Miles despidieron a la incansable luchadora en un masivo y merecido adiós en su casa en San Joaquín, en su paso por la pérgola y después en el Cementerio Católico.

Equipo ES. 28/10/018. “¡Compañera Ana González, presente!”, se escuchó una y otra vez durante el velorio y funeral de Ana González de Recabarren, la histórica dirigenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). Histórica porque fue una de las fundadoras de la organización, se convirtió en una de las primeras que salió a la calle a preguntar dónde están en plena dictadura y porque su historia no puede dejar a nadie indiferente: en 1976 le arrebataron a gran parte de su familia, su esposo, hijos, nuera y futuro nieto – Manuel Recabarren (50 años), Luis Emilio Recabarren (29 años) ​, Manuel Guillermo Recabarren (22 años) y Nalvia Rosa Mena Alvarado (20 años/ embarazada)-.

Ana nunca supo que pasó con su familia, nunca los encontró, murió con esa deuda y con las ganas de llorar a mares. “Mis lágrimas las convertí en lucha, pero quiero llorar a mares cuando sepa la verdad, cuando haya justicia, aunque ya no pueda acariciar la cabeza de mis niños y de mi marido”, dijo la dirigenta hace unos años en una entrevista en televisión.

Es por eso que la noticia de su muerte remeció al mundo social y político, en especial, al ligado a los derechos humanos. “Ha fallecido la compañera Ana González, una incansable luchadora por los derechos humanos y buscadora eterna de verdad y justicia. Fallece sin encontrar a su esposo, hijos y nuera, que la dictadura de Pinochet le arrebató. Por ella y por todas las víctimas de la dictadura ¡No a la impunidad!”, escribió en su cuenta de Twitter el presidente del Partido Comunista (PC), diputado Guillermo Teillier,

El timonel de la colectividad de la hoz y el martillo, en la cual militó Ana y sus familiares desparecidos, agregó que “ella ha sido siempre un símbolo de la lucha por los derechos humanos, en contra de la impunidad, por la verdad, por la justicia. Ella recibió un golpe tremendo por la pérdida de su compañero y de sus hijos, todos militantes del Partido Comunista. Pero lo que puedo decir es que tal vez como su partida su figura crezca aún más y su simbolismo sea cada vez más importante. Lo único que podemos decir es que nosotros tenemos el deber de seguir luchando por la vigencia de los derechos humanos, porque se haga justicia y se conozca la verdad, sobre todo de los más de mil detenidos desaparecidos por lo cual tanto luchó la compañera Ana de Recabarren”.

En tanto, la diputada del PC y destacada abogada de derechos humanos, Carmen Hertz, apuntó que “es una profunda tristeza ante una mujer cuya dignidad, coraje y perseverancia en la lucha contra la impunidad ha sido inconmensurable. La señora Anita es una de las personas más dignas que he conocido en mi vida y se fue sin conocer información alguna sobre su marido, sus dos hijos y su nuera embarazada, que fueron secuestrados por la DINA”.

“Hay que recordar que la lucha de Anita junto con las demás dirigentas de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos es lo que pavimentó la posibilidad del retorno a la democracia en el país, sin la lucha de ellas no habría sido posible terminar con la dictadura y ese reconocimiento es obligatorios, es imperativo que la sociedad chilena lo asuma”, añadió la parlamentaria.

La presidenta de la AFDD, Lorena Pizarro, sostuvo que “el primer sentimiento que una tiene es esta conmoción de lo brutal e injusto que es que ni las autoridades que han podido cambiar esto, ni las Fuerzas Armadas amparadas en su pacto de silencio han permitido que Ana González partiera en mayor tranquilidad, es decir, sabiendo qué pasó con sus dos hijos, su marido y su nuera embarazada, desaparecidos en 1976”.

“El mensaje es que esto no puede continuar, no puede seguir con esta deuda brutal que tiene con los familiares de detenidos desaparecidos. No podemos pasar de la conmoción de hoy por la muerte de Ana González, porque han muerto tantas y seguirán muriendo sin verdad ni justicia. Ahora estamos las hijas, y eso es gracias a que mujeres como Ana nos permitieron seguir adelante”, añadió.

Desde Suecia el nieto de Ana, Luis Emilio Recabarren, quien tenía dos años y le decían “puntito” cuando sus padres, tío y abuelo, fueron detenidos, manifestó: “Hasta siempre abuela, te vas a encontrar con mi madre, mi padre, mi tío y mi abuelo. No quiero llorar porque me enseñaste a reír. No quiero llorar porque hemos llorado toda esta vida luchando. Quiero celebrar el ejemplo de mujer que no nos sembraste el odio en nosotros los hijos. Sino que nos enseñaste a luchar y reír y cantar y bailar y soñar en un futuro mejor”.

“Cuando niño no podíamos nombrar en Chile que mis padres eran detenidos desaparecidos. Ahora todo Chile sabe la historia gracias a tu fuerza en conjunto con las compañeras imprescindibles de la Agrupación. Quedamos con un ejemplo de paz y amor y lucha. Yo sé que no estas bailando cueca sola, baila cueca con nuestro abuelo Manuel, cuéntale a mi padre y mi madre que tienen nietos y que algún día estaremos juntos. Hasta siempre abuela”, concluyó.

Incluso, la expresidenta Michelle Bachelet, envió sus condolencias a la familia, en su cuenta de Twitter subió un video donde señaló: “Querida Ana, has partido. Pero seguirás siempre en nuestro corazón y en el de miles de chilenos, por tu abnegada lucha por todos nosotros, por los derechos de todos por la justicia, por tu familia. Te queremos mucho” y agregó “hasta siempre, querida Ana González. Chile te recordará por tu gran valentía y por tu incansable defensa de los Derechos Humanos y justicia. Mis condolencias a su familia y amigos”.

La hija de Ana González, Patricia Recabarren, lamentó que su madre falleciera sin saber dónde están sus seres queridos. Dijo que “ella partió sin haber podido cumplir su tarea, luchó por los Derechos Humanos en Chile y toda Latinoamérica, por los cuales ella y sus compañeras comenzaron gritando al mundo lo que pasaba” y recalcó que “el apoyo a mi madre y a la familia en general ha sido bastante bello. Por favor que la lleven en el corazón y que no la olviden”.

El último adiós

Los restos de Anita fueron velados en su casa en San Joaquín hasta donde llegaron cientos de artistas, vecinos, amigos, dirigentes políticos y sociales, organizaciones de trabajadores, de profesionales, de estudiantes, partidos políticos y agrupaciones de derechos humanos y espacios de memoria. La calle donde Ana vivió toda su vida se cerró y se armó un pequeño escenario donde tocaron distintas figuras como su amigo entrañable Roberto Márquez con Illapu, Sol y Lluvia, Banda Conmoción, Inti Illimani y otras agrupaciones musicales, además, hubo quienes cantaron en otros espacios como el diputado Boris Barrera, quien con su guitarra entonó “Bella Ciao” junto a ataúd de Anita, asimismo, el padre Mariano Puga entonó en la calle con su acordeón “Venceremos” en compañía de los presentes, quienes entre aplausos y lágrimas cantaron con fuerza.

Fueron cientos, también, las distintas organizaciones sociales y políticas que llegaron a despedirla como la Brigada Ramona Parra, el Colegio de Periodistas, las Juventudes Comunistas, la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Villa Grimaldi, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, la Comisión Chilena de Derechos Humanos, el Partido Socialista, entre otras. Mientras sus vecinos pintaron un mural con el rostro de Anita que dice: “Brindo por la vida, por ella me la estoy jugando y por defender la vida busco lo que estoy buscando”, una frase de la activista.

Los estudiantes secundarios de las Juventudes Comunistas, también, le rindieron homenaje a Anita en el gran mural de su rostro que hay entre las calles Catedral y Herrera en la comuna de Santiago.

La abogada y dirigenta democratacristiana, Carmen Frei, llegó al velorio de la dirigenta en la población La Castrina, donde afirmó que “verla siempre tirando para arriba daba fuerzas en momentos malos”. En tanto, el sacerdote Mariano Puga, aseguró que “el grito de la Anita es el grito de mil familiares de los mil detenidos desaparecidos, porque mientras no haya respuesta a eso, no habrá paz”.

Fue una verdadera fiesta popular la que despidió a Anita en su barrio, tal como ella lo quería, con ollas comunes, que prepararon sus familiares, amigos y vecinos, con muchos niños jugando, música sonando, consignas y recuerdos por mil.

Anita González, este domingo, fue sacada entre aplausos de su casa en San Joaquín, cientos de pañuelos y banderas rojas la escoltaron hasta el Cementerio Católico, donde la esperaban otro centenar de personas. Pasó por la pérgola de las flores, donde despiden a los grandes y fue despedida como tal, los pétalos rojos no paraban de caer, seguida por una caravana interminable de vehículos.

“Justicia, verdad, no a la impunidad”, se escuchó mil veces al paso de Anita y más fuerte se escuchó cuando el féretro ingresó al Cementerio con las banderas rojas flameando y los claveles rojos que lanzaban los asistentes caían sobre sus restos.

Fotos: Carlos Contreras