El Monseñor Oscar Arnulfo, quien fuera canonizado por el Papa Francisco ayer, es recordado en América Latina como el hombre que levantó su voz ante los potentados de este mundo.

Granma. 15/10/018. El Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien fuera canonizado por el Papa Francisco ayer, es recordado en América Latina como el hombre que levantó su voz ante los potentados de este mundo, ese que se atrevió a desafiar la injusticia, y esto hizo que se convirtiera en la voz de los sin voz.

Oscar Arnulfo Romero nació en El Salvador el 15 de agosto 1917. Luchó siempre en pro de los derechos humanos de los más pobres. Durante sus homilías, denunciaba los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros y de los sacerdotes.

Monseñor Romero abrió las puertas de la Iglesia a los campesinos desplazados y condenó la represión del Ejército durante la guerra civil salvadoreña (1980-1982). A lo largo de su vida se encargó de denunciar la violencia militar, razón por la que fue asesinado con el objetivo de callar su voz, siempre en pro de esta lucha.

Los primeros conflictos de Romero en América surgieron a raíz de su oposición a los sectores económicos del país, aquellos que junto a la estructura gubernamental salvadoreña alimentaban la escalada de violencia institucional.

A raíz de sus reiteradas denuncias, comenzó a ser objeto de una campaña de descrédito contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma. A través de la prensa escrita era insultado y calumniado.

El domingo 23 de marzo de 1980, Oscar Arnulfo Romero pronunció su última homilía, la que fue considerada como una sentencia de muerte, debido a la fuerte denuncia que realizó: «En nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, cese la represión», pidió.

Un día después, el 24 de marzo, fue asesinado con un disparo en la cabeza, mientras oficiaba la Eucaristía en la capilla del hospital La Divina Providencia.

Murió a manos de un francotirador que formaba parte de los escuadrones de la muerte de ultraderecha, financiados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

«¿Qué era Romero para Estados Unidos? ¡Era un peligro muy grande!, porque era la voz de los que no tienen voz, pero sin tener un pasado que le pudieran enrostrar».  Así lo recuerda, en entrevista para Telesur, el periodista y escritor uruguayo Juan Raúl Ferreira, quien fue gran amigo de Monseñor Romero.

El presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, a propósito de la fecha, hizo un llamado al pueblo salvadoreño a encontrar en el pensamiento y legado de Oscar Arnulfo Romero, un camino para la paz social en la nación centroamericana.

Sánchez Cerén afirmó que Monseñor Romero, desde su legado histórico, llama al país «a un cambio de conducta, a sumar esfuerzos para que nuestras comunidades avancen en convivencia y con tolerancia, poniendo en práctica una nueva cultura de paz basada en el respeto a la vida, a las diferencias y los derechos humanos».