Pasados 30 años, el Papa ha declarado Santo a Oscar Arnulfo Romero por su obra, su ejemplo, su manera de cumplir el sacerdocio.

Hugo Guzmán
Periodista

15/10/018. 1.- Los periodistas que cubrieron de manera directa o cercana el conflicto armado en El Salvador, recuerdan la figura y la voz de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, desplegándose por parroquias, barrios y calles protegiendo a los jóvenes, defendiendo a trabajadores, apoyando a las mujeres, oponiéndose a las fechorías y crímenes de la tiranía salvadoreña respaldada por la DC de ese país y la organización ultraderechista ARENA. Una tarea esencial de ese sacerdote era la defensa de los derechos humanos y de los pobres.

2.- Los periodistas salvadoreños y extranjeros lo vieron muchas veces arriesgando su vida en calles y barrios, impidiendo la represión y buscando el pan para hogares pobres. Sabía de los extendidos crimines de la policía y los militares y los denunciaba, hasta que en una misa, ante sus fieles y numerosos periodistas llamó y ordenó, en nombre de Dios, al régimen tiránico a cesar la represión. Días después, sicarios de ARENA y agentes de la CIA organizaron y realizaron su asesinato dentro de una iglesia ante la mirada horrorizada de la gente.

3.- Pasados 30 años, el Papa ha declarado Santo a Oscar Arnulfo Romero por su obra, su ejemplo, su manera de cumplir el sacerdocio. Es un reconocimiento a él y a lo que debe ser la misión de un sacerdote. Y muchos recuerdan a otros religiosos salvadoreños y extranjeros asesinados por la dictadura en El Salvador, como aquel grupo de jesuitas ultimados en una Universidad.

4.- Desde esos tiempos a la fecha, los chilenos poco saben de Monseñor Romero, salvo que ahora algo se dijo de él por convertirse en Santo. Aquí la opinión pública sabe más de varias decenas de sacerdotes chilenos acusados de pedofilia y abusos sexuales contra niños y adolescentes. Muchos de ellos respaldaron a la dictadura que se impuso en Chile y dentro de la Iglesia combatieron a sacerdotes como Oscar Arnulfo Romero.

5.- Se habla de “crisis de la Iglesia”, de desconfianza y falta de credibilidad. Detrás de eso están los sucesos de pedofilia, violaciones, abusos, encubrimientos que fueron cometidos por curas y jerarcas de la Iglesia, la mayoría de ellos alejados de la Iglesia de los pobres y la real defensa de derechos humanos. Pero acciones, comportamientos y compromisos como los de Oscar Arnulfo Romero hablan de una Iglesia en la que se puede creer, confiar y seguir. Quizá sea impronta sea la rescatable en estos días, cuando un cura que enfrentó a una tiranía es declarado Santo y otros que abusaron de menores son expulsados de la institución y arriesgan cárcel.