de la Mujer y la Equidad de Género y dirigenta del Partido Comunista, Claudia Pascual, indicó que “estoy convencida que ninguna de las fuerzas políticas del centro, progresistas y de izquierda, está en condiciones de ser alternativa hoy, de manera individual en nuestro país”. Y añadió que ante eso, la unidad opositora hoy no es solo un anhelo, sino una necesidad para avanzar en transformaciones en el marco del país que se requiere.

Por ello, sostuvo que no puede ser “meramente electoral”, sino en función de conversaciones y acuerdos programáticos, y debe ser una unidad política y social.

Claudia Pascual apunto que ese proceso “requiere esfuerzos y requiere sacrificios, y que no esté solo desde una retórica, sino que esté en nuestra práctica cotidiana”.

La siguiente es la transcripción de las palabras de la ex ministra Claudia Pascual:

“Quiero partir señalando que el contexto para que podamos estar reunidos y reunidas es que hay un cambio de ánimo en el país, a lo mejor no el suficiente todavía para lo que la ciudadanía esperaría o lo que nosotros queremos que la ciudadanía espere y nos demande para poder ser nuevamente alternativa para nuestro país. ¿Y por qué hablar de un cambio de ánimo que nos permita conversar y ojalá converger? Porque yo espero que en algo nos moleste el llamado de un Presidente Sebastián Piñera en su primera cuenta a la Nación, donde diga y decrete que no solo el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet ha sido lo peor que le ha pasado al país en la historia, sino que además apele a una segunda transición basada en lo que estamos. Y ahí hay algo en común que podemos tener, independiente de que uno no pueda decir qué cosas se hicieron bien en cada uno de los gobiernos anteriores de la Concertación o también del Gobierno de la Presidenta Bachelet (el de la Nueva Mayoría) y al mismo tiempo decir que esos gobiernos no fueron perfectos y efectivamente tienen errores.

Creo que también mejoró el escenario para poder conversar, con un ministro de Cultura (Mauricio Rojas) que se permite decir que el Museo de la Memoria es un montaje, lo que sensibilizó a la ciudadanía. Porque tuvimos un fallecimiento donde todos los actores y sectores políticos y sociales van a rendir homenaje a un gran luchador de los derechos humanos, como es Andrés Aylwin. Porque tenemos también la solidaridad frente al magnicidio del Presidente (Eduardo) Frei Montalva y de solidarizar con la Democracia Cristiana porque (el Gobierno) tiene designado como subsecretario de Salud a uno de los encubridores de los antecedentes de ese caso. Tenemos también el acto de convergencia más transversal a propósito de la conmemoración de los 30 años del NO, donde no hay dueños ni dueñas, sino que es el conjunto del país, de la ciudadanía, el conjunto del pueblo, el que se atrevió a estar e ir a votar ese 5 de octubre del año ’88. Por tanto, veo ahí que hay espacios que nos permiten ser lo que está convergiendo al menos en esta conversación.

Las transformaciones necesarias

Como otra idea fuerza, decir que el país necesita transformaciones, nos debemos otro país, como decía el eslogan de los 30 años del NO. Esas transformaciones son a partir de tener y conversar, un nuevo modelo de desarrollo y de crecimiento en nuestro país. Que permita efectivamente asumir que queremos un Estado productivo, que queremos una economía mixta, recuperando el papel de las cooperativas, no solo del Estado y del mercado. Que queremos superar el Estado subsidiario, que queremos en ese marco tener siempre resguardado la mayor cantidad de derechos colectivos y no solo individuales, para el conjunto de la ciudadanía, los derechos colectivos de los trabajadores y las trabajadoras de este país, con trabajo decente, con salarios y pensiones dignas, indudablemente con un nuevo sistema de pensiones. Donde queremos derechos sociales concebidos como universales. Un espacio de construcción en función de la descentralización, que a lo mejor ni siquiera dentro de nuestras cabezas está preparada, pero que debemos atrevernos a hacerla y a conversarla. Con inclusión de mirada más diversa de nuestra sociedad. Con el respeto absoluto a nuestros pueblos originarios, con la inclusión de la diversidad sexual, de las miradas de las mujeres, de todos los sectores y actores que viven a lo largo de nuestro país y que son todos y todas diversas. Esto culmina con una mirada de nueva Constitución, que realmente pueda establecer derechos sociales, papeles del nuevo Estado superado el de la subsidiaridad, que pueda hablar de la seguridad para la comunidad respetando los derechos humanos, que pueda condenar de manera efectiva la corrupción, a quienes corrompen y a quienes cae en faltas de corrupción.

Que podamos hablar también de la construcción de una sociedad más justa, y de la construcción de sujetas y sujetos nuevos, de mujeres, de hombres, de gay, de lesbianas, de trans, nuevos y nuevas para esta sociedad.

Porque en la medida que crece la conciencia de derechos sociales en nuestro país, es un tema que debemos discutir, porque hay que elevar esa conciencia de colectividad que está cada vez más disminuida. Por lo tanto, creo que es importante hablar de los temas éticos y valóricos no desde lo que hace cada uno con su vida, sino en relación a cuáles son los valores que queremos tener en nuestra sociedad.

Nadie es alternativa hoy por sí solo

Para ello, estoy convencida -y los comunistas y las comunistas estamos absolutamente convencidos- que ninguna de las fuerzas políticas del centro, progresistas y de izquierda, está en condiciones de ser alternativa hoy, de manera individual en nuestro país. Por lo tanto, la unidad no es solo un anhelo, un espacio desde el cual uno podría decir que es mejor porque estamos mas, sin que también es una necesidad.

En eso es importante recordar cuestiones en relación al escenario mundial, de América Latina, sobre todo por lo que está pasando en Brasil, y que ninguno de nuestros países, y particularmente Chile, no está ajeno a que pueda pasar u ocurrir fenómenos como (Jair) Bolsonaro, aquí tenemos varios nombres que apuestan a seguirle los pasos y la pista, y en relación al neofascismo. Pero también en relación a prácticas que son absolutamente inconducentes en una sociedad más respetuosa de las distintas miradas. En ese respeto a las distintas miradas, teniendo consciente el respeto a las mayorías, que se expresen de manera democrática, también con mecanismos cada vez más garantizados en términos, por ejemplo, de una participación social, vinculante, que hoy no tenemos.

Creo que la unidad requiere voluntad, requiere esfuerzos y requiere sacrificios, y que eso no esté solo desde una retórica, sino que esté en nuestra práctica cotidiana. Porque implica, efectivamente, hacer el esfuerzo de conversar con todas y con todos, de reconocerse como actores y actoras, como sujetos y sujetas, de reconocer políticas válidas independiente que tengamos diferencias, de que vengamos de matrices distintas. Buscar sobre todo lo que la ciudadanía y el país están esperando, y es que tengamos una apuesta por el conjunto del país, y que tratemos de conversar y generar esa unidad en función de los temas país.

Por eso, cualquier unidad no es la que necesitamos. Comparto que la unidad tiene que ser en torno de temas programáticos, en torno a propuestas de país, propuestas de comunas, de regiones, propuestas para distintos sectores y segmentos sociales.

La gente no espera un acuerdo cupular, no espera meramente un acuerdo electoral, espera que los acuerdos electorales sean una respuesta a estas conversaciones programáticas. Es cierto que hay que actuar en función de temas del aquí y del ahora, como reforma tributaria, educación, y otros tantos temas. No es necesario proponernos solo el devenir del mañana como alternativa para nuestro país. Pero también es necesario conversar los temas del mediano plazo.

Hay que agregar que esta unidad tiene que ser social y política, tiene que estar en las organizaciones. Ejemplos que se están dando hoy, que son dignos de emular por parte de nuestras identidades políticas, como las conversaciones de la Central Unitaria de Trabajadores y el No+Afp, para unir sus propias movilizaciones, las conversaciones que se tienen con la Confederación de Estudiantes de Chile, son espacios importantes.

Pensar que necesitamos avanzar de manera conjunta para evitar que se sigan conculcando los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, que se venga con todo a limitar los derechos de las mujeres en nuestro país, porque esos son los proyectos que se están tramitando en el Parlamento, porque se puede dar el espacio donde ya está un Movimiento Social Patriota neonazi en nuestro país. Frente a todo eso necesitamos de esa unidad